miércoles, 29 de diciembre de 2010

SIGNOS DE PUNTUACIÓN


He recibido por correo esta interesante aplicación de los signos de puntuación que usamos en nuestro idioma y su importancia. Hay varios ejemplos que conjugan la enseñanza con el humor… Es divertido y quiero compartirlo con los amigos lectores de mi blog… Va para vosotros.

Los signos de puntuación se usan en los textos escritos para intentar reproducir la entonación del lenguaje oral (pausas, matices de voz, gestos, cambios de tono, etc.) con objeto de interpretar y comprender correctamente el mensaje escrito. Los signos de puntuación, por lo tanto, nos permiten expresarnos con claridad y evitar interpretaciones diferentes del mismo texto.
Por ejemplo, el sentido de la siguiente frase:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda".

(Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra «mujer».
Si usted es hombre, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra «tiene»).

En los siguientes ejemplos una coma vale mucho:

"Perdón imposible, que cumpla su condena".
"Perdón, imposible que cumpla su condena".

"No, es verdad".
"No es verdad".

"El maestro dijo: «Javier es un burro»".
"El maestro -dijo Javier- es un burro".

EL TESTAMENTO

Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente testamento sin signos de puntuación:

«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo».

El juez encargado de resolver el testamento reunió a los posibles herederos, es decir, al sobrino Juan, al hermano Luis, al sastre y a los jesuitas y les entregó una copia del confuso testamento con objeto de que le ayudaran a resolver el dilema. Al día siguiente cada heredero aportó al juez una copia del testamento con signos de puntuación.

- Juan, el sobrino:
«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan. No a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo».

- Luis, el hermano:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis! Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo».

- El sastre:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo».

Los jesuitas:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo».

- El juez todavía pudo añadir otra interpretación:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo».

Así que el señor juez, ante la imposibilidad de nombrar heredero, tomó la siguiente decisión:
«... por lo que no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez me incauto de ella en nombre del Estado y sin más que tratar queda terminado el asunto». El Estado siempre gana, jejeje...

COMO CONSEJO, PUES, NO DEJES QUE OTROS INTERPRETEN TUS IDEAS COMO ELLOS QUIERAN SINO COMO TÚ LO PENSASTE.
AL ESCRIBIR, PROCURA USAR LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN CORRECTAMENTE
.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un mundo mejor

Amanecer en el embalse de Iznajer 

Queridos amigos hay algo que he planteado como objetivo diana en la entrada anterior, se trata de definir un acuerdo de mínimos entre todos los que deseamos un mundo mejor, para comprender y entender cual es esa base mínima que debemos respetar como un derecho inalienable que nos ampara desde el momento que nacemos. Hoy me gustaría ir un poco más lejos. Ese derecho, el derecho a la nutrición y a la vida, surge de las entrañas de la propia tierra, del sistema ecodinámico que nos integra, pues el proceso evolutivo ha hecho que vayamos desarrollándonos todas las especies dentro del entorno ecológico, en una interacción nutriente que nos permite disponer de los recursos y sustento que nos dé la posibilidad de desarrollar nuestra otra dimensión, la espiritual o intelectiva. Es una especie de simbiosis que sostiene el ecosistema en progresión evolutiva, salvo que sea agredido en exceso y se sobreexplote los recursos hasta el agotamiento.

Nacemos en esta tierra con la misión de crecer y evolucionar. Ella nos da el sustento, produce todo aquello que necesitamos para cubrir las necesidades básicas. Si alguien controla y restringe ese flujo nutriente de alimentos, aire, agua, etc… que emana de la propia tierra, está robando y saqueando los recursos de los demás, recursos que no le son propios… Está interfiriendo e interceptando el patrimonio que la madre tierra otorga a sus hijos y, consecuentemente, cometiendo el mayor crimen que se puede establecer, al negar derechos que, por definición, son inherentes a la propia vida. Al robo o apropiación indebida, suma el chantaje, la usura, la especulación, la violación de derechos, el homicidio indolente… creo, desde mi modesto punto de vista, que entra a formar parte de un delito de lesa humanidad.

Nuestra cultura es aberrante en lo referente a la propiedad. Se fraguó, a lo largo de la historia, en la rapiña propia de la guerra, en el botín y el sometimiento del vencido, en el expolio y saqueo, en la extorsión y abuso. Creó y se amparó en principios y valores apoyados en estos preceptos que quedaron justificados por la propia pervivencia del grupo organizado, en contraposición a los otros grupos oponentes.

Luego perdió la esencia humanista y apoyó el dominio sobre el hombre y la naturaleza. Para ello creó valores y creencias sustentadas por la propia religión, entendiendo que era el pueblo elegido, que los dioses le apoyaban, que cumplían un cometido divino y mesiánico y que había que dominar y someter al infiel para hacerle entrar en la verdadera religión y a postrarse ante el dios verdadero, llevándole así a la salvación eterna. La propia Biblia establece que el hombre reine sobre la tierra, lo que le da el poder de decidir sobre ella y, por ende, de sentirse su propietario. Realmente, aunque uno no crea en dios, cabe pensar que, de existir y tener algo de sentido el asunto, debió decirle: “Te doy la inteligencia para que gobiernes y sostengas el proceso evolutivo de la tierra en sus justos términos, para que sea gestionada sin destruirla y entiendas que debes respetar y proteger la naturaleza que te sustenta. Porque este es el campo de cultivo, el hogar, donde has de desarrollarte hasta la muerte…”

Debió decirle, también: “Te voy a dar una cierta dosis de egoísmo y egocentrismo para que te motives en la perpetuación de la propia especie, es decir para que cada uno, de forma individual, tenga el estímulo y la conciencia de asumir el deber de procrear y trascender a otras generaciones, para que tengas el valor de luchar por ti mismo y tu sostenimiento sobre cualquier otra cosa. Ello, junto a la inteligencia, deberá ser suficiente para que crees sociedades o grupos capaces de sobrevivir a los elementos adversos que puedan presentarse”. Entonces el egoísmo y el egocentrismo le llevaron a considerarse el dueño o propietario de la tierra y a usar su inteligencia para reivindicar el derecho a gobernarla: “soy el más listo, el que tiene el poder de la fuerza que emana de mi inteligencia y, por ende, el derecho a decidir lo que es mejor”. Claro que esto es mucho suponer y lo planteo desde mi propia lógica, infiriendo libremente desde el razonamiento deductivo que el entorno me fue proporcionando…

Y dicho esto, a uno le queda preguntarse también: ¿Es lícita la propiedad privada respecto a la tierra? A la par que ¿Hasta que punto es justificable una propiedad privada sobre algo que no ha sido creado o producido por el propio sujeto, salvo que sea producto de un intercambio justo por otras cosas que sí lo fueron? ¿Es moralmente sostenible, pues, la propiedad privada desorbitada, o estamos ante un claro caso de amoralidad cuando nos adueñamos de los resultados del trabajo de otros mediante el pago de un salario inferior a su valor real, que debería determinarse por el precio de las cosa producidas?

¿No es el sistema de salarios una forma evolucionada de la esclavitud a que se sometía a los vencidos, o apresados contra su voluntad? “Si quieres vivir tienes que trabajar para comer, pero como yo tengo la comida que necesitas has de trabajar para mí… Ya veremos cuanto te doy para comer, puesto que yo soy el propietario de la tierra que trabajas o de la empresa donde produces, en suma de lo que resulte de tu trabajo…”

¿Se debería de considerar un tope o límite a la propiedad privada que impidiera el acumulo excesivo de capital y de poder? ¿O bien sería interesante que esa propiedad, sobre todo entendida respecto a los bienes de la naturaleza, solo fuera usufructuaria y condicionada al cultivo y productividad de la misma, dentro de unas normas de conveniencia social, preservando la nuda propiedad para el conjunto de la sociedad? ¿O, tal vez, se debería legislar para que toda empresa fuera propiedad compartida entre el capital y las fuerzas productivas o empleados? Tengo, también, otra duda; ¿la herencia como tal es de justicia cuando tiene una magnitud desproporcionada? ¿Cuántos terratenientes tienen propiedades provenientes de la rapiña y del botín de guerra de sus ancestros…? que, al fin y al cabo, no deja de ser un robo impresionante a mano armada, usando la sangre y fuerza de sus siervos…

En fin, tengo otras muchas preguntas, dudas y cuestiones que me hacen pensar en otras alternativas organizativas que mejoren el mundo, pero de lo que estoy cada vez más seguro es de que nadie, absolutamente nadie, debe arrogarse la propiedad de la tierra, que es del colectivo social, y solo la tiene en usufructo; de que nadie, absolutamente nadie, puede bloquear el acceso del resto de los seres humanos a los nutrientes y a los elementos básicos que garantizan la vida; de que cualquier estado, o forma de organización social, tiene como misión el proteger y ayudar en el desarrollo de sus propios ciudadanos haciendo prevalecer el bien común sobre el individual, pero respetando la iniciativa privada que no entre en colisión con los intereses de la comunidad.

Por último, ¿cabría la posibilidad de que los gobiernos, democráticamente elegidos, pudieran contar con el apoyo legal para llevar a efecto estos planteamientos, por lo que se debería cambiar el orden y las leyes para adecuarlas a una nueva filosofía de vida y de justicia? Pero todo ello cabe solamente en una sociedad madura, responsable, comprometida, asertiva, que trabaje y exija trabajar por ello, que tenga actitudes coherentes con esa filosofía de vida y no se deje llevar o comer el coco por predicadores y embaucadores con intenciones de dominio y gestión de recursos para su personal provecho… En suma, este mundo tiene poco arreglo si no hay un cambio sustancial, profundo y sostenido en el tiempo, fraguado sobre una nueva dimensión de filosofía de vida, que lleve a un desarrollo sostenible y justo para asegurar que cada ser humano tenga la posibilidad de afrontar su vida con garantía de una evolución personal, mental, intelectual, espiritual, o como se quiera, pero que le lleve a su autorrealización…

¿NOS LO TRAERÁ LA ERA ACUARIO? Los reyes ya se sabe que no…

viernes, 24 de diciembre de 2010

Si todos queremos un mundo mejor… ¿por qué no lo logramos?


En estas fechas parece quedar claro que toda la gente pretende un mundo mejor. Un tropel de deseos maravillosos y buenas intenciones se agolpa a nuestro alrededor y recibimos infinidad de mensajes manifestando espléndidos deseos de felicidad y prosperidad, todos ellos encaminados a un mejor mundo. Yo, lógicamente, me sumo a este manifiesto, faltaría más… Pero inmediatamente me pregunto: ¿si todos estamos en esa misma idea, por qué no se consigue?

Puede que sea una falacia cultural, una mentira institucionalizada, que aparece en Navidad como forma de expresión; parafernalia adquirida y asumida como una conducta social que hoy llamaríamos políticamente correcta. Pero me niego a pensar así. Creo que en el fondo, salvando los egoísmos personales y la hipocresía disonante con la lógica emocional, amén de esa especie de balance fin de año sobre la bondad y maldad de nuestros actos, a modo de juicio final anual, donde afloran los buenos sentimientos en contrapartida a los malos hechos que hemos practicado a lo largo del año, como un acto de contrición y arrepentimiento por los mismos, también cabe que sea un deseo firme de mejoría en todos los aspectos que gobiernan el mundo y lo condicionan.

Yo estoy convencido de que esos deseos que se manifiestan son verdaderos, que responden a una voluntad real de cada sujeto. No entro a valorar si cuando se desea un mundo mejor se habla del mundo inmediato, pues entonces habría que poner o definir parcelas… ¿Nos referimos al entorno familiar, al grupo de amigos y gente conocida, a la sociedad, estado o país donde vivimos…? ¿O acaso estaremos globalizando el deseo, para todo el mundo real, para los países subdesarrollados, para el tercer y cuarto mundo, para…? No sé, en el fondo puede que estemos ante una entelequia difícilmente razonada y razonable, dado que entra en colisión el deseo y nuestra conducta habitual. Pues si deseamos un mundo mejor cabría preguntarse si estamos dispuestos a renunciar a esa parte de cosas buenas que tenemos y disfrutamos para entregarlas a los que no tienen nada…

Además, surge una pregunta básica: ¿Qué entendemos cada uno por un mundo mejor? Podríamos estar hablando de un mundo donde toda la gente tuviera cubiertas sus necesidades básicas, o bien por otro donde nuestro entorno viviera mucho mejor que los demás. Claro que nos podemos referir a los bienes materiales, a la dotación económica, el recurso a las tecnologías; al progreso entendido como tener más cosas, más diversión, más vacaciones, viajar, ocio, etc. También podríamos orientarlo hacia los buenos sentimientos del ser humano, hacia la bondad y desarrollo de principios solidarios, amor, altruismo, entrega, responsabilidad, implicación, motivación, amistad, compañerismo, libertad, respeto, tolerancia, bonhomía… en suma, desarrollo de principios y valores orientados en el sentido de un ser más humanista.

Ahora me queda otra duda. ¿De todas estas cosas que he manifestado y de otras muchas que se os puedan ocurrir, cuales son las prioritarias? ¿Cómo se establece la taxonomía de lo importante, de lo que debe prevalecer sobre lo demás? Es evidente que subyacen principios, creencias y valores ideológicos y religiosos, a la par que la propia situación personal, que determinan o condicionan cada posición y, consecuentemente, lo que se entiende por un mundo mejor.

¿Qué diferencia habrá en la concepción de un mundo mejor entre un integrista religioso, sea musulmán, católico, judío, etc, y otros sujetos de la misma religión, por decir algo? Pero, ¿y entre un neoliberal, un socialista, un comunista o un fascista? ¿Acaso pensarán en el mismo modelo de mundo ideal un sujeto pobre, sin recursos básicos para subsistir dignamente, que un ricachón que rezume euros? Tampoco se parecerá mucho la posición de un banquero y a quien le han quitado su vivienda por no pagar la hipoteca, o entre un sujeto con un sueldazo y un pobre parado…

No, no es lo mismo. Por tanto, estando hablando de lo mismo, hablamos de cosas diferentes, aunque usemos palabras idénticas. Pero en el fondo, ¿no cabe la posibilidad de llegar a unos mínimos de consenso, de buscar un punto de confluencia donde podamos estar todos de acuerdo, aunque sea de forma básica? Yo creo que es relativamente sencillo consensuar ciertas cosas como es la supervivencia de la propia especie, la pervivencia del ser humano mediante la cobertura de sus necesidades básicas.

¿Podemos empezar desde abajo? Bien, pues vayamos a ello. Si somos solidarios, si sentimos amor por los demás, si queremos que nuestros semejantes tengan una vida medianamente digna, debemos llegar a la conclusión de garantizar la cobertura de unos mínimos que les permita vivir decentemente. Esos mínimos están en la cobertura de sus necesidades básicas y de ahí ir subiendo. Esta es una función solidaria que se debe canalizar por las organizaciones sociales de las que nos dotamos, sobre todo de los estados, los gobiernos y organismos internacionales que canalizan las inquietudes de los ciudadanos… Pero esto está visto que no funciona, pues los gestores no están por la labor.

Por otro lado, permitidme que tome como ejemplo la pirámide de Maslow, para centrar las necesidades básicas en la escala que propone. Es de una total injusticia social el no disponer, por parte de los estados y gobiernos, la cobertura de las necesidades básicas de subsistencia de sus ciudadanos, las fisiológicas propiamente dichas, las que garanticen la respiración, alimentación, descanso, reproducción y homeostasis…. Es decir, calidad del aire que se respira, de los alimentos en suficiencia, de agua potable y para higiene, de reposo y confortabilidad en las viviendas, de la homeostasis del organismo y su función excretora con sistemas homologados de eliminación de residuos, además de todo lo relacionado con la reproducción de la especie… Estas acciones no se pueden delegar en la caridad del pueblo, de la gente, o de las ONGs para perpetuar las injusticias y hacer de lavadora de conciencias, deben ser asumidas como forma de justicia social por los propios estados. No tiene sentido, como decía en mi entrada anterior, que se gaste grandes cantidades de dinero en medicina y no se gaste en la cobertura de estas necesidades. Claro que las multinacionales farmacéuticas y de aparatos médicos tienen mucho poder, siendo capaces de aterrorizar con la enfermedad, como han hecho en el caso de la gripe A, y el agricultor y la industria alimentaría no pueden ejercer ese chantaje emocional y político… Aquí hago enlace con el siguiente nivel de la pirámide, exigiendo a los estados y gobiernos la cobertura de las necesidades que se establecen en el mismo, las derivadas de la seguridad.

Por tanto, mi propuesta primera para hacer un mundo mejor, donde podamos coincidir todos y converger en una política social mínimamente aceptable, es que se garantice alimentación, higiene, vivienda, educación, cobertura sanitaria y cuantas necesidades sean precisas para acreditar una vida digna para todos y cada uno de los seres humanos, incluida, por supuesto, las mencionadas en el nivel de seguridad (ver imagen); lo otro, los deseos navideños enlatados en postales, son monsergas, brindis al sol o masturbaciones mentales que producen el placer de mi bondad supuesta porque digo esto, aunque haga lo contrario.

A partir de aquí podemos iniciar la elevación en los niveles de la pirámide hasta el último, la autorrealización. ¿No os parece? Estos son mis deseos reales y el inicio del modelo social alternativo al que nos quieren implantar. Mi optimismo, mi positivismo, lo enfoco en este sentido, huyendo del negativismo y el pesimismo que nos quieren imponer, tal como comentaba en mi entrada anterior. Espero el efecto de la profecía autocumplidora en esta orientación y no en la inversa… Entiendo que el ser humano está muy por encima de los intereses económicos de grupos, y su desarrollo personal es la base del desarrollo de una sociedad justa y de progreso real…

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Ocurrencia 18: Tener algo que decir y decirlo…


"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Oscar Wilde

Hace casi 20 días que no cuelgo nada en mi blog. No escribo para publicar, para compartir por esta vía. Pero son varias las causas que lo soportan. Por un lado esa apatía que a veces te invade; por otro, el agobio de las tareas que te requieren; también pesan las excesivas afluencias de ideas que manan impulsadas por la situación actual y acaban bloqueando la salida, como si taponaran la boca del envase que las contiene.

Es cierto, además de las tareas que agobian por estas fechas, las felicitaciones de Navidad, los correos que se presentan en tropel, las compras de regalos, preparación de las fiestas, demandas familiares y de amigos, comidas de hermandad y un largo etc… tengo la duda de cual es el tema a tratar, el que merece más la pena para escribir.

Dice Oscar Wilde: “Tener algo que decir y decirlo…” Pero hay tantas cosas para decir, tanto sobre lo que escribir que, como decía, quedas bloqueado. No sabes de qué hablar, de qué escribir…

¿Escribo sobre la posición del PP en su alocada marcha irresponsable hacia el poder, con sus subterfugios y manipulaciones mediáticas y su programa oculto de servilismo al neoliberalismo?

¿Lo hago sobre la traición del Psoe a sus principios programáticos y su bajada de pantalones ante los poderes fácticos de la banca, el capital y los organismos internacionales?

¿Tocamos el tema de la solvencia de nuestra clase política, de sus sujetos cínicos, del acorralamiento de los honrados y la prevalencia de los corruptos o acomodaticios?

Puede que un interesante tema sea el mundo sindical y su ineficacia y obsolescencia para dar respuesta a las demandas actuales y a los retos de la globalización y el proceso iniciado con la crisis actual

¿Acaso deshilo la trama de la gran falacia de la globalización, que han montado para que el capital y la empresa tumben fronteras a sus mercancías y acceda a la explotación de los menores y de los ciudadanos de los países en desarrollo sacando pingües beneficios?

¿O tal vez tocamos el tema de la democracia secuestrada por los poderosos, por quienes son dueños de la prensa, la banca, los créditos y el dinero que mueve el mundo?

Claro que podríamos hablar de la mierda que está soltando Wikileaks sobre las maniobras entre bastidores de nuestros dirigentes nacionales y mundiales. De cómo se nos engaña y manipula hasta conseguir el voto y hacer, luego, de su capa un sayo…

También podría escribir sobre por qué se garantiza al ciudadano un analgésico para quitarle el dolor y no se le receta un plato de comida para evitarle el otro dolor que produce el hambre y la miseria…

O por qué no se prioriza el gasto para garantizar las pensiones en lugar de derrochar el dinero en otras cosas…

Tal vez podríamos hablar de por qué los gobiernos no garantizan los derechos constitucionales a una vivienda digna, a la educación, al bienestar del la ciudadanía y gasta la pasta en salvar la banca y deja en la miseria a los desempleados y echa de sus casas a los hipotecados insolventes…

Y qué me dicen de los medios de comunicación que van idiotizando al ciudadano con banalidades hasta arrojarlo a la mediocridad y a la sumisión, siendo la voz de su amo…

También podríamos intentar desmontar su juego… el de los pasos que van dando hasta crear sensaciones y temores para conformar sujetos dóciles, sumisos, resignados, manejables, corderitos… La profecía autocumplidora, el efecto pigmalión, el modelado del hombre del futuro para servir al progreso, entendido como la riqueza material… Cuando no, los hechos consumados…

¿Y si trato la creación de un nuevo orden mundial en contraposición al que están fraguando los neoconservadores y sus adláteres?

Estoy convencido de que los cambios vertiginosos que está sufriendo nuestra sociedad son imparables, pero también son conducibles y orientables hacia el bien del colectivo humano y no de unos pocos… Tal vez haya que empezar a escribir sobre eso, para crear un nuevo espíritu de los tiempos que se contraponga al que nos están imponiendo…

El pensamiento positivo nos levanta, el negativo nos hunde. Ellos nos están haciendo pensar en negativo para que en la caída abismal nos conformemos con parar en algún sitio y nos lleven a su terreno, cuando la lucha debe ir por evitar la propia caída y huir de esa premisa. El poder del pensamiento está en generar la situación mediante su propia intención.

De todas formas, amigos y amigas, aquí os dejo mi confesión, para abrir un campo de reflexión pues seguro que vosotros también andáis preocupados por estos menesteres y en cómo hacernos más humanos, más desarrollados intelectual y espiritualmente.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Día internacional de la discapacidad


Hoy, tres de diciembre, se celebra el día internacional de la discapacidad. Un amigo bloguero me ha pedido una reflexión sobre el tema para sumarme a la reivindicación que pretende facilitar y hacer más llevadera la vida del discapacitado mediante su integración social, no solo desde la perspectiva convivencial, sino de la eliminación de las barreras físicas o mentales que les condicionan.

Yo estoy convencido de que el tema será tratado hoy de una manera amplia y se dejará de manifiesto toda una preocupación de la sociedad por definir esta problemática y ayudar a su resolución, pues el problema no es el discapacitado en sí mismo sino el cómo se resuelve y enfoca esta circunstancia que requiere actuaciones especiales para la integración en la vida social.

Dicen los sistémicos que la normalidad en una sociedad se define por una plataforma homeostática, es decir por la homeostasis, entendida etimológicamente como “posición similar”. Es esa plataforma la que determina qué se sale de ella y qué la integra, qué es lo normal y qué es lo anormal. Ello lleva a la concepción de sociedades más abiertas y tolerantes y a otras cerradas e intransigentes. Por tanto, existen posiciones inflexibles que siguen planteando la discapacidad como una anormalidad excluyente y no como una circunstancia vital que se da en determinados sujetos que la padecen, no ellos solos sino su entorno familiar y social, y que requiere adaptar la sociedad, tantos en sus principios y valores, como en sus estructuras, a esta realidad incuestionable. Es decir, la plataforma homeostática debe ser amplia para poder incluir estas condiciones como algo normal en una sociedad avanzada y coherente. El primer objetivo, por tanto, ha de ser sensibilizar a la sociedad sobre estas limitaciones para que tenga conciencia de esta situación y la acepte como un reto al que hay que darle respuesta sin exclusión.

Todos somos discapacitados en función de donde se ponga el listón o las líneas divisorias entre lo normal y lo anormal o del campo en que queramos entrar; yo personalmente tengo una discapacidad que me impide realizar determinadas actividades que deberían ser normales a mi edad. La misma OMS determina un 10 % de la población mundial como discapacitada en alguna medida. Pero… ¿Cuántos ineptos han ejercido, o ejercen, el poder sin ser declarados discapacitados para ello y sus actuaciones repercuten en toda una sociedad, incluso llevándolos a la guerra y siendo tratados como héroes por sus seguidores? Por tanto, me van a permitir que cuestione el modelo conceptual de discapacidad, no en los modelos orgánicos, que queda referenciada por la normalidad funcional del cuerpo humano, sino de los modelos sociales, que son los que subyacen en la problemática convivencial. Sin olvidar la discapacidad mental, que es una de las que tiene sus límites más difusos. Si entendemos al ser humano en su esencia biopsicosocial, colegiremos que se pueden dar en estos tres niveles dichas discapacidades; en el aspecto biológico, como ya he mencionado, queda definida claramente; en el psíquico se diluyen los límites y en el social aparece una variable muy importante y significativa como es el concepto de normalidad en función de los valores, creencias y principios que rigen esa sociedad, es decir en función de la cultura imperante y de su orientación al respecto.

En este sentido, no todos los cuerpos y mentes dan un mismo resultado en el ejercicio de su actividad, pero como hemos determinado el concepto de normalidad en función de la historia y de los parámetros habituales que hemos heredado del pasado, nos vemos atrapados en conceptos irrevocables que habría que empezar a romper. Entiendo que la discapacidad forma parte de la normalidad social y que ha de ser tratada como otro problema más a la hora de establecer políticas sociales.

No obstante, y saltando a otra banda, entiendo que el sujeto que tiene una discapacidad funcional desarrolla otras competencias compensatorias que son la envidia de los llamados capacitados (véase el video que coloco al final y busque en You tube casos similares, se sorprenderá). Conozco a personas que en su silla de ruedas han desarrollado potencialidades en el mundo del arte, de la pintura, la escritura, la poesía, el deporte o el uso de la razón sin más. Son mentes preclaras que han pasado por la criba de la indolencia social, por el trauma personal en su proceso evolutivo hasta que han logrado encauzar esa energía positiva que todos llevamos dentro y, con su voluntad y tesón, se han superado a sí mismo y a los demás mortales en las áreas que han cultivado.

Pienso que todos llevamos en nuestro interior un potencial energético al que hay que darle salida mediante las herramientas que nuestro cuerpo, que es el continente de esa energía, nos otorga; los sentidos, la intuición, la fantasía e imaginación, el razonamiento, los procesos cognitivos, etc. son los instrumentos que nos permiten ese desarrollo, pero si hay alguno alterado, incluso inservible, potenciamos los otros para compensar; son los colaterales que nos ayudan a cubrir esa función.

Desde aquí, hoy, quiero hacer un homenaje a esa gente maravillosa que, ante un reto tan importante, se supera, y nos supera, hasta llegar a niveles inimaginables, pero que no serían alcanzables si su voluntad no se impusiera a su desdicha, si su decisión claudica ante la desgracia haciéndole victimista, si no sabe que el todo es mucho más que una de las partes y que ese todo suple ampliamente a esa parte ausente. Mi admiración a los discapacitados que con su lucha personal han superado su limitación y mi apoyo y aliento a los que están en ello. A la sociedad solo le pido que se unan en este apoyo y aliento y lo haga explícito.



miércoles, 1 de diciembre de 2010

El gran casino europeo


Hace cuatro días que no cuelgo entrada. Hoy tocaba, no por que tenga establecida una cadencia, sino porque me apetecía. Pero son tantos los temas que se me agolpan, tantos los estímulos y noticias, que no sabía si hablar de mi recién descubierto arte declamatorio, tras mi virginal experiencia de hoy en la AME con mi poema Rosa de amor, donde he recitado por primera vez en mi vida ante el público, aunque fuera poco; o bien dar un grito de denuncia sobre los políticos irresponsables que ya no sabe uno a quien sirven con sus declaraciones y estrategias de acoso y derribo; o una reflexión sobre el arte del dominio sobre los seres humanos desde el poder establecido mediante el manejo de las necesidades; o si acaso de los flujos que está generando la globalización y sus vasos comunicantes y la gestión que se hace de los mismos para el enriquecimiento de unos pocos; aunque tampoco estaría mal hablar de la renovación del contrato convivencial de las parejas para la tercera edad o etapa final de la vida…

No sé, puede que lo haga en otro momento, pero hoy he recibido un correo con este You tube que quiero compartir con vosotros y que cada cual saque las conclusiones que estime convenientes. En este espacio puedes dejar el comentario que te despierte para compartirlo con los demás.