miércoles, 30 de marzo de 2011

IV Encuentro de poesía en la Red. Granada.




Anda uno por este jodido mundo intentando ver, conocer y vivir la vida en toda su extensión, salvando las dificultades propias de la edad, claro está…


Desde que me jubilé y empecé a gestionar mi tiempo, mis actividades y ocupaciones de forma autónoma y decidí escribir en este blog, me han pasado cosas estupendas, hasta ahora. He desarrollado mis limitadas habilidades de expresión escrita, he sentido el nexo o conexión que pulula por Internet entre gente afín en la distancia. He sentido afecto y cariño por nuevas personas a las que solo conozco desde la pantalla, la palabra y alguna imagen… Es decir, me faltó el tacto y el contacto, el olor de su piel y de su cuerpo, la gracia de sus movimientos y el tono de su voz con sus inflexiones y énfasis en el discurso oral, pero, sobre todo, la proximidad que da ese flujo de energía compatible, complementaria, que definimos como la química de las mentes.


Cuando hay un evento, un reclamo o llamada que aglutina a la gente interesada, ya empieza a delimitarse y definirse un tipo de sujetos afines, ya crea, la propia convocatoria, una selección por perfiles personales, una criba que facilita toda una coincidencia. Hay una disposición al encuentro, a crear amistad y entendimiento, a acercarse en las ideas, en la postura y a compartir, desde la amistad, todo lo que uno lleva en el campo del conocimiento.


En Granada se celebró este fin de semana el IV Encuentro de poetas en la Red. Fue una tentación para mí. Lo vi como la oportunidad de encontrar y encontrarme con gente nueva y conocida desde la red. El incomparable marco de la ciudad musa para tantos poetas, nos permitió y facilitó el encuentro. El encanto y brujerío de la zambra de María la Canastera, el vermout de Castañeda, los churros y el chocolate de La Alhambra en Plaza Bib-Rambla, etc… Pero, sobre todo, la gente encontrada en el Hotel Saray, en el encuentro de poetas, que organizó magistralmente Marian. Una gran maravilla conjugada entre el continente y el contenido.


El sábado 26, por la tarde, fue el encuentro. En torno a 50 participantes, que fuimos leyendo poesía para el deleite de todos. Maestros del arte de la declamación, cargados de sensibilidad poética, te acomplejan, sientes tu nimiedad y un nudo se te aferra a la garganta ante el alto listón que te planteas. Luego ves que no se trata de listones, sino de que cada cual aporte lo propio. No es una competición, sino un encuentro, nadie es mejor o peor, sino que sencillamente ES… y ese ES acaba poniendo sobre la mesa lo que tiene, lo propio y singular, lo diferencial, la gota de agua que suma para formar el bravo mar de la poesía.


Recité dos poemas (confieso que solo he recitado en público una vez anteriormente). Uno dedicado a Granada, titulado Granada y el Darro. Una de las primeras veces que fui a Granada, hace ya muchos años, me enamoré de ella en una visión espléndida de la Alhambra regada por el sol de la mañana, mientras en su falda el Darro jugaba y cantaba con sus aguas hasta perderse en las entrañas de la ciudad allá por Santa Ana. Eso me inspiró y la comparé a Granada con una bella mujer a la que se acerca un campesino enamorado (el Darro) queriendo seducirla y preñarla de sabores y olores de campo, de la naturaleza que emana de la sierra y cabalga en el río de la vida hasta el mar.


Otro poema, titulado Negra y tenebrosa noche, se enmarca en la crítica que hago a la situación actual, al intento de imponer un mundo consumista, alienante y perverso que obvia la existencia de los seres humanos, de su esencia, para hacerlos meros instrumentos de un progreso mal entendido, al cultivar el TENER en lugar del SER. Me sentí cómodo en todo momento, gracias al ambiente que se creó y al flujo de amistad que se notaba. Loli, que también vino, se lo pasó de maravilla, cosa que me da doble satisfacción. Desde aquí va mi recuerdo más sincero para todos y todas con mi oferta de amistad.


Los poemas leídos están colgados en este blog. Los puedes leer en:





viernes, 25 de marzo de 2011

¿Somos imbéciles... o quieren hacernos?


Llevo varios días improductivo en lo referente a escribir en mi blog, salvo las respuestas a comentarios que vais colgando. Mi viaje a París, dos conferencias esta semana, problemillas de salud y alguna otra tontería que requiere tiempo, me impidieron escribir, a pesar de mi intención y de los temas previstos, por lo que los he dejado para dentro de unos días. No obstante, a modo de compensación, os invito a leer la entrada que colgué recientemente en Grito de lobos, a participar con vuestros comentarios, desde la posición que defiendo en mis últimas aportaciones a los mismos, en busca de un mejor entendimiento y corrección que nos lleve al encuentro, y a compartir ideas y reflexiones. Podéis entrar en:

martes, 15 de marzo de 2011

La levedad del ser humano.


Hoy me he levantado con gana de escribir. Eso no siempre suele ocurrir y lo malo es que andas con esa gana, pero sin saber por donde empezar ni que decir. Estás bajo la influencia de hechos varios, del entorno y de las circunstancias. La catástrofe de Japón es impactante y uno se percata de su nimiedad, de su levedad en un orden cósmico, universal, que muestra su lógica aplastante. Por tanto, he abierto el ordenador y empiezo a teclear sin rumbo, dejando aflorar pensamientos libremente y que sean ellos los que oriente mi reflexión y mi discurso. Al final veremos que ha salido.

No sé yo si la levedad del ser humano es soportable o insoportable, como decía Milan Kundera, pero es evidente que esta especie de orgullo, prepotencia y descaro, con que solemos tratar a todo lo que hay a nuestro alrededor, nos lleva a la soberbia que nos caracteriza. Somos soberbios por definición. Nos sentimos dioses, pues fuimos creados a la imagen y semejanza de dios y eso nos dio patente de corso para hacer lo apetecido en cada momento. Cuando, realmente, lo que hicimos fue crear un dios para justificar nuestra propia soberbia, un dios a nuestra imagen y semejanza.

Es cierto que nuestro nivel de inteligencia, por lo que parece, podría ser una fuente de sabiduría creativa si no fuera porque andamos atrapados en la avaricia, la codicia y el egoísmo miope. Lo de creativo lo sumo al enriquecimiento o crecimiento personal como ser inteligente y espiritual, aunque la palabra tenga connotaciones de tipo religioso que soslayo; es decir, deberíamos buscar un mayor enriquecimiento en el ser y no en el tener que andamos siempre buscando.

El hecho es que no hemos llegado a comprender que la tierra, nuestra madre nutriente, tiene unos ciclos y un equilibrio que se escapa a nuestros propios intereses, pues es patrimonio de todo ser viviente que la habita, sea de la especie que sea. Es más, es la gestante de la vida en todas sus dimensiones. Ella está dispuesta a darnos los nutrientes de formas ordenada y sostenida, pero nosotros nos empeñamos en forzarla, en violentar su funcionamiento, su capacidad, y en sacarle más provecho del que es capaz de darnos. Forzamos la producción agrícola, la explotación ganadera, abusamos de su flora y de su fauna, reordenamos sus flujos, sus ríos y mares, consumimos su oxígeno desorbitadamente, extraemos de sus entrañas los minerales, el gas y el petróleo, construimos desordenadamente, la rotulamos con nuestras vías de comunicación y nuestras urbanizaciones, etc. Somos unos insensatos…

A veces, sin que nos demos cuenta, se rebela y nos muestra su funcionamiento sistemático, que nos recuerda esa levedad que nos obstinamos en obviar, en ignorar. Somos tan estúpidos que pensamos vivir en áreas apartadas y delimitadas por las fronteras de los estados que establecimos, como si una vez definida dicha frontera, ello nos diera garantía para que lo que ocurre al otro lado no repercuta en el nuestro. ¡Ilusos! No queremos comprender que estamos insertos en un sistema holístico; es decir, total, del que nosotros no controlamos los compartimentos. La tierra no nació con fronteras, nosotros las creamos para delimitar esferas de poder y de dominio, para adueñarnos de cosas, de espacios y sus bienes. La tierra es democrática, dispuesta y servidora para todos. Luego está quien, abusando de su disposición a servirnos, la intenta someter y explotar en beneficio propio o de su entorno social. El avaro y codicioso busca el poder del control de los recursos para dominar a los demás y doblegarla a sus intereses.

Acaba de ocurrir una verdadera desgracia, una catástrofe de ingente magnitud, pero infinitamente inferior a otras que se están dando en el día a día de nuestro entorno. Me refiero al terremoto de Japón y el consiguiente tsunami. No deja de ser curioso como reaccionamos ante una catástrofe de estas dimensiones y localización. Es cierto que muchísima gente va a pasar necesidad, que han perdido sus bienes, enseres y viviendas, que han fallecido sus seres queridos, que harán una regresión económica hasta, incluso, la pobreza. Ello nos rebela, nos hace despertar las conciencias y aflora la solidaridad y nos volcamos en ayudar… lógico y natural, pero no es menos natural que pensemos en cuales son las causas reales, las motivaciones que nos elicitan, que nos despiertan, esos impulsos de colaboración y solidaridad… A primera vista no se entiende muy bien por qué reaccionamos así ante estos hechos y seguimos impávidos, insensibles, ante el hambre, la miseria, la injustita, la pobreza y la enfermedad que nos rodea, siendo causa mucho mayor de muerte y sufrimiento de los semejantes. A parte del impacto que suele aparecer en una situación de catástrofe aguda, de algo que se presenta de golpe y que lleva a la pobreza a quien tenía antes riqueza o bienestar, también influyen otras cuestiones, como, por ejemplo, la habituación a vivir con la desgracia de otros, a aceptar la injusticia, la pobreza y la miseria de seres que nos rodean. Es terriblemente inhumano y, para mi, cruel, sensibilizarse ante situaciones como esta y no hacerlo ante las situaciones cronificadas, que son mucho más nefastas e infames.

Sin que se me entienda que procuro quitar importancia a los hechos de Japón, pretendo que se me comprenda en la apreciación de que el sujeto se mueve por emociones, ciertamente, pero que estas están más orientadas a su propio beneficio que a cualquier otro. Pienso que el factor proyectivo cobra suma importancia en estas vivencias solidarias, de identificación con el damnificado, en el convencimiento de que esta circunstancia puede llegar, dado el caso, a ser vivida por nosotros mismos. Al fin y al cabo, el japonés, con su cultura de bienestar, con sus adelantos y formas de vida, está más cerca de nosotros que los subsaharianos, que los haitianos y todos los crónicamente pobres…

¿Nos solidarizamos más con Japón porque son de nuestra clase, de nuestra gente, de nuestro sistema funcional, de los que un día podrán ayudarnos también a nosotros? Entonces, esta solidaridad tiene más de inversión y de interés que la otra, que es altruista, generosa y filantrópica, a la par que esta es, como decía antes, más proyectiva, de mayor identificación en el fondo y en la forma con el damnificado. Alabo el interés que ha despertado el hecho, la disposición a la ayuda y al apoyo para paliar los males y el sufrimiento, pero no dejo de pensar que nos mantenemos al margen, en el día a día, de otros muchos dramas del mundo, tanto o más importantes, por hacerse nuestro corazón impermeable al influjo de una realidad que se convirtió en hábito. Será que la televisión, y los medios de comunicación, mueven nuestras emociones y las dirigen a aquellos lugares que más pueden interesar a no sé quien… o sí lo sé, pero me callo.

La tierra llora, la tierra tiemble, la tierra exige, la tierra se adapta y configura, la tierra es un equilibrio biofísico que se escapa a la fuerza del hombre, pero no debe escaparse a la razón y al sentido común. La tierra sobrevivirá al hombre; es más lo eliminará antes de sucumbir ella, pues su mecanismo de defensa consiste en hacer la vida imposible a quien le agrede como la estamos agrediendo, en eliminarlos aunque sea mediante procesos biostáticos. La tierra es un gran sistema y su capacidad homeostática es increíble. Nos dejará sin recursos para subsistir y otras especies tomarán el protagonismo para vivir en equilibrio con ella. La tierra es un paraíso si sabes cuidarla y vivir de ella. Ella nos da vida, alimento, oxígeno y todo tipo de recursos, pero si no sabemos administrar sus potencialidades sucumbiremos.

Finalmente, querría hacer una última reflexión: ¿Cómo queremos que el comportamiento de la tierra sea políticamente correcto, si la maltratamos? No soy de los que defienden la unicausalidad, sino que más bien, soy partidario de la pluricausalidad, dada mi concepción sistémica de la vida, pero sí hay causas con más peso específico que otras. ¿Habéis observado qué pasa cuando a una pelota rota se le aprieta en un punto? Los bordes rotos se mueven por la presión ejercida en ese punto… En China se ha construido la famosa Presa de las tres Gargantas. Tiene una capacidad de 300.000.000.000 metros cúbicos de agua. Si entendemos que un metro cúbico de agua pesa una tonelada, colegiremos que se han colocado sobre la superficie de la tierra, en un punto de 600 km2, la friolera cantidad de trescientos mil millones de toneladas, sin contar los 28 millones de metros cúbicos de hormigón, solo en la presa del Yangtsé… Y yo me pregunto: ¿Cómo afecta esto a la corteza de la tierra? ¿No estaremos ante un fenómeno de movilidad o ajuste de esa corteza empujada por ese peso y por los vacíos de las bolsas petrolíferas? O sea, un reajuste natural de la física que mueve el equilibrio cósmico.

Pues bien, si a esto añadimos la combustión de oxígeno, las emanaciones de tóxicos ambientales, la contaminación de aire, ríos y mares, el deterioro de la capa de ozono, la extracción de fuel y gases, la eliminación de bosques, etc. ¿Cómo podemos pretender que nuestra madre tierra nos sea fiel? No sé, puede que esté divagando, pero al pensar no es bueno dejar ningún cabo suelto. Mi déficit de conocimientos en la materia puede que me haga interpretar anómalamente las evidencias, pero si uso mi capacidad de razonar, con base en mi poca sapiencia, llego a estas conclusiones, si alguien me aclara lo contrario se lo agradeceré… Mientras tanto seguiré pensando que si el ser humano no toma conciencia de su insoportable levedad, y la hace soportable, va abocado al fracaso.

lunes, 7 de marzo de 2011

Día de la mujer trabajadora. Evolución de roles


Hoy precisamente, 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, me ha tocado en suerte dar una conferencia en Benalmádena, dentro del programa del Aula de Mayores de la Universidad de Málaga, cuyo título es: El proceso evolutivo de la interrelación social. Relación objetiva vs. objetal y ajuste de roles en la pareja.

Como homenaje a esa mujer trabajadora, me permito colgar una parte de dicha conferencia, referente al proceso que ha seguido el ajuste de roles en la pareja en los últimos tiempos, con objeto de compartir con mis amigos y amigas estas apreciaciones y reflexiones personales. Forma parte del tercio final de la conferencia y pretende ser un análisis del tránsito, desde una relación de dependencia total y sumisión al macho, a una nueva era de igualdad, en un proceso abierto de debate, aunque quede mucho por recorrer aún hasta llegar a ella de forma real y manifiesta.
Me permito colocar una foto de 1969, de mi abuela, como homenaje a las mujeres sufridoras del siglo pasado. Obsérvese la cocina, los pocos recursos, el cántaro y, por supuesto, la ausencia de vitrocerámica... Entiéndase que en este lugar debían cocinar para alimenatar a la prole (en su caso siete hijos), tras volver del trabajo del campo.


Ajuste de roles en la pareja

Antiguamente existía una gran complementariedad funcional entre los cónyuges, aunque no podemos negar que se fundamentaba en una relación asimétrica, donde el hombre ostentaba el poder oficialmente y la mujer estaba sometida a sus directrices. Se mantiene un contrato de roles o de funciones. Las normas sociales, aunque injustas, establecían las conductas de cada uno y las dependencias. Lo cierto es que la mujer reinaba en la casa y el hombre en la calle; es decir, el gobierno de la familia, aunque pareciera lo contrario, lo llevaba la mujer, mientras que el hombre aportaba, por lo general, los recursos económicos para sustentarla, sin obviar las aportaciones de la mujer con sus trabajos fuera del hogar. Habitualmente, la mujer fue superior al hombre en capacidad para sustentar la casa y educar a los hijos. Su función nutriente, protectora y educadora se elevaba hasta el propio marido. Si bien, el hombre mantenía que en su casa mandaba él, se solía apostillar “cuando no está mi mujer”. Por tanto la mujer daba solidez funcional a la casa, mientras el marido mantenía cierto prestigio social en la familia.

El hecho es que se producía una interdependencia que forjaba lazos de gran solidez entre los cónyuges. Esto no quiere decir que fueran ideales, más bien al contrario. El hombre era una nulidad en las labores de la casa; no lavaba, fregaba, cocinaba, compraba, cosía, planchaba, etc. ya que esa función era propia de la mujer. Era su oficio trabajar en la calle, aportar el dinero, defender el buen nombre de su familia y dar la cara como máximo responsable del núcleo familiar, aportando la seguridad necesaria para el crecimiento de sus hijos. Esta concepción arcaica de la dinámica familiar se va diluyendo conforme el sistema democrático se impone y la lucha feminista se va acercando a sus objetivos reivindicativos de igualdad de género.

Hasta esos momentos las rupturas matrimoniales y el divorcio eran, prácticamente, inexistentes o muy bajos. ¿Qué iba a hacer una mujer separada? Estaba marginada, mal vista y socialmente denostada, con una economía en precario y sin recursos, a la par que los “buitres” la buscaran como objeto fácil de sus deseos sexuales, al no estar “protegida” como propiedad de otro macho. El hombre separado, por lo general, era una nulidad en las tareas referentes a sus propios cuidados; no dominaba las labores del hogar y, si lo hacía, estaba mal visto. No era concebible un hombre cocinando, lavando, fregando o planchando… eran “mariconadas” propias de afeminados. Por tanto, en la relación, aunque no hubiese amor, había una dependencia que aferraba el vínculo. Yo te doy, tú me das, y si no nos queremos qué más da… “nos aguantaremos”. Si tú cumples con tu cometido, aunque ni siquiera hablemos, todo irá bien. Pero si no cumples, aunque en la casa no sea sostenible la convivencia, mantendremos la relación de cara al exterior dentro de la norma, con santa resignación; o lo que es lo mismo, también “nos aguantaremos”.

El sexo, entre la pareja, obedecía más a una necesidad fisiológica, más centrada en el hombre, o de reproducción, que a la búsqueda fantasiosa del pecaminoso placer, dándose un alto nivel de casos de anorgasmia en las mujeres. El hombre solía visitar prostíbulos donde buscaba las más sibilinas formas de placer sexual a través de las profesionales, o bien mantenía una querida en muchos casos. Anecdóticamente se comenta que preguntado un sujeto sobre las causas que le llevaban a visitar esos antros teniendo una mujer, contestó: “Mi señora es una señora como Dios manda y no voy a pedirle que me haga esas guarradas, para eso están las putas”. Muchas mujeres, conociendo estos hechos los justificaban o consentían en base a la “hombría” de su marido.

Difíciles tiempos aquellos en que, en muchos casos, solo el rol definido y encapsulado, de cada uno de los miembros de la pareja, era el garante de su mantenimiento en una relación de interdependencia. El mundo de la mujer y el del hombre eran distintos. Las cosas de uno y otra no se mezclaban, había “cosas de mujeres” y “cosas de hombres”. El campo de desarrollo personal no era común, por tanto no existía un flujo del crecimiento entre ambos. Dicho de otro modo, por lo general, no se daba una relación nutriente en lo referente al desarrollo personal. La comunicación era básicamente sobre aspectos funcionales, familiares y sociales. Tu a lo tuyo, yo a lo mía y los dos juntos tiramos para adelante. La cultura judeo-cristiana siempre fijó los roles bien diferenciados. También es cierto que la gran explosión del referido desarrollo personal se ha dado recientemente, por lo que el proceso evolutivo en este sentido era muy pobre y los sujetos solían tener un corto recorrido en esta materia a lo largo de su vida. Por tanto, las premisas conductuales que se dieron en el contrato matrimonial eran sostenibles en el tiempo, lo que evitaba los conflictos propios de los cambios personales. Argumentaciones como “tú ya no eres el mismo” y “tú has cambiado” eran armas arrojadizas en las discusiones matrimoniales, como si ello implicara el no cumplimiento de un contrato vitalicio; o lo que es lo mismo, estaba aceptado que, llegados a la adultez, la evolución, cambio de conductas, convicciones o la propia concepción de la relación familiar y social no debía evolucionar hacia otras esferas o planteamientos.

¿Qué ha cambiado? En un proceso lento, cuajado de dificultades y trabas, se ha ido desarrollando otra cultura relacional entre la pareja. La mujer ha reivindicado un mayor protagonismo y lo ha conseguido reincorporándose al mundo laboral de forma brillante. Pero en el hogar siguen muchas asignaturas pendientes, bien por el “escaqueo” del hombre, bien porque ella no quiera ceder la dirección y organización ante la incapacidad del compañero o bien por el arraigo de la responsabilidad del rol familiar clásico u otras causas singulares. En estas circunstancia solemos encontrarnos: Mujer que trabaja y lleva la casa de forma más o menos indirecta y hombre que trabaja y “ayuda” a la esposa bajo su dirección, pero desorientado ante esa pérdida o redefinición del rol de marido.

Bajo mi punto de vista ha ocurrido algo de especial importancia, como es el igualarse en las funciones y responsabilidades inherentes a la estructura familiar; pero sobre todo el entrar ambos en el campo de la autosuficiencia, dónde la dependencia ya no tiene tanto peso específico en el vínculo de la relación. En una pareja actual ambos asumen roles muy aproximados, ambos trabajan, cocinan, limpian, compran, ponen la lavadora, etc. En suma, aquella situación de disociación funcional, con roles diferentes y definidos, no tiene sentido. Por tanto, el lazo de la relación ha dejado de fundamentarse en la dependencia y complementariedad funcional y ha pasado a consolidarse por la voluntad de mantenerlo. El “nos aguantaremos” no cabe en este marco. Cuando las cosas no funcionan, cuando el amor ha desaparecido, cuando el desarrollo personal choca con la intolerancia del otro, cuando la evolución es divergente y ambos se convierten en lastre o freno para la evolución personal del otro, y cuando la comunicación, como instrumento de entendimiento y aproximación, se ha roto o no es operativa, hay una puerta abierta menos traumática que en épocas pasadas, pues los dos son más autosuficientes y capaces de afrontar una nueva situación de independencia. Del “nos aguantamos” pasamos al “que te aguante tu madre”.

Pero, claro, no todo es tan fácil. Existen otros elementos que se han ido fraguando a lo largo de la relación que no son afectivos directos, pero sí compartidos. Los hijos, los bienes, las familias, los amigos, condicionan la relación y conforman una argamasa que debe ser considerada ante cualquier ruptura; los hijos, de forma prioritaria, son un punto de proyección afectiva común, donde confluyen las emociones de ambos con especial trascendencia. Esto explica que en conflictos de excepcional virulencia, donde el objetivo prioritario de los cónyuges es el hacer daño al otro, se usen los hijos como arma arrojadiza, estableciendo estrategias enfocadas a realizar ese daño sin pensar en la afectación que pudiera producir en los propios hijos; es una dolorosa miopía. Los bienes comunes son otro elemento de especial relevancia; su reparto causa grandes conflictos, pues es lógico que cada uno pretenda mantener la máxima capacidad económica y preservar los objetos para su uso personal. La lógica y la racionalidad choca con el egoísmo y solo en el caso de personalidades maduras, se suele conseguir un acuerdo justo en el reparto de los bienes materiales. Por tanto, la valoración de la influencia que cada uno de estos factores tenga en la argamasa que une a la pareja, y su posible dilución, determinará la viabilidad del proceso de separación.

Finalmente, podemos convenir en que la autosuficiencia, adornada del desarrollo personal cercano a la madurez, es garante de que la relación que se establece es más objetiva que objetal, que la vinculación se mantiene en base a querencias y sentimientos más libres y que el entendimiento se realiza desde una perspectiva más igualitaria, menos chantajista e impositiva. A la par reivindicamos un mayor respeto a nuestros planteamientos, nuestros deseos y proyecto personal de desarrollo y exigimos que ese respeto se plasme en la libertad propia para llevarlo a término. La evolución individual es incuestionable y, lógicamente, puede ser divergente. La comunicación y el diálogo forman parte de esa herramienta para fraguar un entendimiento, una aproximación a la vía de desarrollo común y compartido en el proceso evolutivo de ambos, siempre que se dé una actitud de mente abierta. En este caso, la comprensión de la diferencia no tiene que llevar a la divergencia, sino a la complementariedad; es decir, somos diferentes, lo que nos permite tener una visión más amplia de la vida; lo importante es saber conjugar esas visiones para, mediante el proceso de diálogo y comunicación, poder enriquecer nuestras ideas y llevarnos a un crecimiento personal. La cuestión es si sabemos o no establecer ese diálogo, esa comunicación efectiva, si nos hemos desprendido de la rémora de los roles del pasado y si hemos introyectado nuevas formas de entendimiento rompiendo los esquemas clásicos de dependencia o situaciones asimétricas en la relación de género. De no ser así, de representar un lastre cualquiera de los cónyuges, se pasa al “que te aguante tu madre”.

sábado, 5 de marzo de 2011

28 F Día de Andalucía. En Cuevas de San Marcos


El pasado lunes 28, se celebró en Andalucía el día de la Comunidad Autonómica (para conocer mejor Andalucía y su historia cliquear aquí). No soy muy dado a celebrar este tipo de eventos, del día de tal o de cual. Aunque estamos acostumbrados a celebrar el día del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… el de la Madre y de la Mujer, el de la Infancia, el del Trabajo, el de…. No sé, es como si fuera necesario dedicar un día a cada cosa para hacer notar que esa cosa existe. Soy de los que piensan que en el día a día está la gracia de reconocer y dar justa existencia a todas las cosas, sin necesidad de tener que dedicarle un día al año, pues merece todos los días del año tener en consideración esa existencia de Andalucía, del padre, la madre o lo que fuere. El problema surge cuando hay algo que está marginado, que necesita ser reivindicado para darle toda su valía y protagonismo, para llamar la atención sobre ese hecho injusto y reclamar la justicia y el trato que se merece. A veces la marginación la hacemos nosotros mismos y lavamos la conciencia con la celebración de estos días de…Lo malo es lo que implica, puesto que, en ese día, nos acordamos más de ella, como si centráramos en él toda la energía y después volver a las andadas, es decir, a seguir olvidando su existencia, y/o a actuar con se ha ido haciendo hasta ahora…

Eso no quiere decir que no comparta la emoción que mucha gente siente en estos actos. Es la exaltación de una comunidad, de un grupo, que, a veces disperso, se encuentra identificado en esa fecha, aunque luego, cada cual, siga con lo suyo de siempre. A mí me importa mucho Andalucía, también Castilla la Mancha, Cataluña, el País Vasco, Galicia o cualquier otra comunidad. A la par que España en su conjunto, Europa y el resto del mundo… Me importa su gente… En momentos como estos, tal vez habría que centrarse más en el día del hambre, de la miseria, de la pobreza, de la injusticia, del amor y del encuentro entre los pueblos, todo ello tan presente en la vida de los afectados. No están las cosas para tirar cohetes, lo que se vive y se avecina no deja de ser desesperanzador para este mundo, donde los intereses de unos pocos se superponen a los de la mayoría, desde la codicia y la avaricia, sin pensar en las consecuencias que puedan tener para el resto de los humanos.

Pero, dicho esto, a modo de reflexión personal, como es bastante habitual en este mi blog de Cosas de Antonio, he de reconocer que el día 28, en mi pueblo, Cuevas de San Marcos, se vivió, por parte de un grupo de vecinos del lugar, un acto emotivo que acercó al colectivo social que integran esa comunidad local.

Los actos se iniciaron con una actuación, en la plaza del Ayuntamiento, de la banda de música del pueblo. Tras interpretar algunas piezas típicas y populares, sonó el himno de España y, como colofón final, el de Andalucía, mientras la gente entonaba su letra, concluyendo con algún viva que otro, incluso el “Viva Andalucía Libre”.

Posteriormente, en el salón de plenos se formó una mesa especial, con vecinos de edad junto a los concejales del municipio. Se leyó el discurso institucional y se recitaron poemas alusivos a la Comunidad Andaluza y sus ocho provincias. El grupo de lectura de la Biblioteca Municipal, en plan rapsoda, levantó aplausos de los asistentes. El recital lo inició su coordinadora, Mª del Carmen Durán, con un poema de José Antonio Muñoz Rojas, que tan bien exaltó el costumbrismo andaluz, sobre todo la zona de Antequera, su ciudad natal. Posteriormente, cada integrante del grupo recitó un poema dedicado a cada una de las provincias andaluzas.

Posteriormente se le entregó un presente al director de Tilodisa, la residencia de la tercera ubicada en la localidad. Fue una reciprocidad, según entendí, por su obsequio de un trabajo de los residentes, al propio ayuntamiento, con motivo de tal celebración.

El colofón fue la interpretación del himno de Andalucía cantado por los presentes cogidos de la mano. Hubo alguna lágrima de emoción, aunque no desvelaré en que ojos…

Lo cierto es que, al acudir al acto por primera vez y hacer, como siempre, fotos de mi pueblo (acabaré convirtiéndome en uno de los cronistas de la villa, aunque hay otros muchos, y mejores, por ahí), me pidieron que colgara las fotos en mi blog para presentárselas a aquellos que me visitan y me leen habitualmente. No puedo negarme, sino más bien al contrario, dejar constancia del hecho es un placer por mi parte. Por tanto, en este slide van algunas de las fotos de nuestro pueblo, del acto y de los almendros en flor de sus campos, que capté esa misma tarde. Para visionarlas bien aconsejo cliquear en “Ver todas las fotos” que aparece debajo del slide y cuando cargue, volver a cliquear en Full Screen. Es mi pequeña aportación a ese día vivido por mis paisanos.







miércoles, 2 de marzo de 2011

Tiempos convulsos


Mi amigo Sergio que, ahora que no me escucha, es una persona íntegra, comprometida, racional, afable y, además, sensata y cargada de esa extraña virtud de la bonhomía tan ausente en estas fechas y lares, me ha mandado un correo con este escrito que os presento, si bien me reseñó que el texto no es suyo, sino que lo recibió de un amigo que, a su vez, le fue enviado por otro conocido y así sucesivamente, en plan cadena, vamos... Tras leerlo, entiendo que merece ser colocado en mi blog, no solo por lo que dice, sino por identificarme con el mismo.

Para completarlo y darle más fuerza, recibí, también, hace unos días, un video con unas declaraciones de un sujeto, al que identifican como un sicario económico, que no tienen desperdicios, de ser ciertas sus afirmaciones. Visto lo visto, se acercan mucho más a la posible verdad, que cualquier otra explicación, de lo que está pasando en el mundo con los dictadores de tres al cuarto que andan por esos mundos de Dios. Yo quiero compartirlo con los lectores de este blog que solo pretende eso, compartir…

Este es el escrito:

Lo mejor que tiene la interesante situación actual del planeta es que hasta el que hasta ahora ha disimulado, se ha hecho el tonto o ha mirado para otra parte, debe tener claro ya el papel que están jugando los estados y los medios de comunicación: ¡Qué vergüenza!

Ahora resulta que estamos rodeados de dictadores ¿No eran solo Castro, Chavez y Morales? Ahora, cuando la gente no aguanta más dictadura, cuando la gente prefiere morir en la calle, cuando la gente está echando a los dictadores, El País y Cía. "nos informan" de lo que ya estamos viendo, de que los regímenes de Túnez, Egipto y Libia son tremendas dictaduras puestas y sostenidas por Occidente -EE. UU., Israel y Europa- en las que a cambio de mantener al dictador nuestras multinacionales tienen carta blanca para sacar el dinero a espuertas.

Se les pone, se les ceba, se les venden armas, se adiestra al ejército y a la policía, se potencia una burguesía apátrida -pero fascista- pendiente de enriquecerse más y al pueblo se le mantiene a raya con hambre, palo y tente tieso ¡Receta históricamente infalible!

Y ahora vienen El País y Cía. a decirnos que son dictadores ¿Y, cuándo, hace solo un par de meses, el ejército del Rey de Marruecos arrasó un campamento saharaui, qué dijeron? Paños calientes: hay que ser comprensivo, hay que tener cautela, nos jugamos mucho estratégica y económicamente... ¡Qué vergüenza! Lo de Estados Unidos e Israel es más lógico, pero lo de Europa es patético. La experta española en diplomacia -que antes no sirvió para presidenta de la Comunidad de Madrid, pero que antes era también experta en salud, pero que antes no había servido para alcaldesa de Madrid...- hace el ridículo cada vez que habla: se nota que lo que dice no se lo cree ni ella misma. Está tan desbordada por la situación que espera a que USA se defina para atreverse a opinar... Horroroso. Nuestro rey, cada vez que lo ve, se come a besos al jeque de Arabia Saudita, país en el que se da latigazos a las mujeres que enseñan algo más que el tobillo ¿Tendrá la gente inerme que levantarse y salir a la calle a jugarse la vida allí también para que aquí nos enteremos de que el Jeque es otro cabrón mantenido por nuestros gobiernos y reyes?

Acabábamos de ser fieles a las presiones del mercado (¿?), de financiar la deuda de los bancos, de creernos las previsiones exactas de agencias que ni se enteraron de la crisis que se nos venía encima, de autolesionarnos con la reforma laboral, la bajada de sueldos, la congelación de pensiones y la subida de la edad de jubilación y... en esas aparecen estos africanos y nos dan esta lección de responsabilidad y civismo.

¿No va siendo hora de que cada uno vaya buscando una plaza en su pueblo en la que sentarse hasta que veamos la luz?

Yo, en todo caso, entiendo que no se ha de sentar uno en la plaza esperando a que se haga la luz, sino que la ha de buscar en su interior y prenderla para que, entre todas las luces, se consiga iluminar un camino común que solo tiene sentido si se comparte desde la convicción y desde el rechazo a quienes pretenden usarnos y someternos a sus intereses. No nos dejemos engañar más, pues estos cretinos procuran seguir sometiéndonos para continuar con sus prebendas y provechos en detrimento de una sociedad que los mantiene y sustenta. No se puede uno fiar de nadie, de líderes ni ideólogos que nos arrebaten emocionalmente con discursos inflamados, sino de quienes son conscientemente libres y pretenden hacernos a los demás, desde el altruismo y no desde el interés del cambio de poder.