domingo, 27 de septiembre de 2009

Ocurrencia 11 (Los tres verbos mágicos)


Saber, querer y poder…. He aquí los tres verbos que han de concurrir obligatoriamente en todo acto humano. Si sabemos, queremos y podemos tenemos garantizado el hecho pretendido.

1. Saber consiste en tener los conocimientos necesarios sobre las técnicas y actividades a realizar para conseguir el objetivo.

2. Querer es un acto de voluntad, de motivación, que incita a hacer, a ejecutar, lo que pretendemos.

3. Poder implica poseer los recursos necesarios para su ejecución, la fuerza directa o los instrumentos que nos la proporcionen.

No basta con saber y querer si no puedes. No basta con saber y poder si no quieres. No basta con querer y poder si no sabes. Los tres se han de dar al unísono, a la vez, para poder ejecutar el propósito o la acción.

Por ello, cuando queremos hacer algo, es bueno ver donde está el déficit para ejecutarlo y cultivar la parte que corresponde a ese verbo, a fin de lograr el objetivo.


jueves, 24 de septiembre de 2009

El Otoño


Hastiado y apático, carente de ideas, la mente cerrada, sin creatividad, me siento inseguro, ausente, sin ganas de nada. Decido escribir y me pongo a ello delante de mi ordenador. Pensamiento lento… ¿será bradipsiquia? Intento buscar argumento, tema o alguna cuestión. Por más que doy vueltas me siento carente de la inspiración y sigo pensando que quiero colgar algo nuevo en mi blog.

De golpe la brisa llama a mi ventana. Al mirar por ella me voy sorprendiendo de que el gris suave se ha tornado en otro plomizo de aspecto otoñal. El otoño me invita a dar un paseo y le hago caso. Me arreglo y dispongo a dar una vuelta, a pasear un rato a orilla del mar. Las olas me reciben danzando su ritmo cansino, la brisa me halaga a la par que acaricia mi tez.

Un gran grupo revuela a mi lado, son las gaviotas que buscan pescado en el mar. Levantan el vuelo y luego, cuando ya han localizado su presa, se lanzan en picado en busca del pobre elegido sacando un nutriente botín. Cantan su triunfo y todas, al unísono, van cacareando en un torbellino de vuelos rasantes que dan impresión.

En el horizonte se pierde la imagen del agua. El día está claro en la superficie. El mar, disociado del cielo en nítida línea, resiste el envite del cambio y sigue aferrado al verano. El cielo, como sumo sacerdote de la ceremonia, marca con las nubes su estampa otoñal. Cúmulos y nimbos bullen en el aire como un estandarte de perturbación. Una leve promesa de lluvia parecen mostrar. Ostentan la fuerza del viento que, a galope tendido, les va paseando en exhibición.

El tiempo ha cambiado, la brisa molesta si no vas cubierto, la humedad se siente. En el parque próximo, el verde luminoso de las hojas, va tornando en amarillento, amarronado, y se mueven temblorosas, con miedo, sabiendo que el viento las arrebatará de su tallo, donde se nutrieron, arrojándolas al suelo dejando la rama desnuda, en letargo, hasta la primavera en que cobre fuerza para eclosionar.

El otoño es triste, como la vejez, todo se retrae y adormece. Se pierde la fuerza vital y negros nubarrones muestran su amenaza de frío y de lluvia, de desolación. Yo me vuelvo a casa, y encendiendo el fuego me siento al calor de la chimenea. Las nubes siguen con su danza, el viento arrecia y amenaza con precipitación. Unas suaves gotas tocan la ventana como avanzadilla del gran chaparrón.

Más yo ya estoy cómodo, sentado, leyendo, pendiente del fuego, música de fondo y cambiando el chip de mi pensamiento, a la par que el equinoccio me muestra el inicio de la otra estación. Es de inteligentes adaptarse al tiempo, no llorar por lo que se ha ido, sino tener fe en lo que vendrá, en que tras el gélido invierno, florecen de nuevo las flores, brota la arboleda, anidan las aves y todo, en conjunto, vuelve a eclosionar y el ciclo de vida se vuelve a iniciar.


domingo, 20 de septiembre de 2009

¡Qué guay esto de Internet!



Hace un año aproximadamente, hice un montaje en pps con fotos nocturnas de Málaga, música de Nana Mouskouri (Malagueña Salerosa) y un poema a mi ciudad, que colgué también en este blog. Al final puse la dirección de mi e-mail. Desde entonces he recibido correos felicitándome por el montaje y he establecido relación por esa vía con gente estupenda de América y Europa.

La pasada semana me llamó Richard, ciudadano de EEUU residente en Pensilvania, casado con Conchita, española, con los que había contactado por este medio. Estaban en Granada y venían a Málaga. Al fin nos conoceríamos personalmente. Buscamos hotel y nos encontramos allí. No fue difícil identificarnos. Venían acompañados de Fran y de Eva, puertorriqueños amigos de ellos, con los que viajaban por Europa, bajo mi punto de vista a un ritmo trepidante.

Espléndida noche pasamos. Con ellos y mi esposa formamos un grupo para visitar la ciudad y disfrutar de sus encantos, incluido el yantar y beber. Comimos jamón pata negra, queso, huevos rotos y variados platos regados con buen vino (incluido algún rebujito), probaron los excelentes helados de Casa Mira y acabamos tomando un té en San Agustín, junto al museo Picasso.

Maravillosa temperatura, la ciudad monumentalmente iluminada, catedral, alcazaba, teatro romano, plaza de la Merced, plaza de la Constitución, calle Larios, etc. plácido paseo a deshoras de la noche entre las calles y callejas del centro, con las terrazas de los bares llenas de gente ociosa y disfrutona de la noche malagueña.

Yo me felicito de haber descubierto, por esta vía, cuatro excelentes personas y amigos. Todo lo que sea romper fronteras en aras de la amistad es positivo y Málaga, cosmopolita cargada de hospitalidad, es un marco ideal de encuentro.

Por eso os digo: ¡Qué guay es Internet! Y aprovecho para mandar un saludo a mis amigos allende el Atlántico. Gracias Richard, Conchita, Eva y Fran, por vuestra visita.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cerrando el tema...


El pasado julio empecé una serie de escritos en mi blog sobre el tema del amor y la relación de pareja, se trata de tres poemas, cuatro reflexiones, un relato en dos partes y la última incitación a la reflexión como respuesta a las catorce preguntas que planteo:

Hoy te he visto: 9 de julio
Y después… desamor: 12 julio
Frases para la reflexión y soneto de amor: 15 julio
La relación amorosa según una interpretación libre de la pirámide de Maslow: 18 julio
La teoría de con-juntos en la relación de pareja: 21 julio
La perspectiva mercantilista del amor: 27 julio
La berrea (I): 31 julio
La berrea (II): 2 agosto
Otra visión del asunto: 5 agosto
Delirio de amor: 14 septiembre

Dejo en el tintero, para no ser pesado, pues me da la sensación de que me estoy pasando diez pueblos con el tema, un análisis sobre cómo podemos entender la relación en base a las teorías del análisis transaccional y una reflexión sobre “la casa de mi corazón” en plan símil explicativo de la cobertura de nuestras necesidades relacionales . En otro momento, cuando la saturación desaparezca, si no se me va el santo al cielo, me plantearé colgarlas.

Han sido, prácticamente, dos meses y un verdadero placer contar con los comentarios de todos y cada una de las personas que se han dignado participar y aportar su granito de arena a la comprensión del complejo fenómeno de la interrelación humana, pero fundamentada en la pareja y su relación afectiva. Lo considero un fenómeno tan abierto que, su conceptualización, permite conjugar pensamientos, sentimientos, emociones, expectativas, percepciones, sensaciones, intuiciones, juicios, conjeturas, creencias, etc… en consonancia con nuestras vivencias y experiencias propias o vicarias.

Ello nos permite un caleidoscopio de visión heterogénea, donde cada cara del prisma arroja una tonalidad, un color y una visión singular. Es decir que cada uno de nosotros estamos condicionados por nuestra personalidad, historia y entorno cultural para emitir un juicio y que, al ser tan complejo el asunto y resultante de tantas variables, podemos divergir desde la sana discrepancia, o converger en nuestras opiniones. En todo caso, he pretendido hacer un razonamiento interno y compartirlo, a fin de conseguir un debate y despertar en cada cual el interés por los mecanismos que rigen, o pueden regir, este tipo de relación. Evidentemente, todas las opiniones tienen, para mí, el mismo nivel de respetabilidad, pudiéndome identificar con una u otra, estar de acuerdo o desacuerdo, pero lo importante es que las reflexiones personales sean clarificadoras y que nos ayuden a entender el fenómeno, sus trampas y sus bondades.

De la relación amorosa se pueden desprender conductas aberrantes, de sumisión, dictatoriales, sadomasoquistas, incluso justificadoras de los malos tratos y de la violencia de género; la cuestión es cómo se viven estas situaciones y cuales son los mecanismos para escapar de ellas, cómo determinadas culturas potencian y avalan conductas que otras culturas identifican como perversas.

Pero, lo importantes es entender y potenciar los mecanismos que nos alejen de estas y nos acerquen a las otras conductas, las constructivas, positivas, las de cooperación y encuentro, las que ayudan a crecer a ambos cogidos de la mano, las que dan estabilidad emocional para vivir en desarrollo e igualdad. En todo caso, depende de la gestión que hagamos del periodo de enamoramiento, orientaremos nuestra relación final hacia el amor en libre compromiso o a la dependencia o imposición irracional del uno sobre el otro. El contrato que, tácitamente, se va estableciendo, día a día en la convivencia cotidiana, ese contrato no escrito, pero que establece conductas en función de los afectos y desafectos que se generan, es el que definirá nuestra relación, en forma y fondo, hacia la satisfacción o hacia la frustración y el desengaño.

El enamoramiento es un periodo de fantasía, ilusión, embeleso, arrebato, enajenación, encanto, embrujo, éxtasis…una esperanza de futuro rayando en la utopía… sucumbir a un flechazo de cupido de forma incomprensible, con cierta dosis de irresponsabilidad al escapar al control de nuestra propia conciencia. Un sentimiento indescriptible que nos eleva por encima de cualquier otra vivencia del entorno, nos ocupa y arrebata el pensamiento, el sueño y nos vuelca en la obsesión. Yo creo que es la situación ideal para hacer crecer y forjar un amor duradero, nos sitúa en una excelente disposición de partida para el entendimiento mutuo, para la gestión de una buena relación, como ya he reflejado anteriormente; porque enamorarse no es amar, tiene, bajo mi punto de vista, más relación con el desear y el querer, y amar es mucho más que todo eso.

Me permito trascribir un comentario que dejé en el blog de Isabel Miralles, con su permiso:

¿Y si amar fuera procurar, ayudar y acompañar al otro a ser cada día más libre, más adulto, más persona, a alcanzar la autorrealización personal y, en ese tránsito, beber de esa misma fuente, compartir las experiencias, y crecer en compañía intercambiando ideas, pensamientos y vivencias, objetivando el común desarrollo como personas…? Es decir: “te amo y por eso quiero que ante todo seas tú, aunque el resultado no sea el que más me interese a mí, sabiendo que si tu creces yo crezco y tu desarrollo es el mío, siempre que seamos capaces de intercambiar y compartir las energías que nos hacen crecer y mantengamos la evolución paralela y/o convergente”.

Yo diferencio entre querer y amar. Querer es necesitar y conlleva cierta dosis de egoísmo y posesión… Amar es comprender, respetar, compartir el crecimiento en régimen de igualdad… La cuestión está en que ambos aspectos se dan en la relación y se ha de conjugar y gestionar esa cohabitación.

Cada uno tenemos una misión en este mundo y esta es el autodesarrollo, la realización personal, desenrollar la espiral del potencial con que la naturaleza nos ha dotado.

Finalmente, creo que hay que procurar no dejar las cosas del amor en manos exclusivamente del corazón, como dice Javier de las Heras en un excelente artículo que os incito a leer y que considero muy interesante como completo a todo lo que hemos venido tratando sobre el enamoramiento. Lo podéis visitar en:
http://www.fluvium.org/textos/familia/fam433.htm

lunes, 14 de septiembre de 2009

DELIRIO DE AMOR


Siguiendo con mis dudas, las dejaré en estas catorce preguntas que me hago:

1 ¿Nos enamoramos solo cuando estamos en disposición de hacerlo, cuando estamos receptivos y no antes?

2 ¿Qué papel juega nuestro sistema endocrino, y el propio progreso evolutivo, en este proceso de disposición o preparación para entrar en la fase receptiva?

3 ¿Si estamos receptivos, estamos abiertos a cubrir de virtudes al primero que se presente, dentro de unos límites razonables, y enamorarnos?

4 ¿El mensaje genético es que, el o la elegido/a, ha de ser la mejor opción dentro de nuestras posibilidades para avalar la perpetuación de la especie con garantía?

5 ¿Necesitamos otorgar al enamorado valores y atributos que satisfagan y justifiquen nuestra elección para no crear disonancia cognitiva, conflictos internos y reafirmarnos?

6 ¿Siempre engaña, o intenta hacerlo, el seductor cuando alardea de sus competencias y valores de forma exagerada y, a veces, falaz?

7 ¿Conlleva, por tanto, el proceso de enamoramiento, un intento consciente o inconsciente, de engañar a la otra persona mostrando la parte positiva de uno y obviando la negativa?

8 ¿Cómo podemos pensar que un solo sujeto es capaz de cubrir todas nuestras necesidades de relación y llegamos a renunciar a los demás, o a sacrificarlos, si él nos lo exige?

9 ¿El miedo al rechazo hace que no optemos a aquellas personas que consideramos inalcanzables y las suplamos por gente mediocre, o en nuestra línea, a la que maximizaremos sus virtudes para que sean las óptimas?

10 Si definimos las ideas delirantes como las creencias falsas sobre la realidad externa, basadas en inferencias incorrectas, que se sostienen firmemente a pesar de que los demás estén en desacuerdo y se obtengan pruebas y evidencias indiscutibles en su contra, ¿entenderemos que el enamoramiento está cargado de ideas delirantes?

11 ¿Es el enamoramiento, por tanto, un delirio irreductible a la argumentación lógica?

12 ¿La naturaleza ha creado el enamoramiento para que los seres inteligentes tenga la oportunidad de forjar lazos o nexos sólidos y duraderos, entre ellos, desde una predisposición de receptividad mutua, antes de que se desmonte el delirio amoroso?

13 ¿Es compatible, racionalmente, el enamoramiento con la madurez psicológica?

14 La pregunta del millón… ¿Qué es para cada uno de nosotros enamorarse?

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No sé, puede que la pregunta del millón sea la nº 13.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Ocurrencia 10 (La Duda)


“La duda es la madre del conocimiento”

Si no dudas, si no te preguntas y buscas respuestas no creces. Si no dudas te estancas porque ya crees que lo sabes todo. Aunque creas que ya has llegado a la verdad, aunque creas que el recorrido del camino terminó, piensa que tu conocimiento y tu capacidad son limitados y no abarcan el todo, que después de esto hay algo más, algo que posiblemente no has llegado a comprender aún, porque tus conocimientos no se han dispuesto para ello, no han creado la estructura que pueda soportar ese conocimiento.

Existe, pues, la duda estéril y la fecunda. La duda estéril es aquella que no se pregunta y, si lo hace, no busca respuesta, es conformista, se da por satisfecha con lo conocido, con lo cotidiano y desaparece. La fecunda se siente preñada por la pregunta, se cuestiona y busca respuestas hasta satisfacer su curiosidad y resolver el enigma. La fecunda tiene conciencia de que solo progresa si resuelve la duda, para encontrar otra duda al la vuelta de la esquina, otra ventana abierta desde donde mirar el mundo.

Las verdades incuestionables nos atrapan y condicionan la evolución, nos postran ante otros que se definen poseedores de la verdad absoluta y nos lo creemos y caemos en sus garras, bajo su poder y voluntad, que no es otra que limitar nuestro conocimiento y crecimiento para que ellos se sientan grandes comparativamente y se crean con el derecho a pensar por nosotros… si acaso, son creadores de dudas estériles que mueren en el acto.

¡Pan y circo al pueblo para que no piense!

No sé, puede que lo que digo no sea del todo cierto, pues mi conocimiento es limitado… a lo mejor las cosas son de otra forma…pero ahora lo veo así.

“Dudo, luego existo en desarrollo”

martes, 8 de septiembre de 2009

¿Somos ciclotímicos?




¿Somos ciclotímicos? Entendiendo por tal la variabilidad del estado de ánimo que oscila de un lado a otro, de la euforia a la tristeza, en ciclos o momentos de mayor o menor duración. Nuestro ánimo es variable en función de múltiples causas, estímulos y vivencias que vamos computando en nuestro coco y que nos llevan a la génesis de las emociones, que son la madre de nuestro estado anímico.

Permitidme un símil informático y de computación o procesamiento de datos. Todo ello depende del “hardware”, que sería nuestra estructura física, sobre todo cerebral, producto del aporte y calidad genético que sustenta, entre otros, nuestro nivel de inteligencia y los procesos metabólicos, fisiológicos y los sentidos de la percepción por los que nos entra la información mediante los estímulos sensoriales; y del “software”, que viene a integrar los programas de computación y procesamiento de datos que se nos han ido instalando a lo largo del proceso de educación y maduración.

Por tanto, el “hardware” está relacionado con nuestra estructura física y el “software” con nuestra personalidad y características psicológicas. La cuestión está en que el “hardware” es relativamente azaroso al estar condicionado por la suerte, puesto que un espermatozoide determinado es el que llega antes a fecundar el óvulo, mientras que los demás se quedan a dos velas y tirados en la puerta. Si bien esa carrera está para seleccionar al mejor, no es siempre así y puede ser cualquiera de ellos el ganador. Eso sin contar el estado del sujeto emisor (padre en potencia) en el momento de su producción y la calidad del producto que eyacula. Sin embargo, los esquemas educacionales o “software” sí son previsibles y se van instalando progresivamente en el sujeto desde su más tierna infancia, en función de la cultura imperante en esa sociedad. Las técnicas de razonamiento, la capacidad de observación, los sistemas de afrontamiento, la calidad de las inferencias y el discernimiento, el conocimiento y entendimiento de las ideas y de las materias que conforman la ciencia y el saber humano, etc. dan al sujeto el soporte para desarrollar el proceso de computación con mayor o menor garantía de éxito.

El aprendizaje vicario y modelado tiene una especial importancia en el establecimiento de conductas. Los niños suelen aprender de los mayores y estos transmiten, mediante el proceso de socialización, mucha información sobre los comportamientos socialmente aceptables y cuales son reprobables. Pero también generan angustia e inseguridad haciendo que nos preguntemos continuamente si es adecuada o no la respuesta que emitimos. ¿Está bien o no está bien? ¿He fallado o no he fallado? ¿Sirvo o no sirvo? ¿Me aceptan o no me aceptan? Por un lado: ¡Dios, qué éxito! Soy cojonudo… por otro: ¡Vaya por Dios! No valgo para nada…nada me sale bien…Si a ello le sumamos el sentimiento de culpa que se nos instaura desde pequeños cuando fallamos, tenemos servido el cultivo de la variabilidad de nuestro estado de ánimo.

Pues bien, entendemos que el funcionamiento de un “software” tiene una orientación lineal, causa efecto, podemos decir que es unicausal, mientras que el sistema de computación humano es más complejo, sistémico, diríamos que es pluricausal. La pluricausalidad es de difícil computación y suele generar inseguridad, dando una serie de alternativas de solución que nos obliga a elegir la más adecuada, dejando las otras fuera. Eso nos lleva a establecer que nadie puede garantizar que el resultado de la computación es el más adecuado y veraz, sobre todo porque entran en juego las emociones, con su poder desestabilizador, apartándonos, o complicando, el razonamiento lógico, además de la inseguridad sobre si valoramos adecuadamente todas y cada una de las causas y estímulos que se nos presentaron. Por tanto, crea la duda y, la duda, que es la madre del conocimiento, también lo es de nuestras emociones y, por ende, del estado de ánimo.

Por tanto, en una duda permanente y oscilante entre la satisfacción por el acierto y el desencanto por el error, solo cabe que nuestro estado de ánimo le acompañe en el trayecto. Así pues, queridos amigos y amigas, estamos condenados a ser ciclotímicos en mayor o menor medida en tanto que estemos más o menos satisfechos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Al menos eso pienso yo…

Ando yo estos días con un estado de ánimo bajo, tendré que ver las causas y buscar soluciones… Puede que el "hardware" esté deteriorándose con la edad y el uso e, incluso, que el "software" no haya actualizado los programas; que tenga un virus, un gusano o similar, que no permita su normal y adecuado funcionamiento.