viernes, 30 de octubre de 2009

Contraste de luna


Hablaba yo, en un post anterior, de nuestra característica de ciclotimia, ese cambio cíclico de humor y estado de ánimo que suele acompañarnos a todos en el devenir de la vida. Yo siento, no se si vosotros también, que hay veces en que me apetece escribir poesía, otras ensayo o reflexiones, otra relatos, ocurrencias, etc. Luego están los temas. El amor, la política, la religión, la psicología, sociología, etc. Al fin y al cabo, todo ello forma parte importante de la vida y merece nuestra atención. La inspiración es algo que aparece y desaparece, las ganas de escribir son variables y no siempre anda uno en condiciones de plasmar una idea sobre el papel, bueno sobre la pantalla con estas tecnologías.

La poesía, al menos para mí, que siempre me definí como polifacético (polifacético es aquel sujeto que abarca mucho, aunque poco aprieta), pero sobre todo como librepensador, conlleva el arte de la empatía. Contiene esa capacidad de ponerse en un lugar determinado, en unas circunstancias específicas, con vivencias imaginarias y fantásticas o fantasiosas, que te hagan vivir lo no vivido, o lo vivido, según te apetezca expresar. Hablar de amor o desamor, de encanto o desencanto, de belleza, de todo aquello que te produce desazón, alegría o despierta emociones. La forma de transmitirlas es la clave, pues el asunto está en conseguir que la persona que te lea, u oiga, sienta lo mismo que tú. Por tanto, es el sublime arte de compartir emociones.
Si hurgamos en nuestro interior encontraremos el universo, el cosmos de la energía concentrado en tan poco espacio. Las leyes universales se dan de forma macro o micro, pero son las mismas. Buscar en nuestro interior es descubrirnos, sacar a relucir las potencialidades que tenemos y, sobre todo, elicitar la proyección universal que nos hace inmensos, integrantes natos de un todo incuestionable que se da en la naturaleza, en el conjunto y la integridad de la vida. Ser poeta es buscar en ese interior y sacar a flote todo ese mundo concentrado, escondido, marginado y oprimido, de los sentimientos, de las emociones, de las ideas y percepciones que nuestro entorno nos produce, que nuestra vida nos otorga, que nuestra mente nos presenta elaborado. Sacarlo en libertad, sin prejuicios ni rémoras condicionantes, porque la verdad de nuestro interior no puede ser cuestionada, tutelada o modulada por el exterior. Si lo fuera perderíamos nuestra esencia.

Por eso, hoy quiero colgar otro poema. Es diferente, es una vivencia imaginaria de una noche de luna con cielo juguetón de nubes y claros. Espero conseguir la transmisión de esta vivencia imaginaria a caballo de la propia fantasía del receptor.


Contraste de luna

Sublimes retazos de luna penetran la alcoba
queriendo poseerla desde la ventana.
La oscuridad resiste el envite
y no se retira, solo se agazapa
buscando el momento oportuno
para, con su fuerza, neutralizarla.

Las nubes actúan de compinches
frenando la luz de la luna,
y entonces se lanza como una posesa
sembrando penumbra por toda la casa.
La lucha nocturna entre luz y sombra
de nuevo se entabla.

Yo, tumbado en mi cama,
me siente expectante ante tal hazaña.
El sin par combate se alarga en la noche
y en la madrugada.

La luna se aleja como derrotada
y la sombra, orgullosamente,
se da a la bravata por haber vencido,
llenando la casa con su manto lúgubre
de muerte, tinieblas y sombras
que dejan helada hasta el alma.

De golpe, por el horizonte,
promesas de luz cegadora
se asoman sobre la montaña.
El gallo ya canta.
Y un rayo de luz penetra en la casa
hiriendo de muerte a la sombra
que huyendo se marcha.

Destellos de sol danzan sobre la ventana
dando el esplendor que trae la mañana.
Inunda la alcoba con su resplandor
y de nuevo surgen tumultos de vida
por toda la casa

Y yo me levanto saludando al día
y dando las gracias por haber vivido,
en mi fantasía, toda la aventura
de la lucha intensa entre las tinieblas
y la luz de luna que me iluminara.

miércoles, 28 de octubre de 2009

A mi nieto


Posiblemente, este poema, tenga una mayor comprensión por parte de quienes son abuelos. Yo quiero homenajear a mi nieto expresando, aunque él no lo pueda entender aún, las emociones que me genera. Es esa dicha plena, parecida al sentimiento del enamorado, que te embarga cuando lo ves, te sonríe y te dice: “Hola abuelo, un besito”, en su idioma.
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Vuelven a escucharse risas infantiles,
palabras cortadas de extraños idiomas
que no se comprenden,
pero con su gracia te llenan de gozo.

Los hijos se fueron,
llegaron los nietos
y, en su alforja cargada,
traen el alborozo,
dichas de la vida,
júbilo de abuelos,
risa incontenida,
luz de primavera
que brilla en sus ojos.

Fuerza diminuta
que agota a su antojo,
que pide más marcha,
pero nuestro cuerpo
cansado y dolido
ya no da la talla.

Solo con mirarlo
se corre una lágrima
al verlo tan ágil
cargado de vida
lleno de pujanza.
Su cara de ángel,
o bien de diablillo
según se mirara,
te llena hasta el alma.

Que extraño te es todo.
Los hijos te crearon dilemas,
los nietos te dieron la calma
que premia la savia de abuelo
de infantil ternura,
que da a tu madurez alas
y apacible sentido a la vida

hasta el final de la singladura.

lunes, 26 de octubre de 2009

Ocurrencia 13 (La idea única)




“No hay nada más peligroso que una idea sin otra para contrastarla”.


Esta frase, que la leí por algún lugar y no recuerdo dónde, me caló y me hizo reflexionar sobre el asunto ampliamente, enfocándola a las ideas de trascendencia social de tipo político y/o religioso. Ciertamente, la orfandad de una idea la devalúa. Su mérito no existe, en tanto no ha sido ganadora de ninguna confrontación con otra aseveración sobre ese mismo tema. Por ello, está condenada al anacronismo, al no tener la posibilidad de la evolución que nuevos nutrientes aportan. Esos nutrientes se obtienen de la contrastación con otras visiones o posiciones y la asimilación de planteamientos que la enriquezcan, asumiendo el riesgo de la descalificación por perder su verdad relativa en la confrontación con la otra idea.

Por tanto, estas ideas únicas se presentan como enquistadas, encapsuladas, resistentes a la argumentación lógica. Su falta de permeabilidad las hace inmutables y se venden como verdades y dogmas que están por encima de los valores personales e individuales, como causas sublimes y nobles que requieren el sacrificio, la obediencia y el esfuerzo común para implantarlas en beneficio de la colectividad. Consecuentemente, son frenos evolutivos que pretenden mantener un estatus quo, casi siempre para preservar ventajas, prebendas e intereses del grupo dominante y garante de la idea única.

La idea única es descalificadota, prepotente e impositiva en tanto no acepta otra, al sentirse en posesión de la verdad. La historia está cargada de etapas donde la idea única se ha impuesto sobre las demás. Eso sí, siempre ha sido generalizada bajo la amenaza, la coacción o la violencia física y verbal, si bien es cierto que ha tenido adeptos que instrumentaron su imposición.

El adepto a la idea única suele ser un sujeto de pensamiento pobre, sin capacidad o voluntad de discernimiento, obviando los que la apoyan por mera conveniencia. Esa vaguedad ideológica le deja a disposición del dictador y del totalitario que defiende la idea. Es el campo de cultivo donde recoge el fruto y la fuerza para imponerse, por dejación, digamos, de funciones cívicas por parte del conformista, que acaba siendo sumiso, estableciendo una relación de “clientelismo ideológico”, concepto que merece una reflexión aparte. Lógicamente, el totalitario, dictador y ostentador del poder por esta vía, no tiene el más mínimo interés en despertar la curiosidad intelectual del sujeto, sino en mantenerlo obediente, carente de sentido crítico, amparado en principios jerárquicos que le garanticen la sumisión.

Esa idea puede tener connotación de misión o macro-objetivo, sustentado por una estructura de coherencia ideológica de tipo místico-religioso, cargada de dogmas y creencias, amparada por principios de corte divino donde la cuestionabilidad es reprobada. Es el caso de las religiones con sus dogmas y creencias irrefutables al abrigo de la fe e infabilidad difícilmente explicables.

La otra vertiente, que entiendo tanto o más peligrosa, es la idea única desde el punto de vista político. Las dictaduras, del signo que fuere, son un claro ejemplo de ello. Cuando se intenta imponer un sistema político no participativo, con anulación de la capacidad crítica del ciudadano y buscando su sometimiento a esa idea única que justifica el régimen imperante, lo primero que se pretende es evitar la crítica del sujeto, mentalizándole para que acepte el pensamiento del grupo dominante y sus lacayos como la base de la convivencia ciudadana, descalificando y criminalizando a aquellos que practiquen la disidencia.

El colmo es cuando se alían la religión y la política, circunstancia vivida en nuestro país tantos años, y siglos pasados, y que se está dando en bastantes países del mundo musulmán en la actualidad, sin obviar la influencia que sigue teniendo la religión en nuestro entorno judeo-cristiano.

En todo caso, la base que consolida el sistema es la alienación, entendida como la define el diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”. Es decir, que su conciencia no se ajusta a lo que su propio objetivo o función como ser humano debería significar. Ello lleva a una disonancia cognitiva, que solo es sostenible cuando la capacidad de decisión, o la responsabilidad sobre los hechos que se generen, se proyectan sobre los hombros del patrón o promotor de la idea, del jerarca que manda, de la "autoridad competente", quedando exento de culpa el sujeto.

Por eso los integrismos religiosos me repugnan, las ideas políticas excluyentes me repatean y los sujetos intransigentes, que se creen en posesión de la verdad y son irrefutables, me dan miedo y pena a la vez. Yo sigo manteniendo aquello de que “la mente es como un paracaídas, solo funciona cuando se abre”.


viernes, 23 de octubre de 2009

A ver como contamos...


Hay cosas que uno no acaba de entender muy bien. Ese baile de cifras con relación el recuento de asistentes a las manifestaciones huele a podrido y engañifa. Es una cuestión invariable que, cuando se hace una manifestación, existen diversas formas de medir según los intereses del que realiza el recuento. Fijaros en que las diferencias pueden oscilar entre miles y millones en una misma concentración, según el caso. No pretendo analizar las diferentes técnicas que se puedan emplear, pero sí la intencionalidad en el manejo de las cifras y la consecuente credibilidad de la fuente. A uno le encantaría que hubiera una técnica aceptada por todos para medir la asistencia y que nos diera una idea clara de la realidad.

Al parecer, la empresa LYNCE está utilizando un método, que definen como científico, consistente en el recuento de todos y cada uno de los asistentes. El problema está, bajo mi punto de vista, en saber donde empieza y termina la aglomeración adjudicada a esa manifestación. Si me manifiesto con una pancarta por la calle Larios de Málaga, a partir de las 20 horas, seguro que se contarán algunos cientos de asistentes a la “manifa”, pero la realidad es que todos iban a su rollo particular, a su paseo, su compra o su lo que fuere y solo yo me manifestaba. Digo esto por ver la cantidad de imputados que no son computables. Por tanto, los límites de la concentración se deberán entender donde la densidad de gente se aproxime a la normal en momentos similares.

Mirando por encima y retrotrayéndonos a la manifestación del día del orgullo gay, podemos ver grandes diferencias (millón y medio contra 58.171); las mantenidas por la AVT es clamorosamente divergente según quien informe; la anterior contra el aborto muy dispar y en la mantenida el pasado sábado en Madrid, también contra el aborto, dan cifras vergonzosamente disparatadas. El Sr. Benigno Blanco hablaba en TV de 2 millones de asistentes, mientras LYNCE daba una cifra de 55.316, lo que es como dividir el guarismo de los convocantes por 36. Estas las menciono por ser las cifras extremas, aunque hay otras intermedias, pero tengo que aplicar el criterio de la intencionalidad para dar crédito a unas u otras.

La intencionalidad del Sr. Blanco y demás convocantes es manifiesta y su pretensión será siempre mostrar la mayor afluencia posible, como en todos los casos. La pretensión de LYNCE la entiendo menos partidista y pretenderá establecer un proceso de recuento científico que garantice la verdad para venderlo a sus posibles clientes, relacionados básicamente con los medios de información. Por tanto, a mí me da mucho más crédito la intencionalidad de LYNCE que la del Sr. Blanco.

De todas formas, en el fondo de mi reflexión está la crítica al intento de manipulación que puedan hacer los convocantes de manifestaciones en general. Manifestarse es un hecho democrático de primera magnitud. Pretende mostrar un pensamiento, idea, proyecto o mensaje compartido por un conjunto de sujetos para que tome buena nota el receptor, por lo general el gobierno o los responsables a quienes vaya dirigida. Mientras más gente se manifiesten más poder y presión pueden ejercer. Por tanto, “chapeau” ante el hecho democrático de manifestarse. Pero el asunto pierde todo su esplendor cuando se miente, se manipula la información, o se pretende mostrar deslealmente aquello que no fue. Ese atentado a la verdad, ese intento de confundir y presentar el hecho con magnitudes o dimensiones exageradamente significantes, es un ataque a la representatividad democrática. Es como un fraude electoral donde se colocan más papeletas de las emitidas, que queda automáticamente anulado y el culpable es señalado vergonzosamente.

Los ciudadanos tenemos derecho a una información objetiva y veraz, sobre estos eventos, para poder sopesar el volumen del descontento, o del contento, de la gente que lo manifiesta. Lo contrario es una vil manipulación con la intención de arrogarse falsa representatividad. Convendría, pues, que los medios, los políticos y demás organizaciones, establecieran un sistema consensuado de recuento que nos garantizara, con el mayor ajuste posible, las cifras de asistentes a cualquier manifestación. Es nuestro derecho.

Yo quiero mostrar mi más absoluto rechazo a los sujetos que, teniéndonos por bobos, pretenden manipularnos y engañarnos falseando las cifras para sacar pecho, cuando en realidad solo hay una birria de pectorales, sea el Sr. Blanco, Verde o Amarillo el que lo intente. No se dan cuenta que al final todo se sabe y que quedan por mentirosos y desacreditados, salvo para los hinchas o “hooligans” incondicionales.

Como siempre, os ofrezco este espacio para que, con todo respeto, manifestéis vuestro punto de vista con respecto a este desajuste de cifras que venimos observando, hace tanto tiempo, en la asistencia a las manifestaciones que se dan en nuestro entorno.

lunes, 19 de octubre de 2009

Siempre debe llover para arriba

Estaba, hace algunos años (sobre 1986), en una reunión del equipo de gestión de mi hospital. Seriamos más de veinte personas entre supervisores de unidad, supervisores generales, jefes de bloque y la directora, con la intención de decidir y definir los objetivos a cumplir para el siguiente año. Por tanto eran objetivos que afectarían al conjunto de los trabajadores que integraban nuestra división, equivalente a unos 1500 aproximadamente.

Se inició un turno de palabra y, a modo de tormenta de ideas, se fueron recogiendo las aportaciones y sugerencias que cada uno iba exponiendo. Una vez reflejados en el encerado se procedió a la discusión sobre cuales eran los adecuados y cómo implementarlos, considerando que eran objetivos que debían cubrir los profesionales de la base operativa. Uno de los aspectos que más preocupaba era el concienciar a las enfermaras y auxiliares para que se implicaran en la consecución de los mismos. El problema era cómo vender el producto al colectivo profesional de base. Evidentemente, si ellos no habían participado en su definición su compromiso era cuestionable, o al menos se podría dudar de que se implicaran al nivel deseado.

Alguien propuso (nótese que andamos por 1986) que se consultara con las enfermeras y auxiliares para valorar la viabilidad de cada uno de los objetivos planteados y su implementación. Era un acto democrático de participación en el que el ejecutor podía valorar su nivel de compromiso en función de las capacidades y recursos para llevar a efecto el objetivo.

Esto creó cierta polémica y un supervisor pidió la palabra y, en plan chulesco, creo recordar que dijo: “¿Cuándo se ha visto que llueva para arriba? El agua cae para abajo y riega los campos y salen los frutos y se coge la cosecha. Nosotros estamos arriba y debemos hacer llover nuestras ideas para que ellos las ejecuten. Nosotros mandamos y ellos obedecen.”

Yo, que era partidario de considerar la opinión y la participación de aquellos que debían ejecutar las actividades, aunque fuera a modo de consulta, no pude resistirme. Pedí la palabra, o no, no lo recuerdo bien, y empecé a exponer, de la forma más pedagógica posible, la idea de que “antes de caer (llover) para abajo el agua subía para arriba en forma de vapor”, por tanto me parecía que era una estupidez despreciar la información y el aporte del colectivo de base, que eran los que de verdad conocían la problemática real de la asistencia y las dificultades para ejecutar las tareas que llevaran a la consecución de los objetivos, puesto que la evaporación y elevación de sus ideas podrían enriquecer los planteamientos de la dirección y orientar en la definición de objetivos alcanzables.

El debate se produjo y se aceptó mi sugerencia, diseñando un proceso de consulta que elevara los resultados a la dirección en un tiempo prudencial para, sobre ello, establecer los tan ansiados objetivos de forma participativa. Cuando salíamos, el colega me susurró en plan guasón: “En el fondo me estás resultando un rojillo”. Yo le respondí: ¿Tú de qué color eres, azul? Ello me indujo a otra reflexión personal muy interesante que puede que os cuente en otro momento, pero desde entonces empecé a sentirme sistémico y apliqué esa filosofía de vida en mis actos.

domingo, 18 de octubre de 2009

Manifestémonos


Ayer fue un día de manifestaciones públicas, de concentraciones para expresar ideas, sentimientos y actitudes. A mí me parece estupendo que la gente se manifieste, que exprese sus ideas en libertad, que lo haga con respeto, que comprenda que es solo una parte del todo y que pueden existir otras ideas. Entiendo que es su obligación democrática y responsable, para que su punto de vista sea tenido en cuenta y analizado por el bien de la sociedad plural de la que forma parte.

Para el día 17 se han hecho tres convocatorias de especial importancia, no solo por el tema que tratan, sino por la asistencia que se ha dado. Por un lado, en el País Vasco, al entender los asistentes que el encarcelamiento de determinados señores acusados de reorganizar Batasuna bajo los auspicios y el servicio a ETA, era un acto antidemocrático y coartador de las libertades públicas, en contraposición a los planteamientos del juez, que entiende se dan circunstancias suficientes para colegir que están al servicio de ETA como entidad que ejerce el terrorismo para conseguir fines políticos.

Por otro, se han realizado una serie de concentraciones a lo largo del país para denunciar el hambre en el mundo, la injusticia que ejerce la avaricia y la codicia de nuestra sociedad opulenta y “civilizada” sobre los países subdesarrollados, de donde importamos las materias primas, dejándoles miseria, pobreza y enfermedades, y exportamos armas, guerras y odios que cultiven el conflicto para seguir sacando a buen precio sus riquezas. Para mí esta ha sido la de mayor calado humano desde el punto de vista de los valores solidarios que tanto echamos en falta.

Finalmente, otra montada por amplios colectivos ciudadanos, alentada desde los púlpitos y desde la derecha más anacrónica, contra el aborto, a favor de la vida… (No entiendo como no estaban en la del hambre si se manifiestan por la vida). Una vez más, como en los viejos tiempos, se fletaron autobuses desde los cuatro rincones de la patria par confluir en Madrid. Las cifras de asistencia son manipuladas en función de los intereses, pero es posible que estudios con mayor fiabilidad científica, basados en alta tecnología, nos muestren su alcance real y dejen en evidencia, a amparo de sus falacias y mentiras compulsivas, a determinados colectivos o medios de comunicación. Ya veremos, pues no han descontado la cantidad de gente que, con la excusa de la manifestación, vino y luego fue a ver el partido del Madrid (perdón por esta licencia humorística, pero real). Claro que siempre queda el recurso de descalificar a quien no está de acuerdo con ellos.

Esta, al igual que la primera, tiene trampa. Intenta suplantar la capacidad de decisión individual de la persona, sobre algo que le atañe prioritariamente a ella, y criminalizarla. Es decir, tú no estás capacitada para decidir por ti misma, pero yo sí que lo hago en tu lugar. Incluso, yendo más lejos, “yo soy el portavoz de la justicia divina que te exige una conducta moralmente correcta según mis cánones”. Aquello de que Dios pedirá a cada uno responsabilidad por sus obras, queda al margen. “Dios, todopoderoso, que ha permitido y dejado en evidencia a esta persona para que ella tome sus propias decisiones, se ha equivocado y aquí ando yo para corregirlo y condenarla de antemano”.

La soberanía popular en tanto a la legislación civil se la pasan por el forro en plan talibán, pidiendo que sean las leyes divinas, según ellos, las que rijan nuestros destinos. Esto tiene muy mala pinta. Poro… ¿dónde está el respeto a la democracia? En todo caso, si se respetara, deben de hacer un recurso ante los tribunales y que sean ellos los que decidan. Ese es el juego y las reglas. Eso sí, que a ninguna católica se le ocurra abortar salvo excomunión inmediata, como es lógico en cualquier organización que tienes sus normas internas.

No entiendo que esas concentraciones sean insultantes, que pidan cosas antidemocráticas, que sean impositivas, descalificadoras y criminalicen otras ideas. No pueden ni deben ser para defender acciones que impliquen atentados a los principios democráticos. Es decir, no concibo defender la violencia, la imposición de ideologías mesiánicas que obvian a los demás planteamientos, la reivindicación del monopolio de la moralidad. Vemos muy a menudo el espectáculo bochornosos de colectivos gritones, peleones, con pancartas insultantes, que se creen representar a toda la comunidad, exigiendo dimisiones de gobiernos elegido democráticamente, que dicen defender la vida y piden la muerte para el opositor. Aún recuerdo aquello de: “Tarancón al paredón” de la transición gritado por los ultracatólicos del régimen, que tiene su parangón en los gritos que lanzan algunos contra el presidente Zapatero. Esta autodescalificación les deja en evidencia. Con caras de odio no se defiende la vida.

Las imágenes de ayer en Madrid me dejaron seriamente preocupado. Por un lado la presencia de políticos que tuvieron y tienen responsabilidad de gestión pública, como el Sr. expresidente y sus adláteres, y que durante su gestión no abolieron la ley y soportaron y ampararon, bajo la legalidad, la realización de 500 mil abortos en su periodo de gobierno, lo que me parece una actitud de cinismo político, a la que ya empezamos a estar acostumbrados con sus formas de entender la administración pública en el caso Gürtel, las corrupciones, los espías, y en su propia actividad opositora. Por otro lado, imágenes de niños de corta edad gritando consignas, al abrigo de sus padres como modelo a seguir, inmersos en un proceso de adoctrinamiento que siembra el odio, la incompresión y el desencuentro y que crea el caldo de cultivo de la confrontación hasta la muerte por la defensa de ideas, de la que en este país, por desgracia, tenemos experiencias. Nadie se volvió hacia Aznar para gritarle asesino de niños durante su mandato presidencial. Esta parcialidad, es un ejemplo claro de la necesidad de formación en los aspectos de educación ciudadana. No estaría mal dejar estos adoctrinamientos irracionales y pasar a la educación sensata y objetiva en la convivencia.

Entiendo y aplaudo que quien se manifiesta pretenda dar a conocer un planteamiento colectivo sobre un tema, sin descalificar a los otros planteamientos, siendo consciente de que una manifestación o concentración no es un plebiscito y que, en todo caso, esa idea que defiende, tendrá un peso específico en un proceso electoral, que es el verdadero instrumento donde se decide a quien se le otorga el poder para ejercer el gobierno y qué proyecto político es el apoyado por la mayoría. Por tanto, el envalentonamiento antidemocrático que producen las grandes concentraciones, es un acto pueril, de inmadurez democrática. Insultar al señor Zapatero es insultar a los más de 11 millones de ciudadanos que le votaron, que es a quien representa gobernando para todos; es insultar al resto de ciudadanos que votaron a otros partidos que apoyan el proyecto. Están en su legitimidad de mostrar sus ideas e intentar convencer a los ciudadanos para que no le voten la próxima vez, pero con la nobleza y la lealtad democrática que se requiere.

Sin entrar en mayores consideraciones de forma y respetando, como es lógico, salvo algunas ostentaciones, esta manifestación, al igual que todas las que se hagan pacíficamente para expresar ideas o posicionamientos políticos o religiosos, me he entregado a una reflexión personal sobre el caso del aborto que también quiero manifestar con el ánimo de compartir en este mundo bloguero.

El asunto no deja de ser complejo. Por un lado, se trata de un proyecto de vida que cursa en el vientre de una mujer; es decir es un proyecto supeditado a la gestante. No tendrá vida propia independiente hasta que no sea viable el feto, hasta que se le pueda administrar los nutrientes sin el recurso de cordón umbilical, cuando ya no dependerá de la madre. Por tanto, es la futura madre o gestante, la única responsable de mantener y desarrollar ese proyecto, que se integrará en una sola unidad funcional hasta el parto, entendiéndola como una subunidad subordinada fisiológicamente a otra unidad matriz, donde la madre le nutre con su sangre, le elimina las toxinas de su propio cuerpo y le protege de infecciones y agresiones externas, pero que también, según mi opinión, puede ser abortado en función de criterios que corresponden determinar a la gestante, como máxima responsable del proyecto, dentro de los límites que establezca la ley. La sociedad no puede ni debe, bajo mi punto de vista, decidir u obligar a nadie a realizar un acto contra su voluntad, respetando la libertad de decisión de los sujetos en aquello aspecto de tal intimidad, donde su implicación está muy por encima de cualquier otra consideración por parte de sujetos ajenos al problema.

Yo mantengo que nadie está más capacitado para tomar una decisión, en este o aquel sentido, que la propia gestante. Es ella la que, conocedora de sus circunstancias y de la trascendencia que pudiera tomar el hecho, debe decidir. Yo, desde fuera… ¿cómo voy a tener capacidad para tomar una determinación en su nombre? En todo caso, puedo intentar darle la mayor información posible para que ella pueda conocer todas las alternativas y tomar la mejor solución viable, pero nunca imponerla.

Por otro lado, como hombre, hay algo que me cuesta todavía más conocer. La vivencia de la maternidad y el embarazo son de tal singularidad que me siento totalmente condicionado para opinar en profundidad sobre el hecho que se da en la experiencia maternal. Creo que esta circunstancia la compartimos todos los hombres y solo cabe hacer una proyección en mujer, con todas sus limitaciones y condicionantes, para posicionarse empáticamente. Por eso, no comprendo la actitud férrea e indolente de colectivos de machos (machistas) que se permiten imponer su criterio a la mujer. Curiosamente, los padres de la iglesia que pregonan el credo religioso y la oposición a esta práctica, son hombres. Item más, hombres solteros sin hijos conocidos o admitidos y sostenedores de una estructura organizacional anclada en el medioevo, donde la discriminación de género es aplastante. De todos es conocido esta actitud machista, aunque muchos lo nieguen como creyentes, en la que la iglesia solo salva de la quema a la Virgen María, eximiéndola del pecado original. Curiosamente el pecado original lo encarna la mujer y su tentación a Adán con la manzana; creo que, como dirían mis amigos catalanes, debió ser la patata lo que le ofreció a Adán, pues de lo contrario no entiendo esa animadversión hacia el sexo por parte de la religión.

No he ido a ninguna manifestación de las mencionadas, lo reconozco, pero de haber ido a alguna habría sido a la celebrado contra el hambre. Por eso me he permitido colgar estas consideraciones, para manifestarme también desde la reflexión incontaminada por los gritos y tendencias del vecino. Para poder decir lo que quiero decir sin que nadie lo interprete como le de la gana, para que no manipulen mi pensamiento y usen mi presencia para intereses bastardos o espurios, para hacer una meditación seria y sosegada que me permita tener las ideas más claras y si a alguien le sirve que lo use para su propia reflexión.

Mi conclusión final es:
1.- Estoy en contra del aborto, salvo como mal menor.
2.- Le corresponde decidir si es un mal menor o mayor a la gestante, y no a mí ni a nadie de su entorno.
3.- Respeto la decisión que pueda tomar la mujer en este sentido y me solidarizo con su dolor y preocupación
4.- Por la trascendencia vital del hecho le corresponde a ella, aún siendo menor, la toma de la decisión y no a los padres que, en todo caso, es deseable que le apoyen.
5.- Para que su decisión sea responsable y razonada debe tener toda la información posible que pueda incidir en la toma de decisiones.
6.- El estado debe garantizar la viabilidad sanitaria del hecho poniendo a disposición de la mujer los recursos del sistema de salud.
7.- La administración debe ofrecer la información y educación sanitaria desde todos los campos posibles, a los padres y jóvenes en general, para evitar los embarazos no deseados.
8.- Concibo que la moral no es patrimonio de ninguna religión y es el parlamento quien define y determina las leyes que nos rigen en base a los principios democráticos.
9.- La religión y religiosos están en su perfecto derecho de manifestar sus ideas, pero también de respetar las demás sin imponer nada, salvo a sus correligionarios, y someterse a la crítica en el juego democrático.
10.- Todo manifestante que insulta al adversario pierde parte de su razón y sensatez.
11.- Rechazo las actitudes partidistas que cínicamente buscan ventaja política y la hipocresía de la doble moral que se ejerce desde determinados sectores de la iglesia y colectivos sociales afines.
12.- Sería más consecuente que la derecha usara esta fuerza de movilización para luchar contra el hambre y se implicara en la solución de los problemas que aquejan al mundo y no en procurar sus mesas bien repletas.
13.- Finalmente, el problema del aborto siempre ha existido y existirá, se trata de apoyar a la mujer que está en esa tesitura y ofrecerle garantías sanitarias y el amparo de la ley, para evitar las prácticas clandestinas.

jueves, 15 de octubre de 2009

Lealtad y/o fidelidad

Quiero aprovechar para daros las gracias a todos/as por el apoyo ante mi fracaso en la elaboración del vino y haberme recordado que el error forma parte del aprendizaje.
Yo, para más inri, os castigo con esta reflexión sobre la lealtad y la fidelidad.
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El Diccionario de la Lengua Española las define como:

Lealtad: Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

Fidelidad: Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.


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Obsérvese que en ambos casos, aunque tengan cierta sinonimia, están enfocados al exterior; es decir, a actitudes y conductas que se establecen en la relación con otros sujetos. Lealtad y fidelidad "hacia los demás".

Yo creo que, en el sujeto, se dan dos campos de acción bien diferenciados, pero que están en íntima relación el uno con el otro. Por un lado está el campo íntimo, el interior, donde viven los valores personales, dónde se han introyectado y asumido estos. Es esa estructura donde se conjuga toda nuestra vida en función del ello, el yo y el superyo, que diría Freíd y sus seguidores. Por tanto, es un campo referido al desarrollo del propio sujeto. El otro campo es el exterior, el social, el de las normas que rigen para la interacción en la sociedad, el de lo políticamente correcto, el que define, encauza, enmarca y establece las conductas aceptables y las rechazables. Esto hace que el sujeto deba actuar sobre su interior para modular comportamientos y ubicarlos en el campo social de forma aceptable, que no sean repudiados, pues ello llevaría acarreado el repudio a su propia persona.

A mí me plantea una disquisición significativa; si el sujeto es un ente dinámico, que va cambiando y evolucionando con el tiempo, que se va desarrollando en función de la interacción entre su interior y su exterior… ¿dónde se observa el respeto a la fidelidad y lealtad propia? Es decir, cuando entra en colisión mis intereses evolutivos con el principio al que me exige la sociedad lealtad y fidelidad… ¿qué hago? Me reprimo y adapto, renunciando a mi propia evolución, o antepongo mis intereses evolutivos (obsérvese que hablo de intereses evolutivos, no de perversiones o tendencias involutivas) y planteo la prominencia de mi autolealtad a la lealtad a las normas sociales.

Pongamos como ejemplo la relación de pareja o matrimonio. En la boda se promete lealtad y fidelidad. Es más, ante cualquier tipo de discusión de pareja se suela argumentar: Tú no eres el mismo/a, tú has cambiado… como si el compromiso contraído con el matrimonio implicara un “no cambio”. Esto implica, de alguna forma, el control del proceso evolutivo propio por parte de la otra persona. Dependiendo de la gestión que se haga de esa relación se van dando conflictos entre el quiero y no puedo, entre el debo y no debo hacer, pues me he comprometido con la otra persona. Cuando ambos son conscientes de que este proceso evolutivo es incuestionable y de que su gestión hace que la relación se dignifique y se reafirme o que se vaya al garete, es fácil mantener la lealtad y fidelidad puesto que la comunicación aproxima y compatibiliza ambos campos, el interior y el exterior. Pero cuando existen enquistamientos, incomunicación y conflictos de intereses entre ambos, o procesos evolutivos dispares, se crea una situación dicotómica dónde colisionan la lealtad a tu apareja y la autolealtad. Hay un momento, bajo mi punto de vista, en que uno ha de hacer prevalecer la lealtad y la fidelidad a uno mismo, antes que a la otra persona o a los demás.

Por otro lado, a lo largo de la historia hay ejemplos de lealtades que han sido nefastos. Me refiero a las lealtades políticas e ideológicas a sistemas y líderes totalitarios que han volcado la ruina en su propio grupo, rompiendo los valores más elementales de la convivencia humana, o se han aprovechado vilmente de esa lealtad para su propio beneficio. El caso de la Alemania Nazi, de la Italiana musoliniana y de la propia España con el franquismo. También de los regímenes comunistas que implicaron, e implican en la actualidad en algunos países, a todo un colectivo social en las lealtades al régimen en contraposición a muchos de los intereses sociales. Es decir, las lealtades incuestionables a la patria, al partido, al régimen o a quien sea, no deja de ser la puerta de entrada a la sumisión y el atropamiento de unos sobre otros, pero también a la comodidad de “que piense el otro y yo obedezco”. El problema es que una vez atrapados, has de hacer aquello que definen los mandos, sean tipo Polpot, Hitler o Estalin, de lo contrario caes en tu misma trampa, pudiendo llegar a las atrocidades del Tercer Reich o de los Jemeres Rojos. Cuando esta lealtad social, por decirlo de alguna manera, se sobrepone a la lealtad a los propios principios, que llevan al desarrollo personal, estamos renunciando a la libertad y a la autonomía que todo ser humano ha de ejercer bajo su responsabilidad. En todo caso, existen lealtades obligatorias para subsistir y lealtades sentidas y asumidas intrínsecamente.

No entro en las lealtades a nuestro sistema político actual, que parece, bajo mi punto de vista, el menos malo en tanto emites un voto con tu opinión, pero donde no acaba de verse una justicia social y distributiva adecuada, donde el capital controla los medios de comunicación y los usa en beneficio propio en muchos casos, manipulando opiniones y dirigiendo el sentido del voto hacia aquellos partidos que le pueda interesar. Véase el tema de Berlusconi en Italia como ejemplo flagrante de lo que expongo.

Pues bien, cada cual centra su responsabilidad vital en el desarrollo de las potencialidades que le fueron dadas, como ya he mantenidos en otras ocasiones. Mi objetivo esencial es evolucionar personalmente para ofrecer a esta sociedad mis alcances y que sean tenidos en cuenta, dentro de una cultura progresiva respetuosa, sin ofender, pero exigiendo el respeto a mi persona y no cediendo a posibles chantajes sociales y/o emocionales que pudieran plantearse. Compartimos con nuestro entorno objetivos y reglas de interacción, pero las reglas y las normas están al servicio del la evolución y desarrollo del ser humano, no el ser humano al servicio de las normas. Alguien dijo, puede que yo, que las normas están para que las cumplan a rajatabla los tontos y se orientes los inteligentes… Supedito, pues, la norma al sujeto y no a la inversa.

En mis anteriores entradas hable del amor y de la relación desde dos enfoques definitorios del mismo. Por un lado el querer, con todo lo que de impositivo y posesivo conlleva, su parte de relación objetal; y por otro el de amar, con todo lo que implica de entrega, pero de respeto y ayuda a la evolución personal del otro, de desprendimiento para comprender que no podemos hacer de freno a la evolución de la pareja y que, en un ambiente de respeto, ambos nos ayudaremos a evolucionar pudiendo complementarnos. A esta última la identifico con la relación objetiva en contraposición a la objetal (de objeto). En este ámbito sitúo la lealtad en la expresión libre de lo que se piensa, en la evitación de tapujos y mentiras que condicionan la relación y la atrapan en la falsedad y el engaño ventajoso, entendiendo que la lealtad a uno mismo es asumida por la otra persona de forma adulta y constructiva, evitando exigencias al otro que le coarten en su proceso evolutivo personal.

Por tanto, y a modo de resumen, sostengo que la lealtad y fidelidad a los demás es loable, pero ante la circunstancia de que los demás condicionen, modulen y contenga mi evolución, antepongo la autolealtad, pero intentando hacerla compatible con la lealtad a los demás. Y eso… ¿cómo se hace? Yo creo que la asertividad es la forma conductual que puede permitirla. Con una conducta asertiva seré capaz de defender mis posicionamientos de forma clara, sin ofender, dando las razones que sustentan mis convicciones y actos consecuentes y haciendo comprender que nadie puede frenar o condicionar mi proceso evolutivo, salvo que este sea ofensivo, vejatorio o atentatorio contra los demás. En todo caso, manteniendo un justo equilibrio entre el respeto a los demás y el respeto a mí mismo y a mi proyecto de vida socialmente constructivo.

Finalmente, reivindico que se considere en la definición de lealtad y fidelidad la vertiente interna y que no tengamos que traicionarnos a nosotros mismos. También pido la educación en el uso de la asertividad como herramienta de la interacción social, para evitar las falacias, mentiras y sumisiones que nos puedan condicionar en el proceso evolutivo personal.

Confieso que he fracasado

Bueno, el título es tentador, da alas a la fantasía, pero la realidad es que el fracaso era esperado. Veréis, todos los años suelo tener una buena cosecha de uva, producto de mis parras, que ademas de dar sombra en mi patio andaluz, me gratifican con una producción abundante de sus frutos en justa compensación a mis desvelos y cuidados. Normalmente solíamos consumirlas entre toda la familia y amigos, a quienes les proporcionaba diversos racimos para su degustación.

Pero este año decidí hacer vino, ya que han sobrado demasiadas. Yo creo que esto es cosas de jubilados, buscando realizar aquello que no pudimos hacer cuando trabajábamos. Lo curioso es que llegado esta etapa, muchos, intentamos buscar en nuestro interior las potencialidades que la vida, por cuestiones del azar y las obligaciones, no nos permitió desarrollar. El año pasado inauguré mi bodeguilla, una obra de bricolaje donde volqué toda mi sabiduría en diseño, albañilería, electricidad, carpintería, fotografía, pintura, etc. (la muestra la podéis ver en mi entrada: Mi bodeguilla, en http://antoniopc.blogspot.com/2008/06/mi-bodeguilla.html, allí se explica el porqué y para qué de ella y se dirige a otra dirección con fotos).

Como decía, este año decidí fabricar vino. Busqué utensilios caseros para hacerlo y leí algunas cosillas relacionadas con el tema, buscando la orientación necesaria para no meter la pata demasiado. Pisé, bueno prensé, la uva, hice el mosto y lo dejé fermentar. Cuando me fui a dar cuenta tenía un excelente vinagre.

¿Qué había fallado? Sencillamente, según creo, me equivoqué de bacteria a la hora de la fermentación. Al parecer la fermentación que lleva al vino es anaerobia y el vinagre aerobio. En pocas palabras y sin entrar en mayores consideraciones, podemos decir que son anaerobias las bacterias que se desarrollan en ausencia de aire, de oxigeno; mientras que las que lo hacen en su presencia son aerobias. Bueno, pues yo no guardé los requisitos necesarios y dejé el mosto en contacto con el aire, resultando un excelente vinagre, que tampoco está mal.

Mi problema sigue siendo que aún no tengo el protocolo o procedimiento suficientemente temporalizado para poder monitorizar la evolución del mismo, es decir, no tengo la suficiente idea de cuanto tiempo ha de fermentar y de cuando he de realizar los trasiegos, aunque cada día voy adquiriendo más información.

Espero que el próximo año pueda conseguir un excelente vino para brindar con todos los amigos personales y virtuales con los que me identifico, pero si tienes alguna información que me pueda orientar para sacar una mejor producción no dudes en hacérmela llegar.

Confieso pues, que me he descubierto como un excelente hacedor de vinagre y un pésimo fabricante de vinos, de momento, je, je, je… El año que viene os invito a brindar con mi mosto en este patio.

viernes, 9 de octubre de 2009

A Cris Gª Barreto y 49 más

Hoy me vais a permitir que dedique este soneto a Cris Gª Barreto, mi 50 seguidora registrada. Por extensión está dedicado a todos, a cada uno o una, que participan con sus comentarios en mejorar mis ideas y reflexiones.

Si bien este blog se inició hace bastante tiempo, no lo potencié y di a conocer hasta hace bien poco, tal vez por un exceso de modestia o miedo a expresar mis ideas y sentimientos. Hoy me siento contento de haber iniciado los contactos con todos vosotros a través de este medio y de compartir ideas, reflexiones, sentimientos y vivencias que nos acercan a comprender mejor la vida a través de los demás. Solo lamento que mis escritos anteriores hayan quedado atrás y no sean leídos y comentados, pues solemos leer las últimas aportaciones a cada blog, como es natural, de todas formas están a vuestra disposición todos ellos. Por tanto, mi agradecimiento a todos/as por vuestras aportaciones y por abrirme vuestra casa virtual en justa reciprocidad.

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Hace algún tiempo que te espero
Procurando llegar a los cincuenta
La mágica cifra que se cuenta
Para la madurez con gran esmero

Por eso, amiga mía, hoy quiero
Abrirte la puerta, pasa y entra,
En la amistad que bien se encuentra
En este gran mundo que es bloguero.

Al intercambiar las reflexiones
Día a día vas construyendo
En el corazón las conexiones

Amigos virtuales vas haciendo
Sin nunca perder las ocasiones
De compartir ideas e ir creciendo.

lunes, 5 de octubre de 2009

El tobogán de la codicia


Hoy os presento una reflexión muy personal, basada en una opinión con claro componente subjetivo, en tanto son percibidas y argumentadas desde una visión singular, la mía. Las opiniones que se vierten son convicciones propias que se han ido fraguando a lo largo de mi forma de ver y entender la vida, modulada por mis propios principios y valores, por mi razonamiento y discernimiento, con mayor o menor acierto.
Son convicciones como pueden ser las vuestras, pero estas son las mías. Si te decides a leerlas espero que no te cansen y, en todo caso, estás invitado a comentarlas.


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La historia se ha fraguado desde el poder y la guerra, desde la imposición y el arrebato, desde el saqueo y la muerte, desde la sumisión y el castigo; en suma, desde los intereses de las clases dominantes y sus adláteres. O sea, ha estado marcada por la codicia. Los otros principios como la solidaridad y la justicia han estado subordinados, cuando no controlados, a los objetivos de interés principal.

La codicia forma parte del ser humano, a la par que otras muchas características que conviven en nuestro interior. Tiene su origen en el egoísmo miope que garantiza la perpetuación de la especie. Digo miope, porque el ser humano está motivado por tres instintos básicos encaminados a esa perpetuación, como son: la nutrición, la reproducción y la socialización. En todos ellos hay un proceso de negociación con los semejantes para intercambiar bienes y cubrir necesidades, para conseguir alimentos, para buscar pareja de reproducción, para ayudarnos y defendernos de los enemigos que acechan y de los depredadores. Por tanto la codicia, debe ser reprimida, controlada y negociada para que en ningún caso impida el acuerdo de intercambio, para que no frustre el proceso de socialización; pero, si es posible, sacaremos la máxima tajada del negocio usando nuestra capacidad intelectiva y el poder que podamos ejercer.

Por otro lado, somos sujetos dicotómicos donde se conjugan elementos opuestos. Yo diría más, se establece una línea entre esos elementos opuestos, extremos, y nos movemos por ella acercándonos a uno u otro lado según el caso. Pero ¿que define que nos acerquemos más o menos a un lado u otro? ¿Que estemos más cerca del amor o del odio, de la generosidad o del egoísmo, de la comprensión o la intolerancia, de la caridad o de la tacañería, de la justicia o de la arbitrariedad, de la bondad o de la maldad…? En suma, somos capaces de lo más vil y de lo más sublime.

Yo creo que hay dos elementos claves, uno interno y otro externo, aunque están íntimamente relacionados. El interno lo conforman los principios y valores del propio sujeto, su conciencia y compromiso social, su ética y cuantas virtudes y defectos le arropan y acompañan, su personalidad. El externo, que en cierta medida fraguó al interno, hace alusión a las conductas y comportamientos sociales. Estos comportamientos no son totalmente generalizables, pues existen matices propios asociados a los roles de cada grupo social… la conducta de un militar, de un religioso, de un obrero, de un capitalista, de un profesional de de tal o cual actividad, etc… tiene características e intereses diferentes en función del rol social que se le asigne.

La formación e imposición de las culturas también se fraguó para sostener esos mismos intereses, y la estructura social que lo soporte, como es lógico. Los principios y valores, la ética y la moral de una sociedad, se estructuró en esas culturas y, para darle mayor poder y dominancia sobre la gente, se ampararon en dioses, que avalaron esos comportamientos. Establecieron premios y castigos, respaldo divinos a sus leyes hasta avalar la ejecución y muerte de seres humanos como algo aprobado y designado por la divinidad, quedando conjugado en los credos religiosos. Todo estaba justificado si protegía o hacía bien al grupo.

Pero el grupo no era homogéneo, era heterogéneo, cargado de diferenciaciones, de clases y roles propios de cada una de ellas, de servilismos y dependencias, estratificado como una pirámide donde la base era la mayoría y el vértice unos pocos. Arriba la cabeza pensante, abajo la mano de obra obedeciendo, en medio los intermediarios, motivados por un reconocimiento social y las mejoras económicas sobre la base, que les hacía ejecutores y leales al poder. El servilismo del oprimido era el garante de la perpetuación del poderío del opresor.

Resultado: Una sociedad con un grupo dominante, que acumula el capital y el poder sobre la producción y las finanzas, una clase media conformista con un relativo buen nivel económico, una clase baja sin grandes conocimientos ni posibilidades de desarrollo personal e intelectual. Este esquema se mantiene a lo largo de la historia, comportándose como un acordeón según las etapas y los países; acercándose en los desarrollados a una gran clase media y trabajadora que vive al amparo del salario, con una importante capa marginal de sujetos de deshecho, y un grupo de ricos inversores que manejan el capital.

El mensaje es bien claro; si yo, como empresario, gano mucho tú tendrás el beneficio del trabajo, pero la empresa que crecerá, con tu trabajo y mi dinero, será exclusivamente mía. Tu trabajo será pagado con la suficiencia para que puedas vivir y cubrir tus necesidades básicas, pero nada más… Yo creo el trabajo y, si retraigo mi dinero y no invierto, tú te quedas en la calle sin salario. Así es que vete con cuidado… porque te interesa que mi mesa esté bien llena para que caigan las migajas de ella y tú puedas comer algo. Tu pobreza solo se palia con la abundancia de mi riqueza.

Al hablar de codicia hemos de observar que, si hay algún colectivo que ejerza, potencie y valore esta conducta, es el capitalista, el empresariado, el mundo de las finanzas, donde la competitividad y la confrontación por el mercado y por los beneficios es manifiesta. A lo largo de la historia han dado sobrada cuenta de ello. El desarrollo de la banca, la acción especuladora de las bolsas, el acopio de capital, el abuso sobre el trabajador, el control de las instituciones, el manejo de los medios de comunicación, el dominio directo del poder en determinados regímenes, la compra y/o chantaje de políticos en la democracia, el apoyo al sistema desde las estructuras y jerarquías eclesiásticas o religiosas aunque digan lo contrario, el uso de la bandera y el concepto de patria, la difusión de la idea de que el ciudadano está al servicio del estado (de la patria) y no este al servicio del ciudadano, etc…, “sin entrar en que el problema está en la propia concepción de la empresa como un bien personal en contraposición a un bien social…”, todo ello conforman una filosofía de vida social y política que ancla en el pasado buscando la pervivencia en el futuro, que ha estado y está integrado en nuestra cultura.

Pues bien, cuando se han obviado los valores humanos; cuando se han perdido los esquemas de concebir la actividad productiva como un servicio a los demás para buscar el desarrollo del colectivo social; cuando los intereses de un grupo minoritario están por encima de los colectivos; cuando se entiende el mundo financiero y empresarial como una batalla de lobos hambrientos; cuando se crea terror y miedo en la gente para dar salida a productos farmacéuticos, como el caso del agripe A, mientras se mueren de hambre y de enfermedades endémicas millones de niños y adultos en el mundo; cuando la solidaridad pasa por entregar las migajas para limpiar conciencias en plan caridad; cuando la indiferencia ante el dolor y la muerte se reviste de cinismo invadiendo países para llevarles la democracia y lo que se persigue son sus materias primas y su mercado; cuando los medios de comunicación machacan para crear necesidades innecesarias; cuando muchos de estos mismos medios desinforman, manipulan, crean opinión amparando estas prácticas; cuando ha pasado todo esto… hay un solo dios, y este es LA CODICIA.

Si la CODICIA la elevamos al rango de dios, por encima de los valores humanos y la subimos al tobogán de la vida, arrasará con todo a su paso. Y eso, amigos y amigas, es lo que yo creo que ha pasado y está pasando. Pero lo grave no es que haya pasado sino que seguirá pasando, porque los políticos, y también los ciudadanos de a pie, salvarán al codicioso para no hacer temblar al sistema y caer. Porque el motor del desarrollo de este mundo mezquino, insolidario y antisocial es la codicia, a ella nos plegamos para que siga tirando del carro donde vamos montados con la opulencia; porque en el fondo todos somos codiciosos en esa lucha por la supervivencia individual y de grupo, nos han educado en ella, y votaremos a aquellos que perpetúen el bienestar, el status quo, que son defensores y colegas de los actores codiciosos del sistema. EL SISTEMA ES EL PROBLEMA, un mundo de yupis y de vampiros.

Pero, entonces… ¿Qué hacer?

Sociológicamente se entiende que en los grupos siempre existe tres subgrupos, uno lo definimos como el motor, el que tira de todos y va marcando los objetivos, la marcha del colectivo, el dirigente; otro lo forma la gran masa, la mayoría del grupo matriz, los que se dejan llevar y apoyan a uno y otro en función de sus intereses, pero que no se pringan; finalmente está el grupo freno, el opositor, el que tiene otras ideas y alternativas, esa minoría concienciada que tira del carro en sentido contrario para evitar que se sigan cometiendo los errores, según ellos.

En este caso el grupo dirigente o motor, en términos generales, está montado y llevado por la codicia. El grupo freno, o alternativa, deberá dejar bien claro esta situación para que la masa tome conciencia de ella y deje de apoyar al llamado motor, buscando la alternancia o el cambio de objetivos.

Si estamos instalados en la codicia, habrá que potenciar la generosidad, como oponente, para hacer correr la situación sobre la línea que les comunica en ese continuo al que ya me referí, desde un extremo al otro. Esa generosidad basada en un sentido de la justicia diferente al desarrollado por esta sociedad injusta y codiciosa. Pero eso significa hacer temblar los cimientos de nuestra propia cultura y entramado social, de nuestra economía, cuestionarse principios, ética, leyes, conductas, actitudes y formas de vida a los que, posiblemente, no estemos dispuestos a renunciar. En todo caso, tal vez, lo que se pretenda y sea efectivo para seguir con nuestros privilegios, sea un acto de contrición, simbólico, para limpiar nuestras conciencias y seguir en nuestras treces. Habrá que ir al confesionario para admitir las culpas, pedir la absolución y seguir luego en la brecha… ¿Os suena?

viernes, 2 de octubre de 2009

Ocurrencia 12 (Intuición)



“Intuyo que mi intuición me engaña”

Parece un planteamiento paradójico, mi intuición valorando a la propia intuición. Pero, veamos… ¿qué es la intuición? Podemos otorgar la categoría de sinónimos suyos a la corazonada, presentimiento, clarividencia, percepción, sospecha, instinto… En todo caso, para mí, la intuición es un fenómeno o proceso de razonamiento subconsciente, o inconsciente, que nos permite una opinión o visión de un asunto de forma automática. Es decir, que basándose en las experiencias habidas a lo largo de nuestra vida, sumadas al, llamemos troquelado genético, o huellas que se han ido marcando en nuestro subconsciente filogenéticamente, de generación en generación, como respuesta a las circunstancias vividas por nuestros antepasados, nos hemos dotado de una serie de principios y valores, de esquemas evaluativos, de referentes o modelos de contrastación, que definen los elementos claves que integran el proceso de razonamiento subconsciente. Es decir, que de forma automática, sin necesidad de someterse a un procedimiento de razonamiento consciente, escapa a la lógica de cualquier actuación de discernimiento controlado. Por tanto, desde un punto de vista teórico, tiene un componente de subjetividad dado que no existe la tangibilidad, o evidencia, de los elementos que la integran.

Estos son los aspecto que, bajo mi criterio, son de especial importancia en este proceso:

Lenguaje no verbal, mediante el cual y de forma automática, vamos interpretando mensajes no verbales que pueden contradecir al propio mensaje verbal. La comunicación no verbal comporta la interpretación de una serie de posturas, tonos, gestos, miradas, actos y respuestas neurofisiológicas perceptibles que dan al mensaje un valor referencial de primera magnitud. La forma de dar la mano, sostener la mirada, la sonrisa, la tensión muscular, etc… da una información que instintivamente procesamos y determina la formación de la intuición.

Las experiencias vividas a lo largo de nuestra vida, han ido definiendo qué tipo de actuaciones o conductas fijan las características de un individuo. Por tanto, cualquier rasgo que observemos en un sujeto y tenga similitud con otro que hayamos evaluado en experiencias anterior, nos llevara a aplicarlo a la situación actual con los criterios de la situación histórica. Ejemplo: Esta cara me recuerda a alguien bueno, luego este sujeto ha de ser bueno… Incluyo aquí, los prejuicios, que son aquellas opiniones o juicios que establecemos sobre algo, de acuerdo con las experiencias vividas, y que generalizando por extensión, sin criterios selectivos, a otras situaciones similares.

La disponibilidad o necesidad interna de relación. En un momento dado estamos en disposición de establecer determinados tipos de relación, bien sea social, profesional o amorosa, por lo que buscaremos, en los sujetos, las características que potencien o faciliten ese tipo de contacto, creando de formas intuitiva opinión, percepción o sospecha, de que un determinado sujeto es el adecuado para esa relación. Un día de discoteca, con un calentón, estamos en disposición de hacer una valoración distinta de determinados sujetos en función del objetivo de la relación.

La necesidad de hipótesis. Ante cualquier circunstancia desconocida necesitamos de una hipótesis que dé una explicación al hecho en sí mismo. Es imprescindible, cognitivamente, tener una idea de qué y cuáles son las circunstancias que nos rodean, de qué tipo de sujeto es el que se nos presenta... Este tipo, o circunstancia, me dio mala espina, mi instinto me dice que no es buena gente… Habrá que confirmarlo.

Situación expectante. Es el estado de expectación que se crea ante algo nuevo y desconocido. Establecida la hipótesis hemos de confirmarla y ello nos lleva a disponernos analizar toda circunstancia o hecho que pueda acarrear información que nos permita esa contrastación, por lo que mantenemos la atención de forma sistemática, hasta que nos demos por satisfechos con la opinión que hemos elaborado sobre el sujeto.

El miedo reflejo. Es esa aprensión o desasosiego que se da de forma automática en los seres humanos, en relación a situaciones, escenarios o elementos que se nos presentan e hinca sus raíces en la noche de los tiempos. Miedo a las serpientes, a la oscuridad, a los espíritus, a lo desconocido… miedo incontrolado.

Posibles variables desconocidas. Es un saco hipotético donde meto supuestos que me afloran de forma “intuitiva”, como pueden ser la valoración por asonancia energética, el fenómeno al que llamamos química entre dos sujetos, el flechazo, etc. Hago referencia a la percepción de fenómenos diversos, de los que no tenemos constancia o evidencia científica, pero que pudieran condicionar la elaboración inconsciente del juicio u opinión. Es una puerta abierta a lo desconocido, a la hipersensibilidad, a la supuesta energía cósmica, etc. Es la licencia del agnóstico que no cree hasta que no se lo demuestran, pero que no deja de creer en la posibilidad de que exista…

Esto es, a modo de resumen, una reflexión sobre el tema. Estoy convencido que se han quedado cosas en el tintero y puede que en los comentarios aparezcan otros elementos que yo no he considerado.

Por tanto, la intuición es una elaboración inconsciente, basada en las variables descritas, que se escapa a nuestro control. Pero como la dinámica de la propia evolución social es tan activa, nos podemos encontrar con que los parámetros con los que se está valorando sean obsoletos, estén fuera de lugar y no se puedan aplicar a las circunstancias actuales, con lo que mi intuición me estaría engañando. Por eso digo: “Intuyo que mi intuición me engaña…” y, considerando lo que dicta el corazón, acabo intentando comprenderlo con la mente y la razón.