lunes, 30 de mayo de 2011

¿Y ahora qué...?


Los últimos acontecimientos de la vida política y social dan para meditar y mucho. Sigo creyendo que no se nos enseñó a pensar con precisión y metodología, dejándonos llevar más por las emociones que por las razones. No obstante, en estos momentos, es imprescindible la reflexión sosegada y aséptica para poder comprender a la gente, sus actitudes, conductas y las posibles razones que le puedan mover. Existe un contraste impresionante como base para esa reflexión. Por un lado está el triunfo sin paliativos del PP en las municipales y por otro el movimiento sosegado, pacífico, crítico y cívico del 15-M.

A mí se me escapa la comprensión del resultado electoral, o al menos, se me hace complicado entenderlo desde un razonamiento lógico. Nos quejamos de un gobierno que ha hecho política de derechas, es decir que ha intentado salir de la crisis por la derecha en contra de los intereses del colectivo social y votamos a un partido aún más a la derecha. O lo que es lo mismo, castigamos a un partido por su política dura votando a otro que nos lleve a una política más dura. ¿Será masoquismo social? Creo sinceramente que es producto de la influencia de la opinión mediática, del sunami mediático que arrastra a quien no creó, o se dotó, de lo recursos mentales adecuados para no ser arrastrado desde la emoción y la agitación difamante. Los escándalos al PSOE le salieron caros, mientras que los del PP le valieron más apoyos. ¿Esto cómo se entiende? ¿Es, por tanto, el votante del PP más tolerante y connivente con la corrupción propia que los del PSOE? ¿La derecha, a la que se le llena la boca de patria, si siente dueña de ella para hacer lo que le venga en gana, mientras que las acciones de la izquierda son tenidas como amenazas a la propia esencia de la patria? ¿Es la derecha corrupta por definición de intereses?

No sé, sigo pensando que en un país, donde triunfó el fascismo y gobernó durante años, no es concebible que no exista un partido de esa índole, salvo que esté solapado en otro que lo proteja. Lo que les llevaría a decir que España es suya y el que quiera romperla que se vaya fuera. Por poner un ejemplo: Si un catalán o un vasco, quiere la secesión, que se marche fuera de España, porque España no es de ellos y ese territorio es España.

En este sentido, para mí, existen dos elementos claves en la determinación de la idea de Estado, de Nación, de Patria o como quieran llamarle. Todo cambia si se sustenta en los territorios o, por el contrario, se centra en las personas. ¿España, irremisiblemente, es el conjunto de sus territorios y quien no defienda esta idea es un traidor y no merece ser llamado español? ¿O, por el contrario, es el conjunto de los ciudadanos soberanos que deciden convivir en armonía bajo unas mismas leyes en un espacio territorial común?

Si consideramos que los estados y reinos se fraguaron en la historia de la mano de la conquista y el sometimiento a un rey, se desprende que la idea se ajuste más a los territorios propiedad soberana del soberano, habitada por los siervos y leales súbditos de su majestad. Pero si defendemos la idea de la soberanía popular, estamos centrando la razón y la argamasa de la cohesión del grupo en la propia voluntad de las partes, de los ciudadanos soberanos que la integran. Dos formas muy distintas, pues, de ver el concepto de estado: Son las tierras, o son las gentes. Alguien podrá decir, y yo lo entendería, que lo importante es conjugar ambas cuestiones, pero, para mí, debe tener más peso específico la voluntad de la gente. Pero como, bajo mi opinión, el poder está en la propia inteligencia, una sociedad poco inteligente se somete al más inteligente (clasismo), mientras que otra inteligente reclama para sí las decisiones por entender que está capacitada para resolver sus propios problemas y decidir su futuro.

El tránsito de súbdito sumiso a ciudadano soberano se inició con la llamada edad contemporánea, con la revolución francesa y las consiguientes democracias… un hombre un voto. No obstante el proceso evolutivo de estas ha sido criticable, pues se han tenido que ir ganando derechos con el tiempo y la lucha, sobre todo por parte de las mujeres, que no votaban en un principio, que luego reclamaron la igualdad y se está en ese proceso inconcluso. Otro factor a considerar es que las constituciones se hicieron desde la burguesía, desde los comerciantes y profesionales asociados que buscaron conjugar sus intereses, no tanto desde la inculta y marginal clase trabajadora, que tuvo que realizar su otra lucha para hacerse notar y reivindicar el protagonismo que se merecía, al amparo del marxismo.

Pero el hecho es que ahora, cuando las conciencias empiezan a despertar de nuevo, hay un pueblo, o la semilla de un pueblo si se quiere diferenciar, que pretende, y busca, una nueva forma de entender la vida y la relación, de gestionar la interdependencia, no solo entre los seres humanos, sino entre todas las especies de la tierra. Es absurdo pensar en independencias cuando estamos globalizándonos, cuando los actos de unos inciden sobre los otros sin límites ni fronteras, cuando se gesta la debacle para todos. Creo que el esfuerzo de todos se ha de orientar en una solución global. No es bueno distraer fuerzas y crear conflicto disociativos que sustente el sistema injustamente creado, desde esas confrontaciones, como medio de desarrollo de grupos puntuales.

La independencia no es, ni debe ser, posible en un sistema abierto de carácter holístico, como es la propia vida en su esencia. Lo importante es cómo gestionar la INTERDEPENDENCIA, porque, queramos o no queramos, somos seres interdependientes en un ecosistema. En este sentido las fronteras, a medio y largo plazo, se deben ir a la mierda. El nuevo sistema ha de generar mecanismos de gestión que le acerquen a las bases, al pueblo y la ciudadanía en general, para que cada cual pueda incidir más claramente en los designios inmediatos, en los asuntos más próximos a su grupo social, a sus conciudadanos y vecinos, sin dejar de mirar al colectivo desde una perspectiva humanista de contenido global con responsabilidad solidaria. Por tanto, son necesarios nuevos políticos y gestores de esa soberanía desde una democracia real con un nuevo enfoque cultural.

Estamos en transición, como siempre lo está, o debe estar, el ser humano, salvo que se le amordace desde el poder que creó las fronteras y fraguó las culturas codiciosas, clasistas y encorsetadotas que nos atenazan. Es hora de reflexión sosegada, de paciencia e ideas claras para que no nos confundan de nuevo los tontulianos de la tele, los medios interesados, los canalizadores de emociones futboleras como salida a nuestras propias frustraciones, pero, sobre todo, los políticos y sus poderosos partidos obsoletos, que acaban por autoservirse, retroalimentarse y perpetuarse en el poder practicando el nepotismo.

Este cambio será positivo y sólidamente viable, si se centra en la interioridad de la gente, en la convicción persistente de su necesidad y en la reflexión individual y colectiva para que haya confluencia, a medio y largo plazo, hacia un nuevo mundo, una nueva era, a la que algunos llaman acuario, pero que está reclamando una lógica, también nueva, de relación integral en el planeta, incluyendo todas las especies, las energías y el llamado crecimiento sostenible y no suicida, en el que estamos metidos.

Podría parecer, esta entrada, algo disgregada, pero su línea argumental se centra en cambiar la idea súbdito sumiso por ciudadano soberano, por adquirir otra idea de convivencia sin fronteras, erradicando la miopía de las independencias y constatando las interdependencias y su gestión ideal, hasta llegar a una nueva cultura organizacional que rompa con las ideas del pasado que soportaron y estructuraron la injusticia y la desigualdad que reina en el presente, una visión del ser humano sin parcelas de poder, que generan la codicia y la exploración del hombre y los recursos naturales por el otro hombre, el poderoso.

Corren tiempos de reflexión y todos estamos llamados a participar. Tenemos nuestros blog, de momento, como herramienta de comunicación, pero sobre todo, el ejercitar el librepensamiento con crítica sosegada carente de visceralidad y apoyada en la razón constructiva. Estamos en ello…

sábado, 28 de mayo de 2011

La plaza de Cataluña se viste de grises.


Hoy, ante la televisión, me he sentido transportado a los años 60 y 70 del pasado siglo. Eran tiempos de represión y de sometimiento al régimen, de imposición violenta de ideas y principios patrios, de demonización de otras ideas que no fueran las imperantes en el régimen. Recuerdo el miedo que generaban los caballos, los camiones con mangueras de agua a presión, las porras contundentes, los uniformes grises de aquellos energúmenos que acometían, como perros salvajes, a ciudadanos que solicitaban libertad, que reivindicaban su derecho a ser respetados, a emitir su opinión y ser dueños de su futuro y sus decisiones, a quines luchaban porque hubiera lo que hay hoy, pero de verdad, mejor, más real democracia, una sociedad madura. Yo, que era miedoso, por no decir cobarde, para enfrentarme a semejante ataque, buscaba la boca del metro para desaparecer de escena ante el ataque de aquellos desalmados pero bien armados.

Fue una ilusión que cuajó en un proyecto social de convivencia democrática. Lástima que no se haya profundizado, que no se haya nutrido y enriquecido con una mayor y mejor participación de la ciudadanía, que se haya sometido, al final, a los designios de los poderes ocultos que manipulan la economía y dominan los medios para conformar (dar forma) a las generaciones sumisas que pretenden, para dominar al político de turno y comprarlo; si está con ellos gana, si está en contra muere políticamente. El arma son los medios de comunicación, la prensa afín, las televisiones Berlusconianas que nos berlusconizan a la italiana, hasta alienarnos con lo estúpido y alejarnos de lo profundo y real, de los intereses del pueblo y la ciudadanía. Nos han sumido en un sistema de debate grosero donde todo vale, donde las belenes, matamoros y jorges javieres han creado escuela; una escuela carente de escrúpulos argumentales, de insidiosa irrupción en la vida de la gente y de escándalos de personajes de tres al cuarto, dejando a un lado, o consumiendo, el tiempo y la energía para afrontar otros problemas de mayor calado.

De ahí se entienden las argumentaciones descalificadoras sobre el colectivo 15-M, al que tachan de cuatro gatos, de sucios, manipulados y algareros, amén de otras cosas salidas de las lúcidas mentes del sistema para neutralizarlos. No usan argumentos racionales y razonados para debatir y contrarrestar sus ideas, sino que vuelven a la eterna cantinela, tan acorde con las estrategias aznarianas, del márchese Sr. González, y la denostación y demonización del contrincante. Pero, en fin, qué va a decir un sujeto que vive de puta madre con su trabajo en un medio de comunicación adepto y defensor del sistema. Es obvio que no quiera ser cuestionado y tienda a descalificar a quien lo haga, pues fue enseñado en la práctica de combatir al oponente, sin entender que la clave está en comprender al oponente y sumar opiniones e ideas para sacar una conclusión más clara y precisa. La realidad es que no se siente identificado con el ciudadano, sino con los intereses del poder que lo sustenta. No es lo mismo ser librepensador que mercenario a sueldo y, hoy bajo mi opinión, nuestros medios de comunicación están cargados de mercenarios a sueldo, para eso paga el amo.

Dicho esto, y mucho más que podría decirse al respecto, se ve clara la movida. La tolerancia democrática es limitada, hay que eliminar a los movimientos peligrosos antes de que tomen cuerpo y fragüen una estructura oponente que ponga en riesgo la esencia del domino existente. Por tanto, medios de comunicación afines, policía al servicio del sistema, gestores de la opinión pública, etc… unidos para acabar con esta movida que puede convertirse en pesadilla para ellos. Desalojo de la plaza de Cataluña, a la vieja usanza, para que todo vuelva a ser normal, para que los aficionados del Barça festejen su victoria anunciada, para que, una vez más, veamos la barbarie del pueblo enarbolando banderas deportivas, cargados de proyecciones de sentimientos frustrados para satisfacer su ego alienado… ¡Qué grande es el Barça, qué grande es Cataluña! En el caso de Madrid, hasta protegen la Cibeles, para que no la destrocen, sabiendo ya que son gamberradas o chiquilladas de gente alegre por haber ganado su equipo. Por tanto, esos que queman contenedores, que destrozan el mobiliario urbano, que agreden a la policía, que manejan altas dosis de violencia… no son peligrosos, pues una vez que han dado rienda suelta a esa violencia, y han conseguido calmar y controlar sus impulsos, marcharán a su casa y seguirán siendo tan borregos como siempre.

No, no son peligrosos. Los peligrosos son esos que andan pensando, reflexionando y reivindicando cambios que lleven a la justicia distributiva, a la democracia real, al control de la actividad de grupos de intereses para converger en los intereses generales de la sociedad. Aquellos que cuestionan y rechazan las válvulas de escape que otorga el sistema para mostrar y gestionar las propias frustraciones. Los peligrosos son quienes denuncian la corrupción, quienes ponen en evidencias la manipulación mediática, quienes muestran las inmorales acciones de la banca, los políticos, los gobiernos, la justicia, etc... quienes denuncian la especulación de la ingeniería financiera y el control de los mercados, quines ponen contra las cuerdas al sistema, tan provechoso para el grupo de elegidos y sus leales gestores.

La ideología ha muerto, viva la especulación egoísta y materialista. Si ese grupo del 15-M, o como quieran llamarse, si ese grupo, insisto, de pensadores reivindicativos con ideas peregrinas que pueden acabar cuestionando el sistema, sigue concentrado y trabajando la reflexión y argumentación como forma de establecer ideas y proyectos sociales, habrá que desalojarlos y neutralizarlos hasta hacerle volver a la masa, a su lugar, que es la obediencia y el orden, la alienación y la delegación de sus intereses en los líderes políticos establecidos. Aunque para ello haya que vestir de gris a los mossos d’escuadra y a la propia plaza de Cataluña.

Pero, cuidado, las ideas, cuando se intentan diluir, contaminan al entorno diluyente. Este grupo ya no entiende de fronteras, porque el ser humano, en su esencia, no tiene fronteras… Ya no se da solo en las ciudades españolas, sino que se apoya el movimiento desde Berlín, Praga, París, Budapest, Atenas, Lisboa y un importante y nutrido grupo de ciudades europeas. El sunami se ha iniciado…

domingo, 22 de mayo de 2011

Atentado a la inteligencia humana… Indignaos!!!

La palabra indignación está a la orden del día. No porque la usara Hessel, sino porque se ha generalizado y provocado indignados en diferentes frentes. Por ejemplo, hoy me ha llegado un correo de una conocida virtual, que no en persona, que me manda un escrito del irracional, al menos para mí y en este caso, Antonio Burgos, donde se proclama indignado por la indignación que muestran los indignados del 15M, lo que acaba indignándome a mí mismo. Entiéndase este galimatías de tanta indignación, al que reviste de no se cuantas connotaciones para presentarlo como le interesa a la derecha.

La simpleza de su análisis me parece de parvulario. Cuando la gente está protestando y muestra su indignación con el sistema, él entiende que hay que mostrarla contra ZP, como si ZP fuera el dios todo poderoso que ha causado la catástrofe por nuestros propios pecados al votarlo. Parece mentira que un señor que aparenta identificarse como intelectual, no sea capaz de llegar un poco más allá en su análisis y acabe atrapado en las consignas denigratorias del propio PP y la derecha que lo cubre. Sorprende esa no tan sutil sospecha que muestra, de que detrás de todo está el PSOE para no peder las elecciones, como si ahora se juzgara a Zapatero. Es la técnica de la conjura judeo-masónica exhibida por el viejo régimen. Me trae a la memoria la conjura de los necios: Es una necedad crear conjura donde solo hay una reacción importante. Sostiene la tesis del presidente de Egipto, el de Siria y todos los afectados por los movimientos populares en los países árabes; salvando las diferencias en los niveles de democracia real, aquí poco real y allí casi nada real.

La crisis, para que me comprenda el Sr. Burgos y quien me lea, la entiendo proveniente de un sistema perverso de relación de poder, donde el mundo financiero, a través de leyes constitucionales, que lo amparan en una sociedad de mercado libre, acaba dominando las esferas de ese poder que, en teoría, emana del voto del pueblo, y lo somete a sus exigencias, atrapando a los gobiernos en un pérfido juego de deudas, premios y castigos; lo que se hace más evidente cuando sus medios de comunicación y sus modernos e intelectuales siervos, como el referido y quienes se asoman por determinadas cadenas insultantes y demagógicas, usan esos medios para confundir al pueblo en su justo análisis de la realidad, llevándole a la simpleza de la unicausalidad Zapatero-desastre. Como si el mundo, de por sí, no fuera lo suficientemente complejo en su pluricausalidad. Es de una estupidez supina el centrar todas las culpas en un solo elemento sin analizar e identificar los otros factores que la determinan. Ello solo se entiende desde el intento de buscar un chivo expiatorio que se cargue el marrón, mientras los demás salimos ilesos y, encima, quedamos como dios, listo, astutos y satisfechos, encubriendo nuestra propia cobardía y huyendo de la realidad. Eso sí, el grado de histrionismo que se maneja hace que, en ese propósito, se arrastre a otra mucha gente que comulga con la simpleza analítica que lleva a la aludida estupidez.

Tal vez habría que recordar, a estos analistas, que la crisis se fragua por la especulación, sobre todo en el ladrillo, no solo aquí, sino en los propios EE. UU., con las famosas hipotecas subprime. Es, pues, la construcción la primara afectada, y las economías que más se fundamentan en esta actividad las más perjudicadas, como es nuestro caso. El 70% del paro en España está causado por la crisis en la actividad de la construcción. Alguien, sin pensar demasiado, se lanzó a promover esa edificación y el consiguiente manejo de la especulación del suelo, de los precios y de la demanda de viviendas, llevando a refugiarse en el ladrillo a muchas economías familiares. Mientras tanto, las corrupciones entre políticos y amiguetes fueron cuajando hasta convertirse en práctica usual (Caso flagrante del famoso Gürtel). Fluía el río de los dineros de forma desorbitada y los pescadores andaban a la pesca en la orilla, sin mojarse. Allí estaban algunos políticos y el facineroso especulador, el uno guardándole la espalda mientras el otro pescaba, para repartir el botín. Quien se mojaba era quien firmaba el contrato de la hipoteca y se comprometía de por vida a pagar, mientras los prestamistas tenían asegurado el capital, bien por la expropiación de la vivienda, bien por el compromiso legal de su pago hasta el último céntimo… y si no, a la cárcel…

Con esto no quiero centrar la culpabilidad en los políticos de la etapa expansiva (PP e inicio del PSOE) que tanto facilitaron esta actividad, ya que el pueblo español no se ha caracterizado por ser, en su conjunto, una sociedad planificadora, pertinaz y creadora de estructuras productivas sólidas, sino del oportunismo picaresco que nos caracteriza en nuestra conducta cotidiana, propia de una sociedad que se fraguó a lo largo de los siglos del imperio, en la comodidad del oro que se trae y se entrega para que los demás países trabajen. Que inventen ellos… Flaco favor nos hizo el expolio irracional de las Américas. Nos ha quedado un estigma que siempre ubica la calidad fuera de casa. Somos excesivamente reacios a reconocer, comprar y usar nuestros propios productos y acabamos ayudando a levantar la economía alemana, francesa y ahora china, mientras dejamos caer la nuestra. Pero lo que está meridianamente claro, al menso para mí, es que, en el sistema, se primó la codicia, como instrumento o motor del progreso mal entendido, y se dio la espalda a la justicia y la solidaridad social, que justifica todo estado que se precie, en una estructura de democrático real.

Pero, volviendo al tema, lo curioso es que los pescadores de la orilla, cuando se vieron en dificultad, fueron arrastrados por la corriente y clamaron a los gobiernos, a los políticos que estaban con ellos en la orilla mientras pescaban, pues si ellos se ahogaban se acababa el sistema, todo se iba a la mierda (con perdón) y la organización se hundía. Los gobiernos, acojonados por la inmediatez de la catástrofe, ya que siempre anda cortos de miras por aquello de que el voto se da ante esa inmediatez de resultados y no a largo plazo, les lanzaron cantidades ingentes de dinero en barcas salvavidas que les permitió el reflote, mientras la masa realmente comprometida se ahogaba hundiéndose en la deuda y la desesperación. Curiosamente, cuando el pequeño y mediano empresario, los trabajadores endeudas e hipotecados, les pidieron ayuda para salvarse también, rogándoles algo de los fondos que les entregaron los gobiernos, ellos se pusieron fuertes y se negaron en redondo, aduciendo que el solicitante era insolvente; qué casualidad, el primer insolvente se convierte en solvente y deja en la insolvencia a quien lo hizo solvente a través de su gobierno.

Qué cinismo!!! Eso sin contar con la terrible trampa a que someten a los gobiernos que fueron sus salvadores. Cuando las cosas fueron mal para los estados, porque ya les habían salvado a ellos y se ahogaban sus maltrechas economías por haberles prestado ese apoyo, los analizan y determinan importantes riesgos mediante sus agencia evaluadoras, sospechosas de parcialidad (algunas entidades eran calificadas con la máxima puntuación de solvencia tres meses antes de su derrumbe), tal como refiere Juan Hernández, del Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional, cuando comenta que el poder de las agencias tiene mucho que ver “con la complicidad de los Gobiernos que aceptan su autoridad y de la clase política por las deudas de los partidos a los bancos y también por el permanente trasvase de políticos del sector público al privado”. Son estas las que declaran los riesgos de insolvencia de los estados y les obligan a vender parte de su casa (léase servicios públicos) para engordar el patrimonio empresarial en detrimento del social o estatal. Eso sí, si de camino el amiguete de turno es nombrado gerente de la nueva empresa privada, ya tenemos el eslabón de la influencia establecido; ahora medrarán ellos y sus adláteres, véase las distintas empresas públicas que se fueron privatizando y quienes quedaron a su cargo.

Ese es su plan, desmontar el estado para adueñarse de los bienes comunes, de lo que es propiedad de un pueblo en su conjunto. No olvidemos que el estado somos todos y que, mientras que tengamos opción al voto, tendremos capacidad para incidir en las decisiones que se tomen y en su gobierno. Las decisiones que se toman en los despachos de las multinacionales y grandes empresas solo pueden ser reguladas por leyes, pero no por nuestro voto directo. Por tanto, podríamos deducir que nos están saqueando con nuestro propio consentimiento y a través de la instrumentalización de nuestros políticos. Su ideal sería que el Estado asumiera el gasto, que ellos dieran el servicio y que, ante una crisis, el propio Estado socializara las pérdidas, mientras que, en la bonanza, quedan privatizados los beneficios, como ya se ha visto.

Cuando me he referido al consentimiento, hago alusión a nuestra pasividad y sumisión argumental a los pensadores y manipuladores que colocan en sus propios medios de comunicación. Nos falta criterio, pues para tener criterio hay que pensar, y pensar es un ejercicio complicado para el que no hemos sido preparados. Pensar, en este caso, implica conocer elementos de incidencia, establecer un proceso cognitivo de análisis del mismo y concluir unos resultados con mayor o menor acierto, por lo que nunca llegaremos a una verdad absoluta. Por tanto es más fácil delegar el pensamiento en quien nos parece más acertado o convincente, con lo que caemos en su trampa felona y nos dejamos llevar por lo emocional en lugar de lo racional. Pero como el hombre, por propia definición de racionalidad, tiene que pensar para sentirse persona, acabará dilucidando y estableciendo criterios sobre otras materias a las que nos desvían, léase futbol, crítica rosa, o cuestiones de otros conflictos de interés extraño… ¡Qué listos son!

Concluyo, pues ya hace dos horas que empecé a escribir y, aunque quede mucha tela que cortar, el tiempo y le espacio son limitados. Por tanto, quiero decirle a este señor y a todos esos otros de análisis simplista de la situación, que, bajo mi punto de vista, el movimiento 15M es un movimiento reactivo a un proceso histórico de injusticia; que se ha percibido cuando el nivel y el conocimiento de un importante colectivo social ha madurado hasta poder pensar por sí mismos; cuando el ciberespacio ha dado la oportunidad de poner en conjunción múltiples ideas e inquietudes afines; cuando nos estamos percatando de la engañifa que el propio sistema ha establecido para su sostenimiento desde la asimetría social; cuando vemos las orejas al lobo y empezamos a comprender la dinámica perversa que se sigue para sostener un sistema de intereses de grupo, marginando y empobreciendo a la mayoría, para tener un mejor campo de cultivo y enriquecer el rico adueñándose de los recursos… Pero, sobre todo, cuando vemos que los políticos que hay en el poder real y potencialmente, son afines o esclavos de las políticas beneficiosas para el neoliberalismo montaraz que sustenta el poder del mercado, del dinero, de la codicia, a la par que destruyen los principios elementales de convivencia universal del ser humano.

Ahora solo queda ver cómo este movimiento es capaz de sobrevivir a los ataques sin romperse y conducirse hacia un modelo alternativo que existe y es viable. Empecemos pues a definirlo, a presentarlo y razonarlo desde la sinergia y no desde la discordancia. De momento tenemos el derecho al voto y el voto decide quien gobierna. No lo perdamos descalificando la política, sino que busquemos dignificarla con un rearme ético e ideológico, que elimine a quienes nos traicionan y coloque a quienes nos represente de verdad. Eso sí, si delegamos el voto, habrá que exigir que cumplan… Bueno, con todos los respetos a cualquier otro planteamiento bien argumentado, esta es mi opinión y mi análisis personal, aunque sometido a la compresión que requiere esta presentación en blog.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Yo voy a hacer mi campaña.

Cuando digo que voy a hacer mi campaña, espero que no se piensen que me voy a presentar a ningunas elecciones, aunque eso es un acto de valentía en muchos casos. Pues al político, si es bueno, se lo quieren cepillar los que procuran que trabaje para ellos, ya que los habría de dejar con dos palmos de narices y salir en defensa del colectivo y en contra de los intereses de las minorías dominantes.

Lo digo porque, no hay por dónde coger los discursos que nos presentan nuestros políticos, por lo general. Ya no hablo de las entrevistas “ad hoc” que le hacen los medio afines, de la propaganda ostentosa que presentan, de los mensajes falaces y de poca consistencia que nos lanzan, sino del descaro y le cinismo de hablar de los demás sin hablar de ellos mismos, de su incapacidad de poner claramente sobre el tapete la realidad de la situación y hablarnos como a adultos, a persona mayores, que seguro entenderemos de que va el asunto.

Siguen creando sectarismo, despertando lo emocional, lo visceral, del sujeto mediante lemas que hagan funcionar al corazón herido y aparcar la mente resoluta. Nos siguen aborregando para hacernos gregarios suyos, para seguirlos y sacrificarnos por ese sentido de pertenencia al grupo político en cuestión y nos convencen para ir en contra del otro antes que ir a favor del uno, pues ese uno no tiene programa ni mensaje claro para resolver los problemas.

Este hastío en el que se está convirtiendo la política, empujado por la incompetencia de los propios políticos que se enzarzan en discusiones de “y tú más”, solo nos lleva al desaliento, la desconfianza y la agonía de un sistema de representación que se vende al final al mejor postor, que resulta ser el capital y las finanzas. Los tienen cogidos por los cataplines y si no, les echan encima una agencia calificadora y les hunden la economía. Ellos que, posiblemente, tengas unas impresionantes deudas con la banca, al final, solo les queda por decir “sí mi amo”… y donde dije digo, digo diego…

Tengo que decir que yo creo en la política, pero en la POLÍTICA con mayúsculas, no en esa pseudopolítica de intereses y engañifa en que se ha convertido el sistema, donde manda quien mando y quieren hacernos creer que mandamos nosotros. En esa política que entiende los bienes comunes y que busca un justo reparto en la creación de riqueza, al igual que los gastos. No soporto al cínico peinado a lo pretérito con cara de niño bien y verbo repulsivo, al narigudo que suelta sus ocurrencias y “el tú más”, a la muñeca chillona que tergiversa las cosas, a los pluriempleados/as con dos y tres sueldos hablando del paro y su solución, a los corruptos que se hacen de víctimas y, agredidos, arrastrando a los demás a defenderles de la ofensa, como si ellos fueran los ofendidos. No, esos políticos de tres al cuarto, que no saben de política, o la entiende desde la especulación, la manipulación, el nepotismo y la conveniencia, que van imponiendo ideas sin dar cuartel a los otros, no son de mi clase, de mi gente.

Yo quiero políticos que hablen claro, que me digan cuando hay un problema, su diagnóstico, los riesgos y soluciones. Que si yo les di mi voto, mi parte de soberanía popular para que la administraran, se consideren mis delegados y gestores en la parte que me corresponde y me informan correctamente. No quiero al que me venga a pedir mi voto con buenas palabras, con promesas difícilmente cumplibles, cuando no tramposas, para que le entregue ese poder que tengo y lo use, a su libre albedrío, saltándose el compromiso que contrajo conmigo cuando se lo dí.

En estas elecciones no voy a mirar lo que me dicen que van a hacer, las promesas de sus cuestionables programas, sino lo que han hecho anteriormente. Esta será mi campaña, identificar lo bueno y malo que han hecho y valorar si merece ese sujeto que le de mi confianza. Eso sí, que no cuente con mi voto aquel que ya me engañó, que hizo lo que le dio la gana en mi calle y en mi ciudad, si pensar en lo que le convenía al ciudadano, sin ni siquiera atender nuestros requerimientos básicos para realizar las inversiones en mejoras adecuadas para la ciudadanía, sino para las empresas que ellos mismos fueron entramando. Al final, me dejan una deuda pública impagable, sujeta al chantaje del cuerpo financiero y presos del débito de por vida.

Eso sí, han practicado el deporte nacional, que es el nepotismo. Han colocado a los suyos con contratos suculentos y blindados, en mayor o menor medida y, si gana el adversario, se encontrará que tiene que gestionar el ayuntamiento con los empleados políticos que les deja el antecesor (caballo de Troya, pues; quintacolumnistas que les facilitarán el retorno). El asunto está en que en tiempos de bonanza, con un alto grado de miopía o mala fe, aplicaron ese nepotismo que ahora nos encadena la economía del municipio. Crearon gastos fijos, colocando a sus amigos, que se deberán detraer de las inversiones en mejoras, al tener que reducir los presupuestos, y acabaremos pagando grandes y desproporcionados sueldos de sujetos, que colocó allí su partido, mientras nuestras calles y conciudadanos andan en serias dificultades para sostenerse.

Lo que pasa al final, amigo lector, es que el fallo está en el sistema, en la cultura organizacional que nos hemos regalado desde tiempo inmemorial y en nuestra forma de actuar ante la política y los políticos. Ahí están los Santiagos Matamoros y Belenes que nos enseñan a debatir “sanamente”, desde el Matamoros de la batalla de Clavijo a los Belenes Esteban con nos montan en TV. Pan (aunque cada vez menos) y circo y escuela de debate nacional. Le damos más importancia a una felación en un despacho oval, que a una guerra con miles de muertos, o a unos derechos humanos pisoteados. Eso demuestra lo que influyen los medios y sus mensajes en nuestra mente, a la par que nuestra fragilidad mental. Ellos dicen lo que nos debe interesar y nosotros nos lo tragamos con tanta tele y medios a su alcance. Lo importante, para mí, es saber que hay detrás de todo y quienes son los beneficiados, ya que nosotros, la mayoría, somos los perjudicados. Pero, sobre todo, saber como revertir todo esto a una forma socialmente más justa. Mientras tanto nos siguen sometiendo al dilema de votar al menos malo, en lugar de al más bueno.

viernes, 6 de mayo de 2011

Reconfortante soledad

( En el patio de mi casa se escucha la música de la lluvia, como en los demás...)


Suena mal la palabra soledad. Es susceptible de marginalidad, de abandono, de rechazo… No obstante no es lo mismo la soledad impuesta que la soledad buscada, incluso, que la encontrada. A veces esa soledad es el camino para descubrir otra compañía inimaginable. Yo, que no me considero un sujeto marginal, aunque sí poco gregario, a veces la busco. Permite pensar, digerir y asimilar experiencias de la vida, racionalizar vivencias y ayuda a crecer.

Decía Tierno Galván, según me comentó un amigo mío alumno de él, que hay que leer como beben las gallinas. La gente de ciudad puede que no haya visto nunca beber a una gallina, pero los que tenemos la suerte de ser de un pueblo lo hemos conocido. La gallina toma el buche de agua y levanta la cabeza, como mirando al cielo, para deglutir el líquido. Perece como si meditara pensativa… Nosotros, que deberíamos hacer lo mismo, hemos perdido esa sana costumbre y, sin digerir la información anterior, ya estamos introduciendo otra hasta intoxicarnos. Por eso es conveniente, de cuando en cuando, desligarse del entorno, de los ruidos que nos despintan de las cosas importantes, y atorgarnos un tiempo para meditar, para permitir que esa soledad nos abra el camino de nuestro interior en la relación con otras cosas de la vida.

Este fin de semana, tras la conferencia que realicé en la biblioteca municipal de mi pueblo, de la que me sentí muy satisfecho por la excelente acogida que tuvo entre los asistentes, a quienes quiero agradecer su presencia y amabilidad, también disfruté de un evento singular, que se hace cada año por el colectivo de la peña flamenca. El llamado “salmorejo flamenco”. En mi pueblo el salmorejo cordobés se llama porra, dejando ese otro nombre para un picadillo de productos de la huerta, a base de pipas de habas tiernas, tomate, cebolla, patata y huevo cocidos, etc. aderezado con aceite de oliva del lugar, sal y vinagre, sazonándolo a gusto. Este año, a la par de catar ese yantar y otras viandas, acompañado de un buen vino, nos deleitamos con el cante de El Sabas y de El Califa, dos excelentes cantaores, que fueron acompañados por la no menos preciada guitarra de Miguelez.

Fin de semana de lluvia, aso sí, con otro encuentro especial para el lunes. El lunes compartimos comida. Cada año se reúne la familia Cabrera (inicialmente los descendientes de mi bisabuelo por la rama de su hijo Francisco), con objeto de atar lazos de sangre y encontrarse para compartir charla y viandas. Cada cual lleva lo que le apetezca aportar y todos disfrutamos de todo… bonito gesto que une a este amplio linaje. Es la primera vez que acudo a este evento, pero fue un verdadero placer poder disfrutar con la parentela un momento de asueto y familiaridad. Doy las gracias a mi prima Loli que insistió en que acudiera. Me encontré con primos y primas segundos/as, sus consortes e hijos, que, en algún caso, apenas conocía y he de decir que es un acto que consigue llegar al corazón al ver a tanta prole de los bisabuelos, junta y en tan buena harmonía. Todo terminó con relatos y anécdotas de la vida de nuestros ancestros, y algún poemilla improvisado y suelto, que fueron aplaudidos por su descendencia, donde siguen viviendo desde la memoria que fueron dejando y que ahora se cuenta de padres a hijos para que no mueran, para que persistan en los sentimientos de sus descendientes por mucho más tiempo.

Pues bien, de estos hechos se desprende una ausencia total de soledad, todo un conjunto de encuentros y actos de acercamiento, que llevan a no sentirse solo en absoluto. Pero, entre col y col, lechuga, y me acuerdo de lo que decía el viejo profesor sobre las gallinas y su forma de beber. Y ahora, a estas horas de la noche, al amparo de mi bodeguilla, delante del ordenador y con fondo musical de mi admirada Sarah Brightman, me permito un acto de introyección. Me viene a la memoria la frase de Arthur Graf: “Si quieres oír cantar a tu alma, haz el silencio a tu alrededor”.

Entonces decido volver la mirada a mi interior y buscar el encuentro conmigo mismo, que no siempre es factible. Es un viaje interno que casi nunca hacemos y, sin embargo, andamos conociendo cantidad de lugares preciosos, obviando nuestro interior, los sentimientos y emociones que cultivamos, las ideas y pensamientos que nos definen y dan forma. Tal vez, en muchos casos, andemos huyendo de nosotros mismos. Para ello está esa soledad buscada o encontrada, ese silencio que permite cantar a tu alma, razonar a tu mente y alimentar tu espíritu. Pero el entorno nunca está en silencio, nunca es neutro, sino que reclama su presencia y reivindica su existencia. Pocas veces nos percatamos de la grandeza de lo que nos envuelve, de su importancia y su magnitud en la responsabilidad de la vida, su génesis y sostén. Cuando haces callar los ruidos, escuchas el canto de la vida más íntima.

Ahora, en este instante, soy permeable a su influencia. De golpe el trueno exhibe su presencia amenazante, mientras un fogonazo de luz precede a su clamor. Me viene a la memoria la vivencia de hace un tiempo, que plasmé en un poema a la tormenta en este mismo lugar (Se puede leer en: http://antoniopc.blogspot.com/2009/02/la-tormenta.html), pero ahora no es tan agresiva, sino más bien nutriente. La soledad me permite centrarme en la contemplación de la naturaleza y empiezo a sentir la fusión con ella. ¡Cuán alejados estamos de esa madre tierra y de la comprensión de su esencia!

Desde la ventana voy asistiendo a una danza de vida. La música la pone la lluvia, la parra, siguiendo su ritmo, agita sus noveles pámpanos, mientras el racimo incipiente baila de alegría al notar la caricia del agua que le trae la vida. El rosal, deja que sus rosas se vayan desprendiendo de todos sus pétalos mustios, mientras sus proyectos se muestran inhiestos dejando ondular sus tallos al viento. El cerezo, bajando sus hojas, parece rendirse, de brazos caídos, pero astutamente conduce las gotas de agua a su pie, las atrapa y envía para que sus raíces las reviertan en puro alimento.

Absorto, pensé que estaba en soledad y nunca tuve mejor compañía. Al fin me di cuenta de ese parentesco, ese vínculo de vida entre la naturaleza y todos sus hijos. Su magia consiste en hacer de la nada, mezclando y conjugando a sus elementos, una vida nueva en cada momento. Todos, absolutamente, formamos un todo con ese clamor de savia de la madre tierra, que nos garantiza, en buena harmonía, una larga vida y longa existencia, si sabemos comprender las claves que rigen en la naturaleza. Tal vez la experiencia de tantos encuentros me dio pie para hurgar en mis sentimientos y fui dando entrada a tal parentesco que llegué a encontrarme con la esencia misma del agua nutriente que riega de vida al mismo cerezo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Al final… Crisis cultural


Hoy me toca aportar mi artículo a Grito de lobos, ese blog donde nos volcamos un grupo de amigos en la red para decir y debatir lo que sentimos desde la idea de compartir reflexiones. Dejo, a continuación, el inicio del artículo y te invito a conectar con el blog en el link que encontrarás al final. No te prives de hacer tu comentario si te apetece.




¡ Por un hombre nuevo!




Todos los seres humanos estamos sometidos a un proceso oscilatorio en nuestro estado de ánimo, en mayor o menor medida. Tenemos cierta dosis de ciclotimia. Posiblemente tenga una relación bastante directa con el ejercicio de análisis de nuestros hechos, que unas veces nos lleva a sentirnos bien por el resultado y otras no tanto. Podemos decir que andamos de crisis en crisis como forma de elaborar el pensamiento y la acción. En todo caso la crisis es un signo de evolución y, por ende, de cambio y necesidad de ajuste, lo que conlleva el concepto de oportunidad.

Las crisis personales, que cada cual vaya presentando y resolviendo, forman parte de la individualidad y la personalidad del sujeto. Su ajuste se hará, también, en función de su microcultura familiar y de la cultura de su grupo social.

Pero la cultura de los pueblos se fragua a lo largo de la historia y es un elemento de valor singular que ha de tener un contenido dinámico para adecuarse al espíritu de cada tiempo (Zeitgeist). La componen las formas, actitudes, creencias, convicciones, principios y valores, entre otros elementos, que da como resultado una determinada conducta y forma de interacción social. A modo ejemplar se determinan los mitos, los... (para seguir leyendo pasa a este link:


http://gritodelobos.blogspot.com/2011/05/al-final-crisis-cultural.html