lunes, 30 de agosto de 2010

Viaje a EE. UU. (V) (New York, New York...)



La visita a Nueva York, como las anteriores y serían las posteriores, fue muy especial. Los prejuicios sobre la gran manzana orientaban las expectativas hacia un orden determinado. Esperaba una macrociudad difícilmente comprensible y habitable, como un gran espectáculo de magnitud y diversidad, con sus grandes avenidas y el bullicio de una urbe que crece en verticalidad y hace que sus habitantes se derramen por las calles, desde los rascacielos.

Días terriblemente calurosos, de sudor y hastío, de fatiga y cansancio por el avaricioso caminar, amparado en el tiempo recortado para conocerla. La primera impresión es de insolvencia. Insolvencia para conocer tanto en tan poco tiempo, para comprender un conglomerado de razas, idiomas y culturas que la condicionan, para abstraerse de la realidad europea e introducirse en un nuevo mundo que las películas no pudieron plasmar con esta vivencia de los cinco sentidos. Lo vivido con la vista (bidimensional) y el oído no da pábulo a la realidad de esta macrociudad. El olfato, el tacto y el gusto, amén de todo lo relacionado con la propia cinética que transmite el movimiento por sus calles, hacen que sean indescriptibles las emociones que despierta. La primera es la sorpresa, el ooohhh!!! que se desprende de su visión imponente; la segunda es la nimiedad de uno mismo ante tanta dimensión y grandiosidad, ese complejo que generan las grandes cosas que nos dejan pequeños e insignificantes; luego está la confusión, la desorientación producida por sus macroedificios y grandes avenidas, que solo un buen mapa y la capacidad de interpretarlo pueden neutralizar. Vivir el orden del caos es complicado, hasta que le encuentras sentido al propio caos y su orden.

New York, New York… Sí, porque hay dos New York. El New York pudiente, de los rascacielos y las grandes avenidas, de la teatralidad y las limusinas, del poder económico y Wall Street, de los yuppies y su grupo social con su propia subcultura dentro de la dominante. Luego hay otro New York de la periferia, donde es más abundante la miseria, la suciedad y la marginación, con viviendas deficitarias en comodidad, donde habitan las clases más pobres y discriminadas. En estos casos existe un cambio sustancial de imagen y arquitectura. Los edificios son más bajos, de diseño imaginativamente pobre, a veces las viviendas se ubican en naves industriales reconvertidas y la confortabilidad brilla por su ausencia.

Ambas están unidas por el metro, en una entramada red, que permite un movimiento continuo bajo tierra, para comunicar todo el espacio urbano. Nosotros, dado nuestro poder adquisitivo, optamos por alojarnos en un hotel de Brooklyn. Era cómodo y estaba bien comunicado, aunque aconsejaban el acceso siempre por la parte delantera, sobre todo por la noche. Pasar por debajo del East River para llegar a Manhattan, a caballo de un metropolitano cargado de gente, de distinta raza, credo, idioma y procedencia, es un ejercicio de universalidad. Indios, paquistaníes, asiáticos, caucásicos, afroamericanos, iberoamericanos y europeos en un mismo vagón recorriendo la vida cada día, con un mismo destino, o similar, el final del viaje… En este punto se da una extraña contradicción entre solidaridad y desconfianza, entre compañerismo de la vida y reticencia ancestral.

Todo queda en la memoria, pero lo que más impresionó toma protagonismo y se implanta con más fuerza. Visto lo dicho, quedan otras cuestiones que se fueron viviendo a la par del tórrido día. Times Square de día con el bullicio y de noche con sus luces de neón, Central Park con su arboleda que la trasmuta a otra dimensión, Rockefeller Center con su ostentosidad esplendorosa como ejemplo de lo pudiente del dólar, sus cementerios urbanizados e integrados en la urbe, sus grandes avenidas y colosales edificios que no te dejaban ver con soltura la luminosidad del cielo. Luego está la vista impresionante de esa inmensa ciudad postrada a tus propios pies, para ello has de subir al Empire. Desde el piso 86 New York parece de juguete, una ciudad construida como para jugar con ella. Es una fantasía que nos eleva y vuelve a dar el poder del hombre sobre la materia. Se siente uno superior y admirado a la vez. El giro de los 360 grados, que nos ofrece la terraza, nos permite una visual de la totalidad desde una perspectiva increíble. Las máquinas de fotos disparan como ametralladoras, todo parece y merece ser retenido. Entonces aflora la fantasía de King Kong en su titánica resistencia a la civilización y sus máquinas.

Luego hay otro sector de New York que tomó y tiene su propio protagonismo. Con su trauma de agresión y sinrazón que quedará para siempre en los anales de la historia. Se trata del entorno de la zona cero con sus otros rascacielos, Wall Street, Battery Park y sus jardines cargados de recuerdos a los norteamericanos muertos en II Guerra Mundial. El barco que nos acerca a la estatua de la Libertad (Mis Liberty) y al museo de la Inmigración en Ellis Island. New York desde el mar tiene otra perspectiva. Un horizonte artificial, modelado por infinidad de edificios mastodónticos, reta a la lógica del ecosistema y lo convierten en una inmensa masa donde se conjuga arquitectura humana con la arquitectura de la propia naturaleza en pugna desigual.

Y sobre todo, la gente, tan diversa, tan polifacética y heterogénea, tan extravagante y poliédrica… rara para el viejo mundo. Ese deambular anárquico por las calles, como obnubilados por la presencia de la urbe, como atrapados en un mundo irreal que nos llevan a otra realidad desconocida. Sujetos solos, subgrupos, grupos y gente diversa caminando por las calles al amparo del deseo de conocer la ciudad, de comprar y de disfrutar de esa visión incomparable que proporciona. Un mundo de contraste que lleva su carga de venenillo, de droga que engancha y te transporta a otra dimensión. Y es que esta ciudad de obesidad y anorexia, de blancos y negros, de altos y bajos, de infinidad y nimiedad… es un señuelo sugestivo para saltar a otro lado, a otra dimensión de la vida, donde se conjugan contrastes, injusticias, riqueza y pobreza, convivencia y desavenencias, en un ordenado caos que atrapa como un conjuro ritual de reto a lo desconocido. ¿Qué bello espectáculo! Pero a mí no me gustaría vivir aquí, al menos eso pienso de momento…

Mas el turista tiene su forma especial de ver las cosas y puede que no sea como lo describo, aunque yo lo viera así y procesara cognitivamente los estímulos que fui percibiendo, llevándome a esta visión. Lo visto y vivido es poco, los prejuicios de las informaciones previas muchos y el conflicto entre lo habido y lo esperado es conveniente digerirlo. Fueron dos días para la memoria y el conocimiento de la ciudad, poco como ya decía, para tener una visión concreta.

Finalmente, hay otro último aspecto a reseñar. Una suculenta comida a base de costillar (ver foto), la necesidad continúa de agua para combatir el impresionante calor, el paseo con el Bus Turístico, la cena en un restaurante italiano con piano de fondo tocando baladas, el paseo por Central Park, las compras en Times Square y la calle 14, junto a la cervecita reparadora a la que se recurría de cuando en cuando y las fotos intentando plasmar las imágenes para que la memoria no nos traicionara más tarde. El musical de rigor, en Broadway, se quedó para otra ocasión.

Y ahora la vuelta. Mañana nos espera un día más relajado, iremos a visitar los estudios de TV donde trabaja Richard y un recorrido por Lancaster para ver como viven los amish y su campiña…Para distraeros os dejo un Slide con mis fotos y un video de You Tube con New York, New York, por Frank Sinatra.










sábado, 28 de agosto de 2010

Viaje a EE. UU. (IV) (Longwood Gardens)



Longwood Gardens (Pensilvania)

El
Jardín botánico de Longwood ó Longwood Gardens es uno de los jardines botánicos más importantes de los Estados Unidos de América. Este jardín tiene unos 1.050 acres (4.2 km²) de jardines, bosques, y prados en Kennett Square, Pennsylvania, en el Valle de las Parras de Brandy (Brandywine Valley). Fue creado por el industrial Pierre S. du Pont, en 1906. Ofrece 20 jardines al exterior y 20 jardines en interiores, con 16.000 m² de invernaderos con temperaturas controladas, conocidos como conservatories. Nos encontramos con 11.000 tipos diferentes de plantas agrupadas, con puntos de información explicativos y numerosas fuentes. (Datos extraídos de Wikipedia)

El día 4 de julio, fiesta nacional de los EE. UU. nos desplazamos para visitarlo y ver el espectáculo de fuegos artificiales que se daba en él. Calculo que habría cerca de 10.000 personas en el recinto. Curiosamente, cada uno llevaba su silla plegable, con reposa brazos y, a la altura de la mano, un receptáculo para colocar el vaso. Nos colocamos perfectamente ordenados en filas que se fueron formando conforme llegaba más gente. Me llamó la atención el orden y el respeto con el que se desenvolvió todo y la perfecta formación final. Creo que, los norteamericanos de Pensilvania al menos, saben vivir y respetar los espacios correspondientes para que cada cual tenga el suyo.

Una vez colocados nuestros asientos nos fuimos a visitar los jardines con sus invernaderos (conservatories, como hemos dicho). Nunca vi tal magnitud de flores, sobre todo orquídeas, pero de las más variopintas presencias, de belleza sin par y perfectamente cuidadas y ordenadas. Las instalaciones eran estupendas, bien estructuradas y preservadas. Durante dos horas fuimos conociendo todo un elenco de flores y plantas, junto al entorno apropiado, que nos atrapó, hasta que los pies nos indicaron su queja por el esfuerzo al que los estábamos sometiendo.

Visto, lo visto, nos aprestamos a ver el espectáculo de los fuegos artificiales que, al ritmo de la música, se elevaban y explosionaban como granadas luminosas, dando vida a los Oooohhhh!!! de asombro de los concurrentes… Durante media hora continuó el espectáculo, que me recordaba a los fuegos de la feria de mi Málaga, pero en este caso los pude ver sentado y sin pisotones ni aglomeraciones insoportables.

Concluido todo nos volvimos a casa un día más, con el cansancio y la satisfacción peleando, entre ellos, por haber sido los protagonistas finales del día. Mañana será otro día en el que nos espera Nueva York.

Hoy os dejo un Slide para que os recreéis con las imágenes de tanta y preciosa orquídea y demás, junto a su entorno…
Las fotos son una recopilación de las hechas por Richard y mías.




Viaje a EE. UU. (III) (Atlantic City)


Atlantic City
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El viaje a Atlantic City fue un poco más accidentado. La idea era pasar por Cape May, comer por la zona y ver una excelente puesta de sol que se observa desde el lugar, además de visitar la ciudad de Atlantic City.

Considerando que era sábado y tres de julio, víspera de la fiesta nacional de los EE. UU. y que hacía un espléndido día de playa, se lanzaron a la carretera innumerables vehículos… como aquí con la afluencia de la Andalucía interior en busca de Fuengirola, Benalmádena, etc… pero con más caravana. Prácticamente un bloqueo. Al final, tras desistir de la visita a Cape May y Villas en la bahía de Delaware, sorteamos atascos y nos dirigimos a Atlantic City.

Por el camino fui fotografiando los campos y casas que se esparcían a lo largo de la carretera. En un momento dado me percaté de que estábamos a media milla de Malaga… ¡O dios!!! Ya estamos en casa y no hemos pasado el charco… luego rehice el pensamiento y vi que ésta Málaga va sin acento y debió fundarla algún andaluz despistado, procedente de Málaga, que pululó por aquellos lares y no dominaba el uso del acento… Digo yo…. Observar en las fotos las interesantes construcciones de casas que fuimos viendo por la carretera.

Atlantic City es una ciudad costera de Nueva Jersey de gran atracción turística e importantes casinos. Le podríamos llamar las Vegas de la Costa. Su paseo marítimo es muy visitado y está jalonado por bellos y algunos curiosos edificios, como podréis ver en las fotografías. Las gaviotas revoloteaban a nuestro alrededor familiarizados con el gentío que deambulaba por el paseo.

Allí comimos y degusté el famoso Philadelphia cheesestea, un sándwich de tiras de carne con queso, típico de Filadelfia, que me hizo comprender cómo se veía tanta gente con exceso de peso, como podréis ver en alguna foto.

No nos dimos al juego porque no era deporte o asunto de interés para nadie del grupo, pero visitamos algunos casinos para ver su decoración y bullicio. Eso sí, en las máquinas tragaperras no se podía jugar menos de 5 dólares…

Al final decidimos ir a Filadelfia a cenar en un restaurante japonés, con una perspectiva envidiable, para ver los fuegos artificiales… mañana sería 4 de julio. Es espectáculo, tanto del artista cocinero japonés y sus malabarismos sobre la plancha, con los instrumentos propios del oficio, como de los propios fuegos artificiales, fue espléndido.

Volvimos cansados a casa, pero contentos… Mañana sería otro día…






miércoles, 25 de agosto de 2010

A mi padre


(Mis padres con 17 años)

Me vais a permitir que rompa el sentido de este blog, aunque se mantiene en el fondo, y haga un homenaje a mi padre. En todo caso, estamos hablando de mis cosas, las Cosas de Antonio, como se llama el blog. Hace 5 años que falleció y creo que se merece que plasme en este espacio el sentimiento por su ausencia. Uno ya anda mayorcito, cargado de experiencias y en un estadio cercano a la madurez psicológico, sigue llevando en su interior el componente humano que nos hace reconocer y expresar sentimientos hacia las personas que fueron cuajando nuestra propia vida.

(Mi padre con 25 años)

Mi padre, Antonio Porras Molero (lo pongo con todas las letras porque me llenan la boca), fue un hombre que vivió una etapa y un contexto social nada apetecible, difícil. Nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga), en 1920 en el seno de una familia pobre y trabajadora del campo, que conjugaba su labor, en su pequeña huerta familiar en la Aceña, con la labor prestada a otros a bajo salario, huérfano de madre a los 12 años, como hermano mayor, fue sorprendido por la temprana responsabilidad de implicarse en el sostenimiento de su propia familia.

De escasa escolarización debido a ello, siempre tuvo la inquietud por desarrollar su saber. Autodidacta en parte, llegó a los 18 años con escasa formación. Llevado a luchar, en una guerra fraticida, en contra de sus principios e ideales, el ejército franquista le movilizó con 17 años, contra su voluntad, pare servir a los intereses de aquellos con los que no comulgaba. Él, de ideología socialista, se vio forzado a luchar en el bando opositor, contra sus primos y familia que lo hacían por defender la República. Siempre me comentaba que cuando estaba en el frente nunca tiraba a dar, por si había en el otro lado alguno de sus primos y podía herirlo, aunque en el fondo creo que era porque en la otra trinchera estaban los suyos…

El régimen supo instaurar en esta generación el miedo y la sumisión al sistema. Recuerdo aquellos jodidos señoritos que iban como dioses, pensando que sus trabajadores no eran hombres libres, sino siervo de gleba, sometidos a su antojo. La necesidad de pan para sostener a la familia, y el miedo, eran instrumentos suficientemente potentes para quebrar voluntades, salvo raras excepciones. Desde esa humillación, sus propios hijos sufrimos las consecuencias. Se nos fue enfrentando a nuestra nimiedad hasta hacernos pensar en plan clasista, sintiendo la sumisión de una clase pobre a otra pudiente.

Más él, se enfrentó al reto del aprendizaje de forma ejemplar. Aprendió a leer y escribir casi correctamente (pocas faltas de ortografía tenía para aquellos tiempos), dominó al cálculo matemático necesario para su actividad (aquello de las cuatro reglas y algo más) y le entusiasmó la historia. Era maestro de todo ello para nosotros, como si quisiera transmitir el deseo frustrado del conocimiento. Sabía con precisión fechas históricas de especial relevancia y nos explicaba, como complemento a la formación escolar, aquellas cosas que creía convenientes para nuestro saber. Siempre pensé que había sido una mente perdida, desaprovechada, por la injusticia social, por la falta de igualdad de oportunidades. Si hubiera nacido en otra familia hubiera podido optar a cualquier carrera profesional que le gustara. ¡Cuántas mentes se perdieron a lo largo de la historia por estas circunstancias de clase!

En el fondo, su actitud fue determinante para mi propia vida. Me inoculó el deseo de superación y el ansia del conocimiento, el espíritu crítico y la receptividad, la independencia como librepensador y el sosiego para elaborar las ideas sin apasionamiento, aunque ello no siempre sea posible. Creo que consiguió algo que casi todos buscamos en nuestros descendientes, proyectar el propio espíritu y propósito de vida hasta llevarnos a desarrollar, a través de ellos, nuestras potencialidades frustradas.

Por eso, hoy, yo me siento él. Por eso, hoy, desde mi recuerdo, quiero hacerle este homenaje tras sus cinco largos años de ausencia. Mis éxitos se los brindo y mis fracasos me los quedo como incapacidad por no haber sabido llevar a término sus enseñanzas. En algún caso me comentó que nunca él había soñado tener un hijo con dos carreras, profesor de la universidad, sobre todo en aquel contexto de caciquismo en que vivió bajo el régimen opresivo ejercido en la posguerra. No supo nunca que cada meta que yo conseguía se la dedicaba a él, tal vez por eso haga esta entrada en mi blog, para lanzarlo a los cuatro vientos y que su espíritu tome nota de ello…

Hoy, querido padre, te sigo echando de menos y cada día que vuelvo a casa de viaje, me salta el chip de llamarte para decirte que ya estamos de vuelta, que no te preocupes, que estamos en casa sanos y salvos. Pero, sobre todo, para darte las gracias y decirte que, en la carrera de la vida, cogí tu relevo y anduve la parte de mi recorrido conforme a tus ideas, fraguando en mis hijos ese intento de superación diario que les eleve como personas y ayude a desarrollar sus potencialidades, como tú defendías con tus obras y palabras. Espero que ellos sepan seguir en ese camino hacia la superación… ahora, tus biznietos, también empiezan a jugar en esa línea.

(A los 78 años)

martes, 24 de agosto de 2010

Nacidos para se libres


Como ya sabéis muchos y muchas de quienes suelen visitar este blog, acostumbro colgar, de cuando en cuando, una entrada en un blog que compartimos un importante grupo de amigos y amigas, llamado “Grito de lobos”. Es un lugar de encuentro de librepensadores donde expresamos nuestras ideas y sentir para compartir con los visitantes y contar con sus inapreciables comentarios.

En este caso, mi entrada se centra en la reflexión siguiente:

“El ser humano, nacido para ser libre, es modelado por la sociedad para ser siervo.”

A partir de ella elaboro una somera visión del sistema, su historia y su análisis… Te invito a visitarlo, leerla y comentarla, si te apetece. Pica
aquí para ello… o entra en: (http://gritodelobos.blogspot.com/2010/08/nacidos-para-se-libres_25.html)

viernes, 20 de agosto de 2010

Viaje a EE. UU. (II) (Filadelfia)

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Filadelfia (Pensilvania)


Es una ciudad sorprendente. Ya la visitamos la noche anterior, pero desde el coche, viendo sus edificios iluminados y sus calles, pero sin parar, de tránsito. Volvimos al día siguiente, dos de julio, para disfrutar de sus calles, sus plazas y su gente.
Eran los preparativos del día de la independencia, el 4 de julio. Ese es el día más grande que se celebra en los EE. UU.

Filadelfia está en el estado de Pensilvania, aunque no es su capital, pues ésta radica en Harrisburg, una pequeña ciudad de unos 50.000 habitantes en el año 2000, es la ciudad más importante del Estado, no solo por su tamaño sino por su historia.

Pensivalnia formó parte de las treces colonias que constituyeron los Estados Unidos de América en 1776 con la redacción de su Constitución y en Filadelfia se reunió el Primer Congreso Continental en 1974. Por tanto, Filadelfia tiene un peso específico muy significativo en la historia de los EE. UU.

Es curioso como se fragua Pensilvania. El rey Carlos II de Inglaterra le debía 30.000 libras al almirante Penn, por lo que le otorga a su hijo William Penn, una carta de derechos sobre ese territorio en compensación a la deuda, dando lugar al nombre como contracción de Penn y selva. Es frondosa y selvática su orografía.

Hay una interesante condición que la hace singular, referente a la tolerancia religiosa.
Refiere Voltaire, hablando de William Penn, que: “El nuevo soberano también decretó varias leyes sabias y beneficiosas para su colonia, que han permanecido invariables hasta este día. El mandatario está, no para maltratar a ninguna persona debido a su religión, sino para considerar como hermanos todos aquellos que creen en un Dios”.
Dado que Penn era cuáquero (Sociedad Religiosa de los Amigos), se entiende esta posición. Esta es la base que permitió encontrar un pequeño paraíso a las diversas religiones perseguidas en Europa. Los Amish y/o Menonitas de raíz anabaptista, están muy arraigados en el lugar, sobre todo en el condado de Lancaster. Si acaso, más adelante tocaremos el tema y presentaré alguna foto “robada” de su forma de vida.

En la visita tuve deferentes sensaciones. Por un lado la arquitectura paradójica de sus barrios y su centro. El barrio de casas bajas, entrada al sótano para el carbón, dos plantas con balcones cerrados en semicírculo para el ojeo, su llamativa fachada y su bandera americana en gran número de ellas. Curiosamente, los cables del suministro eléctrico solían estar al aire, como en los viejos tiempos. El centro colmado de altos edificios, bien urbanizado y monumental, con amplios jardines y limpias avenidas. El río, que desemboca en la Bahía de Delaware, está cruzado por varios puentes, pero sobre todo me llamó la atención el de Benjamín Franklin, que une Filadelfia con Camden, en Nueva Jersey. Otro aspecto son los cementerios abiertos en medio de la ciudad, como un jardín más, perfectamente urbanizados y limpios.

Su original bus turístico, llamados patos, reclama la atención. Son vehículos anfibios de desembarco, que fueron desechados por el ejército y convertidos en un medio de transporte que pasa de tierra al agua en un santiamén. Por tanto, paseas en ellos por las calles y después te lanzan al río en plena navegación para ofrecerte otra visión de la ciudad. Muy espectacular el viaje. Tuvimos suerte, pues al día siguiente de nuestra experiencia se produjo un accidente, por colisión en el agua, y un pato se hundió dejando dos desaparecidos, de los que se encontraron los cadáveres más tarde. Es curioso que la conductora debería tener cerca de los 70 años, charlaba y animaba, dando información del recorrido de forma directa y nos hacía tocar un pito que imitaba el graznido del pato. Música de fondo y ¡oh sorpresa! la Macarena y los Pajaritos… como en casa, vamos…

Otras cosas a reseñar: la campana de la libertad, el lugar donde se reunió el congreso y donde se redactó la constitución, los graffitis en alguna calle del centro como forma de expresión artística, la acampada comemorativa de la independencia delante del National Constitution Center, la pluriculturalidad y diversidad de razas, el contraste de los barrios pobres de la periferia y un largo etc. inexplicable… pero sobre todo, el orgullo de la gente de ser los fundadores de los EE. UU. y su idiosincrasia, incluso en el lenguaje a lo Pato Donal del guía que explicaba la historia del primer congreso.

El día tres por la noche, después de visitar Atlanti City, volvimos a cenar a la ciudad y ver los fuegos artificiales en la bahía desde un restaurante japonés en alto y acristalado. Fue un excelente espectáculo, no solo por la maestría que mostraba en cocinero sobre la plancha incorporada en la mesa, que a veces acojonaba con las llamaradas, sino por la visión privilegiada de los fuegos.

PD: Para ver bien las fotos es aconsejable clicar en "Ver todas las fotos" y una vez cargadas hacerlo en "Full Screen". Elimínese la propaganda en la crucesita de la misma y déjense pasar o contrólense a gusto del consumidor.





jueves, 19 de agosto de 2010

Viviendo el verano



(Esto es un rebujito)


No siempre domina uno su tiempo. Es más, casi nunca se consigue gestionarlo adecuadamente. Es natural que modifiquemos las previsiones y prioricemos en función de las circunstancias que van apareciendo. Por eso ando fuera de juego, sin colgar entradas al ritmo deseado, sin hacer visitas a los blogs de los amigos y amigas. El verano trastorna la marcha normal. Es mucha la gente con la que te reencuentras. Son viejos amigos y familiares que vuelven de su destierro forzado por la emigración de los viejos tiempos.

Durante la feria de mi pueblo, Cuevas de San Marcos (Málaga), se suele producir ese reencuentro. El día 11 se realiza un acto de homenaje al emigrante. Se presenta un espectáculo en su honor. En él actúa el Coro de la Peña Flamenca, la Academia de Baile y Danza del pueblo, nativos aficionados del cante, baile y toque de guitarra y algún grupo profesional de danza o cante. El acto lo organiza el Ayuntamiento contando con la Peña Cultural Flamenca. Después, el 12, se inicia la feria hasta al día 15 con un programa de festejos propio de estos eventos.

Este año, se me pidió que realizara un video en homenaje a los emigrantes, parecido al que ya hice en 2007. Eso me ha llevado bastante tiempo y es, en parte, la causa de mi abandono bloguero. Además del prólogo y epílogo, lo dividí en cuatro partes: una con más de 100 fotos de los años anteriores a la emigración, donde se reconocieron muchos de los emigrados en su juventud; otra con fotos de las diversas ciudades que les recibieron; la tercera con fotos de los emigrados en su lugares de destino y la cuarta con fotos actuales de pueblo.

Intenté acoplar la música al mensaje que quería transmitir en cada una de las etapas. Para la primera coloqué dos bulerías, una titulada “Madre venda usted la mula” de Calixto Sanchez y la otra Al Alba de José Mercé, después, para culminar esta fase, coloqué La Murga de los Currelantes de Carlos Cano, como una denuncia de los viejos tiempos, de la necesidad de autonomía para hacer currar a los señoritos y demás; para la segunda parte puse España Camisa Blanca; en la tercera, referida al proceso migratorio, coloqué Resistiré, del Dúo Dinámico y para la cuarta elegí Sola, de Diana Navarro. La proyección duró 24 minutos y hubo quien soltó su lagrimita de emoción al verse joven, o ver a su familiar ya fallecido… Mi lágrima saltó con el recordatorio a mi padre y el aplauso final. Entonces pensé que ya se va uno haciendo mayor y se aflojan los esfínteres y el lacrimal ante cualquier emoción.

Me vais a permitir que exprese el porqué elegí las bulerías “Madre, venda usted la mula” de Romances de tierra adentro. Son viejas historias de un tiempo pasado, donde el hijo quiere que la madre, viuda, le dé permiso para volar, para cambiar la historia de su casa mediante la jaca y su cometido, en lugar de la mula y su trabajo del campo… Le promete mejor vida. Dice así:

Madre venda usted la mula,
compraremos una jaca,
que yo tengo quien me fíe
en Gibraltar una carga.

Mis hermanas vestirían
de seda, como las damas;
usted, mantón de Manila
que los flecos le arrastrarán.

Al sonar el cañonazo
estaría listo en la playa
con mis dos perros regalgos,
con mis cuerdas y mi enjalma.

Antes que apuntara el día,
subiendo Cuesta las Cabras,
y en cuatro jornadas justas,
entre Morón y Paradas,
que son tierras de campiña
en donde corre la plata.

Y con cuatro días de venta
y otros cuatro de jornada,
yo en Benaoján de vuelta
y en el cinto veinte jaras.

Esto es otro proceso evolutivo, esa fuga de la miseria y explotación del campo, en un vuelo de fantasía juvenil que solo tiene una dirección, donde la única vuelta es la acompañada del éxito … Puede que si no se es andaluz, cueste comprender la Andalucía profunda, la del campo y el sometimiento al poder latifundista del conquistador del norte, que se repartió las tierras entre sus nobles colaboradores y trajo al campesino a servirles desde la concepción de siervo, marginándolo y explotándolo, bloqueando el desarrollo y los intentos revolucionarios de mejora y libertad, las ansias de volar, que encontraron sus alas en la emigración a las tierras del norte o de la capital. Andalucía es una tierra singular que lucha con la losa del pasado, sabedora de que su gente guarda más de lo que le permiten dar de sí.

El resto del tiempo, aparte de hacer alguna copia del video para los amigos que me lo fueron solicitando, me dediqué a disfrutar de la familia y amigos. Un buen rebujito, cervecita fresca, el típico tapeo y copita moriles, contando anécdotas y vivencias con los amigos y colegas… Mis nietos y mis hijos, la minipiscina y el juego, la fresca noche del patio de mi casa… Esto debe ser vida… Y en algún momento me acordé de mis amigos y amigas blogueros/as y de facebook, de… no pongo nombres, pero tú, que siempre dejas los comentarios en mi blog, estabas entre ellos. Entonces brindé por vosotros y me propuse contároslo para general conocimiento del hecho, jejeje…

También, desde aquí, quiero unirme a ese homenaje a los emigrantes, pero sin olvidar a los inmigrantes que reviven esas experiencias por las que nosotros pasamos y que parece, a veces, que hemos olvidado.


(El coro cantando)

miércoles, 4 de agosto de 2010

Viaje a EE. UU. (I) (La ida)

La ida

Esta serie de entradas sobre el viaje a EE. UU. tienen por objeto hacer un pequeño reportaje con el fin de revivir esos momentos y dejar constancia de los mismos para uso personal y para quien quiera acompañarnos de forma virtual, ya que han sido bastantes las personas que me han pedido lo haga así. Tengo un cierto pudor, lo reconozco, por lo que pueda tener de pedante y la lectura que pudieran hacer algunas personas que no tienen posibilidad de hacer este tipo de viajes, pero me parece más oportuno, una vez desvestido de este aspecto, dejar que la gente que quiere a uno disfrute de nuestra mano, aunque sea virtualmente.

Como la dicha nunca es completa, el viaje me ha costado una flebitis que me impide aún poder estar mucho tiempo sentado delante del ordenador, por lo que muchos/as habréis echado de menos mis visitas a vuestros blog, como suelo hacer habitualmente. Ruego comprensión ante mi falta de actividad cibernáutica.

Bueno, el Slide muestra varias fotos de la ida. Me gusta viajar en la ventanilla del avión y tomar fotos de los paisajes. La calidad no es muy buena pero la sensación de volar sobre la tierra, de observar lo nunca visto y de tener una visión de totalidad algo más completa es un aliciente. Siempre me gustó tener una concepción de las cosas de forma holística y desde el aire se acerca algo más a la visión del todo, que completa esa otra desde la superficie.

El viaje lo iniciamos en mi ciudad, Málaga, que cuenta con una nueva Terminal de diseño moderno y espaciosidad impresionante; allí tomaos el vuelo hasta Madrid, dónde esperamos un par de horas al vuelo a Londres. Tuvimos tiempo de tomar algo y pasear por la magnífica estructura de la Terminal T4 y ver la panorámica de las Torres de Madrid (la foto cercana que hay de ellas no es mía, la saqué de Internet).

Dado el que el vuelo salió con retraso de Madrid, perdimos, en Londres, el enlace con Newark y tuvimos que gestionar el traslado en el siguiente vuelo. Yo, que solo domino el inglés si es bajito y se deja, empecé con cierta dificultad para entenderme con ellos hasta que apareció el regalo del cielo, un chico de EE. UU. que iba al mismo destino y que estudiaba Filología Hispánica en la Universidad de Alcalá de Henares. Desde aquí, gracias Javi, aunque su nombre verdadero creo que era Scott o algo así.

Resuelto el trámite, salimos en vuelo al otro lado del charco con dos horas de retraso. Vista por la ventanilla: Londres, sus alrededores, la verde campiña inglesa, Irlanda, el amplio Atlántico, las nubes jugando a formas caprichosas… (algodón, nieve, montañas, claros insinuantes de mar o de tierra…), las costas de Groenlandia, el verdor y los lagos del inmenso Canadá, Boston, nos acercamos a Nueva York, al fondo Long Island, y tomamos tierra en el aeropuerto de Newark. Allí nos esperan Frank y Eva, que tras los abrazos y saludos afectuoso propios del encuentro, nos llevan a casa, pero antes entramos en Filadelfia para conocerla de noche, con sus edificios y el puente que la une a New Jersey iluminados.

Al fin en casa. Anécdotas del viaje, alegría del encuentro, brindis con una copa de Oporto y conocer el programa para los próximos días… buena química, como se suele decir, entre los cuatro… El programa promete. Mañana será otro día… a dormir, hasta mañana.